jueves, 20 de julio de 2017

La estupidez humana

No pongáis mucho empeño en intentar conseguir algo si no tenéis muy claro que realmente lo queréis, porque luego lo lográis y llegan los sustos y sus lamentos. Los dramas. El fin del mundo. No bromeo, de un tiempo a esta parte me he visto rodeada de personas con el mismo discurso: Quiero, quiero, quiero. Y una vez lo consiguen. Bueno, tampoco lo quería tanto. ¿Conocéis al niño que quería el helado de tres bolas? Aquel que insistía e insistía hasta dañar el tímpano de todo el que estuviera cerca y que, una vez conquistada la paciencia del padre, dio un par de lametazos y abandonó el trofeo derretido encima de un plato? Pues eso mismo. El chavalín quería lograr su antojo y aún no tenía edad para comprender que el capricho es, en muchas ocasiones, un invento de la falsa necesidad.


Cada vez soporto menos la estupidez humana y, lo que es peor, cada día que pasa veo más estupidez humana a mi alrededor. Creía que con el paso de los años uno aprendía a dar importancia a lo importante y, por otro lado, a ignorar lo absurdo. Pero cada vez que veo un gesto estúpido o una palabra sobrante me dan ganas de levantarme y decir: ¿Pero estáis de coña? Vale ya de tanta estupidez, ¡caramba! 

La estupidez humana llega de la mano de la falta de valores. Esta es mi sentencia.
Damos tanta importancia a lo material, a las necesidades vacías, a los bolsos y a los vestidos de moda. Nos preocupamos tanto por llevar las mechas californianas, jamaicanas o segovianas, y por saber si esta minifalda es machista o feminista, que en este follón y en este quiero quererlo todo, tan descontrolado, estamos empezando a olvidarnos de las personas que nos rodean. Y nos estamos olvidando sobre todo de que si nosotros estamos vacíos perderemos el rumbo, y pocos veleros podremos guiar. Colocamos los teléfonos móviles en el centro de una conversación porque sí, ya lo sé, precisamente hoy, justo en este día en el que vamos a compartir por fin mesa y conversación, estás esperando la llamada más importante de tu vida...
De verdad os lo digo, a ver si nos centramos de una vez. Tenemos que empezar a abrazar más. Y ahora, al leer esta frase os reís, y comentáis que si estoy fumada y que si esto es una ridiculez y bla, bla. Vale, muy bien. Nací fumada, aquí tenéis vuestra respuesta. Pero yo os digo esto desde el cariño y desde el lugar en el que estoy, porque perdonad mi imbecilidad, pero me siento en la obligación de hacerlo. De nada sirve hablar y no hacer. Y cada cual es responsable de hacer lo que pueda, lo que sepa o lo que quiera. Yo escribo y abrazo, es todo lo que tengo, así que cumplo con mi parte.

Dejemos de creer que lo más importante en esta vida son todas esas cosas sin alma que se amontonan en los rincones de una casa que ya ni siquiera es hogar. Abandonemos los disfraces que sólo nos ayudan a encajar en un mundo que no nos gusta. Seamos más de verdad. Y no pongamos tanto empeño en conseguir algo si realmente no lo queremos, porque sólo perderemos el tiempo. Y eso, os adelanto, es lo único que os ganará esta partida. El tiempo nunca pierde y, además, tampoco ofrece revanchas. 

2 comentarios:

  1. La estupidez es la esencia del ser humano. Unos se dan cuenta de las memeces que hacen y tratan de dejar de hacerlas o, si no lo pueden evitar, por lo menos no sienten orgullo de sus actos estultos. Otros, sin embargo, se empeñan en hacer crecer el tamaño de sus sandeces porque piensan que son cosas dignas de enorgullecerse.

    La estupidez no es buena ni mala, bastaría con saber identificarla. Si uno hace idioteces de modo consciente y sin ocultarlas tras un manto de trascendencia, la cosa puede resultar incluso divertida, pero no aguanto a esas personas que se empeñan en hacer aparecer como vitales cosas que son, en el mejor de los casos, completas necedades.

    En el mundo laboral veo a diario gente que aparenta estar orgullosa de sus logros que no van más allá de asistir a diez reuniones inútiles al día en las que asienten a todo lo que dicen otros (aunque sean cosas opuestas y contradictorias).

    Del mundo de la política qué vamos a decir... Hay personas encantadas de haber descubierto el modo de enfrentar a gente que convivía pacíficamente hasta que llegaron ellos con sus estúpidas ideas disfrazadas en discursos vacuos (y "paritarios" o "identitarios", eso sí). Otros están orgullosos de inventar fronteras que no existían (no se habrán enterado de que la humanidad progresa tanto más cuantas menos desigualdades y más libertad de movimiento hay para la gente).

    Y, tras esta crítica a la estupidez, no me queda más remedio que reconocer que yo no me quedo corto en el ejercicio del arte de la idiocia.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. "Si uno hace idioteces de modo consciente y sin ocultarlas tras un manto de trascendencia, la cosa puede resultar incluso divertida"... Pablo, qué alegría leerte y, como siempre, qué acertado estás. No puedo estar más de acuerdo contigo, yo soy de las que hace estupideces conscientemente, y no alardeo de ello, pero tampoco alardeo de estar en lo cierto... Las hago y me rio de mi sombra.
      Bueno. Feliz verano. Te mando un abrazo, no muy fuerte que con este calor... No hagamos estupideces ;)

      Eliminar