lunes, 10 de abril de 2017

Y Cupido colgó las alas

Hace unos días me quemé el dedo con una tostada, no con la plancha, no, sino con la propia tostada. Es algo de lo que no me siento orgullosa, pero como me sigue pareciendo tan raro, lo comparto con vosotros. Segundos después, recordé a mi abuela, porque a ella siempre se le quemaban las tostadas. Siempre. Después rascaba con un cuchillo el pan carbonizado y lo untaba con una buena capa de mantequilla, de esa que sabía a mantequilla, ¿la recordáis?
Quizá por eso escriba esto, porque el olor del pan quemado me llevó hasta su recuerdo.
A la mañana siguiente, cuando bajé a la panadería que hay debajo de casa, me quedé esperando mi turno con la mirada clavada en los estantes en los que estaban repartidos los diferentes tipos de panes que vendían. Veinte. Los conté. En ese momento una mujer pidió una de la casa, y yo me pregunté en silencio, ¿de qué casa, señora? ¿De cuál de las veinte casas quiere que le sirvan el pan?
Difícil decisión.
De vuelta a mi hogar, mientras mordisqueaba el extremo de una barra cubierta de semillas, pensaba en lo difícil que es todo hoy en día. Si hubiera una o dos cosas entre las que elegir, nuestra vida sería más fácil. Quiero pan. Veinte tipos. Quiero una serie de televisión. Ahí tienes noventa. Quiero leer. Las treinta novedades de esta semana están sobre esa mesa… Y así todo. Hasta lo de enamorarse (la de vueltas que doy para ir a lo importante, ¡caray!).

Enamorarse no consiste en un hola, qué tal, encantada. Igualmente. Me cortejas, te cortejo y cenamos. No. ¿De qué película romántica os habéis escapado? Uno se puede enamorar de mil maneras, sin darle importancia a los latidos acelerados del corazón, ni al aleteo de las mariposas estomacales. En este tiempo, uno puede encontrar el amor sin moverse de casa. Con el pijama y la mascarilla de pepino en la cara, si me apuráis. Sólo hay que buscar la app adecuada que se adapte a las necesidades de cada cual e instalarla en nuestros teléfonos ¿inteligentes? Segundos después, procederemos a escoger candidato, desplazando el dedo por la pantalla, más despacio o más deprisa, y dejándonos llevar por la foto o la frase del flechazo. Y si eres de los que está convencido de que todo el mundo miente, os aclararé que la mentira no es monopolio de los enamorados virtuales, no, se miente dentro y fuera de la pantalla. Aunque si la idea de elegir pareja online no te convence, también puedes acudir a un programa de la tele, tener una cita a ciegas e incluso casarte con un desconocido. Luna de miel incluida. Es fascinante. Lo sé. Pero es lo que hay. Y haced el favor de no suspirar por los que tienen pareja desde antes de que llegaran estas modas, ¿eh?, a ver si creéis que el tema del ligue rápido es sólo cosa de solteros… En serio, ¿de qué planeta venís?
Nos podemos enamorar de verdad o de mentira. Engañarnos, creo que se decía antes.
Durante un tiempo, yo creí que mi Cupido particular se pasaba la vida borracho, y que por eso pasaba lo que pasaba cuando apuntaba con la flecha. Ahora sé que estaba equivocada, porque lo único que le pasó a mi Cupido, fue lo mismo que a otros tantos, simplemente se rindieron y colgaron las alas. ¡Ahí os dejo chalados!, dicen que les escucharon decir.
La gente se enamora, sí. Pero sólo por un rato. Unas horas incluso. Y me parece bien, cada cual elige la barra de pan que más le gusta, y la mordisquea como le da la gana, pero qué queréis que os diga, yo sigo siendo una romántica… Sí, soy esa romántica a la que a veces critican. Esa que cree en el amor.  De qué planeta me he escapado, pensaréis vosotros ahora. Touché, contesto yo.

Hoy he regresado a la panadería. He comprado una de la casa, y me he ido más feliz que nunca, porque, a pesar de todo lo vivido, sigo creyendo en el amor de la misma manera que creía cuando era una niña, y no necesito modas que me hagan creer lo contrario. Ni semillas, ni centeno, ni olivas negras, ni cebolla… nada que condimente mi pan de la casa. Que es el que más me gusta. Ese que quemaba mi abuela cuando nos hacía tostadas.


¡Ay, la nostalgia!

3 comentarios:

  1. Jajajaja
    Qué grande eres.

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  2. Y ¿a que sabe el pan de la casa?, ¿donde lo compraste?.

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    1. Al pan de toda la vida... En la panadería de toda la vida.

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