viernes, 12 de mayo de 2017

España, con lo que yo te quiero

Ayer vi un vídeo en el que nuestra Lola de España, con un arte que, como dirían por su tierra, no se puede aguantar, criticaba con la vehemencia del líder rabioso, el trato que le damos a lo nuestro en este país. “¿Por qué lo nuestro tiene que ser siempre lo peor?,” se preguntaba a voz en grito alzando la larga uña roja de su dedo índice. Vi el vídeo hasta tres veces seguidas. Y es que de esta mujer no se empacha uno.
Qué razón tenía usted, maestra. Qué poco nos gusta lo nuestro y cómo nos gusta insultarnos entre nosotros. Eso sí, que no vengan un inglés o un francés a criticarnos porque, aparte de inventar un chiste en un santiamén, nos ponemos bravucones cual Lola Flores, y empezamos a taconear de rabia. No me des las palmas, no me des las palmas…

Yo soy viajera, viajante y azafata. Así que un poco de mundo he visto. Me gustan otros países, me fascinan otras ciudades y me entusiasma descubrir lugares nuevos. Pero, lo siento mucho, por muchos escenarios cinematográficos o literarios por los que haya paseado, nada como este país en el que vivimos. No es necesario alzar los brazos al cielo al grito de Yo soy español, español, español… (esta cancioncilla no es el mejor ejemplo de nuestro arte, lo sé). Tampoco tenemos que saltar como borriquitos mientras ondeamos una bandera que, en caso de llevar en una pulsera o en la pegatina de una coche, nos colocaría en el fascista grupo de los fachas. ¡Inconscientes! ¡Radicales! ¡Casposos!
En fin.

Imagino que, como yo, ustedes también tendrán amigos y familiares expatriados o que simplemente decidieron irse lejos de casa para conseguir un futuro mejor. La melodía del anuncio de turrones nunca se ha visto en otra igual. Todos vuelven a casa por Navidad y las reuniones familiares son más emotivas que nunca al recibir al hijo pródigo o al mochilero que da la vuelta al mundo en bici, en moto o en barco. Que esta es otra moda de la que ya hablaremos y de la que, dicho sea de paso, soy muy fan. Sabrán ustedes entonces que lo primero que hace la gran mayoría al llegar al aeropuerto, es ir directo al bar de toda la vida (los bares son patrimonio de España), desayunar churros con chocolate, comer tortilla de patata, croquetas, la paella de su madre o el cocido, son tantos los platos y tan pocos los días... Reunirse con los amigos de toda la vida, y beber copas de verdad, con el hielo gordo modelo iceberg. Salir a la calle, uno de nuestros entretenimientos favoritos, y dormir lo justo para no perderse nada. Sentirse español no significa cantar el Cara al sol, que no todo tiene que ver con la política, por favor. No seamos catetos. Aplaudamos lo que es nuestro. Sintámonos orgullosos.

En algunas películas hay escenarios de cartón maravillosos, ciudades inventadas que casualmente nosotros tenemos de verdad, de norte a sur y de este a oeste, repartidas todas ellas por cada rincón. Costas y mares idílicos e inhóspitos paisajes. Artistas, escritores -hola- Premios Nobel, cine, música, teatro, pintores, pinturas, pintorescos personajes, modelos, moda, deporte, deportistas, deporte, deportistas, deporte -¡ay, el bucle!- y cocineros con estrella y hasta con constelaciones. Cuidemos de lo nuestro, y dejemos de copiar, que cualquier día estamos celebrando el 4 de julio alrededor de una barbacoa. Sí, sí, ríanse… ¿Halloween? ¿Spring break? ¿Blue Monday? ¿Santa Claus? ¿Hygge? (Tengo este palabro atravesado, lo sé.) ¿WTF?

Desde aquí les animo a viajar, a descubrir y disfrutar de sus paseos alrededor del mundo. Desde la distancia todo se ve mejor y España se convertirá en su paraíso terrenal. Dejemos de hacer eso que tanto nos gusta hacer con nuestro país y con nuestros hermanos: yo puedo ponerle verde, pero ojito como alguien hable mal de él.

España, y lo digo con la mano en el pecho, es un país cojonudo. Y utilizo este calificativo sin pedir perdón, pues no conozco otra palabra que defina mejor nuestra raza, lo pongas donde lo pongas, siempre queda bien. Además aquí somos muy respetuosos con lo del género, y utilizamos ambos dos indistintamente, porque cojonudo rima con lo que ustedes quieran, con paella, con copa, con amigo, con vino, con fiesta, con tapa, con vestido, con libro, con canción, con película, con partido, con futbolista, con gol, con delantero, con portero, con equipo… Otra vez el bucle.

Por rimar, rima hasta con España. Y con Lola Flores, ¡qué caramba!

Y aquí un regalito (pinchar en imagen).



5 comentarios:

  1. Sí, señora... ¡País de acomplejados con todo lo que tenemos!

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  2. Olé y olé. Las Palmas y lo que haga falta.. ojalá este sentimiento se contagiara.

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  3. Yo no tengo claro que, de modo generalizado, reneguemos de lo nuestro en España (prefiero usar ese nombre que el de "este país" que, desde que proliferaron los nacionalismos, cayó en desuso). Pero por alguna razón, cuando se habla con otros, parece que mola ser derrotista y generalizar lo que sólo son excepciones. Me refiero a la golfería y tantas otras cosas malas que son patrimonio de unos pocos (o de muchos pero en menor escala que la de esos pocos).

    Lo que tampoco me gusta es eso del orgullo patrio. Yo diría que los orgullos no son buenos (según la RAE: "arrogancia, vanidad, exceso de estimación propia, que a veces es disimulable por nacer de causas nobles y virtuosas"). Nada es mejor o peor por ser de un país, cultura o grupo concreto, lo es porque gusta o es grato, sin provocar efectos secundarios nocivos, a muchas personas.

    Yo, que viajo poco con tendencia a nada (porque me da mucha pereza andar con maletas de aquí para allá), soy feliz en España con mi familia y amigos. Gracias a ellos me gusta España, pero si viviese en otro lugar, seguro que sería feliz en él gracias a los que allí me acompañaran (o infeliz, nunca se sabe). Es la gente que nos rodea la que hace que un sitio nos sea grato o ingrato. La paella, la tortilla, el vino, el clima, los paisajes y muchas otras cosas, son aditamentos que pueden mejorar eso que ya hacen bueno nuestros seres queridos, pero no son lo más importante. Lo curioso es que tendemos a poner por delante todo eso, que no está mal pero que, sin nadie con quien compartirlo, no tiene mucho valor (al menos eso es lo que yo pienso).

    Espero no haber aburrido mucho a los lectores con mis rollos gongorinos.

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    1. Tus rollos gongorinos son geniales. Estoy contigo, donde estén​ mi familia y mis amigos, allá me quedo. Y si es en España, mejor que mejor.
      Lo de este país lo utilizo para dejar descansar a España, que estaba muy repetida en el texto.
      Un abrazo fuerte. Siempre da gusto leerte.

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  4. Qué espectacular eres escribiendo. Qué ligereza y elegancia. Brava.

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