jueves, 22 de febrero de 2018

Para qué vivir a medias

Tengo montones de frases anotadas en papeles que me encuentro en los lugares más insospechados de mi casa. Algunas de ellas han inspirado artículos, y otras terminaron entre los párrafos de un relato o de un libro. Fueron el comienzo de aquella historia, o puede que su final. Y ayer, mientras buscaba algo que no recuerdo en uno de los cajones en los que nada encuentro, apareció una de estas frases escrita en el dorso de un recibo: Para qué vivir a medias.
No es una de mis favoritas, no siempre estoy inspirada, pero algunas palabras solamente llegan para dibujar un norte en mi horizonte cuando ando algo perdida.

Para qué vivir a medias, me pregunto ahora en voz alta. Si esto no es un ensayo y estamos jugando nuestra partida definitiva, para qué vivir a medias. Si esto no consiste en practicar y entrenarnos para lucirnos en una próxima vida.

Para qué vivir a medias, si este ahora pasará de inmediato. Mucho antes de lo que creemos. Y el aire arrastrará nuestras cenizas sin pedir permiso a nadie. De aquí saltaremos a la eternidad. Fin.

Y no existe ningún camino de vuelta al punto de partida.

Y los podría y los debería se van pudriendo en las maletas que olvidamos en un rincón oscuro de nuestra inocencia. Entre los sueños imposibles y las ilusiones decepcionadas.

Para qué vivir a medias si cada vez que el maldito mañana intenta conquistar nuestro presente nada hacemos para evitarlo. Y nos quedamos pasmados, apoltronados en nuestra inofensiva rutina e ignoramos que la vida es hoy. Retamos a nuestro futuro inmediato, que suelta una carcajada ante nuestra chulería y que termina salpicando nuestro orgullo. No te levantas, quieres hacerlo, pero casi siempre encuentras una excusa perfecta. Y así pasamos los días. Viviendo a medias. Para qué, me pregunta este trozo de papel arrugado. Para qué vivir a medias.

Para qué perder el tiempo luchando en una batalla que quizá perdamos... Para qué robar un beso. O ver pasar una sonrisa de largo. Para qué desfilar impasibles frente al atardecer y correr hacia el lugar equivocado.

Para qué huir y soltar en cualquier agujero la pasión perdida. Para qué rendirnos. Ya mañana, si eso, lo vamos viendo.

Somos cobardes, a medias. Y valientes, a medias.
Y un día nos damos cuenta de que la despedida llegó antes de la cuenta.
Para qué guardarnos las palabras que mañana, quizás, ya no recuerden sus letras. Para qué silenciar un te quiero o un hasta nunca.

Gritemos nuestra alegría y escupamos la rabia que nos contamina y nos ciega.
Hagamos lo que nos plazca.
Riamos o lloremos.
Brindemos o callemos.
Pero para qué vivir a medias si nadie, nunca, regresó para la segunda parte. Si vivimos en un tiempo de descuento que se alarga generoso. Y sabemos que hay millones de planes enterrados en el cementerio de los que se conformaron viviendo a medias.

7 comentarios:

  1. Ya tengo un favorito. Me has dejado clavado en el sitio.

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  2. Qué talento para removernos por dentro. Gracias.
    L. P.

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  3. Aquí llego para debatir, estimada Laura.

    Está bien eso de intentar llevar a cabo esas cosas que, de buena fe y sabiendo que no son sueños imposibles y bastante descabellados, podemos cumplir sin fastidiar a nadie y disfrutando nosotros mismos de ello. Pero me temo que en muchas ocasiones, cuando se habla de "vivir el momento", "perseguir nuestros sueños", "hacer caso a nuestro corazón", algunas personas (tal vez muchas. No sé) que llevan una vida sencilla, tranquila, equilibrada, sin excesivos y complejos problemas y sin tener grandes anhelos de hacer cosas especialmente complicadas, se preguntan a sí mismas si sus existencias estarán siendo absurdas por no plantearse este tipo de cosas que, por tanto como se habla de ello en distintos medios, parecen ocupar las mentes y corazones de la mayoría de sus congéneres.

    Parece que, hoy en día, si uno no ansía viajar por el mundo entero, hacer algún salto en paracaídas, pisar alguna cumbre elevada, encontrar el amor perfecto (tras catar unas decenas de amantes imperfectos), militar en alguna causa solidaria que sacará al mundo del marasmo en el que supuestamente está... Parece que, si todas o alguna de esas cosas no están en tu agenda, tu vida no tiene sentido alguno. Me temo que, si tal es el caso, mi vida es un absurdo de dimensiones astronómicas. Hace tiempo, no mucho, que llegué a un estado de tranquilidad y sosiego (con algún que otro sobresalto y sabiendo que los problemas llegarán en algún momento) que supongo que para muchos es equiparable a un "no vivir" o a un "vegetar", pero reconozco que no cambio (de momento) mi "vegetación" por la "apasionada vida" de otros que no tienen tiempo de echar una siesta o dar un tranquilo paseo (aunque sea trotando con mis nuevas y blanditas zapatillas de deporte).

    ¡Cómo me gusta enrollarme!

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    1. Hola Pablo. Me encanta que te enrolles porque siempre tienes algo interesante que decir. Y parece que cuando estás en desacuerdo conmigo siempre te doy la razón. Pero es que yo aquí soy tan espectadora como tú, la única diferencia es que yo soy la responsable de ordenar las palabras en un folio y por ello me convierto en el centro de la diana. Asumido está. Sé que no todo el mundo sueña con una vida de pasión desmedida, cosa de la que me alegro porque esto sería caótico si así sucediera. Y lo que nos diferencia del resto es cómo vemos las cosas y cómo vivimos los días. Hoy pongo esta reflexión, otras veces he escrito lo contrario... Pero si por algo lo hago es para que de alguna manera, entre unos y otros, mis palabras enciendan el rincón oscuro de alguna persona. Eso es todo. ¿Eso es todo?
      Gracias. Una vez más.

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