miércoles, 14 de febrero de 2018

Y Cupido colgó las alas

Cualquier día es bueno para hablar de amor, no es necesario que sea este porque el calendario nos lo diga. Pero también podemos soplar velas cuando nos dé la gana y elegimos un día al año, ¿no? Pues eso. Hoy hablemos de amor y mañana ya volvemos a la actualidad que tanto satura y aburre, dicho sea de paso.

Enamorarse no consiste en un hola, qué tal, encantada. Igualmente. Me cortejas, te cortejo y cenamos. No. ¿De qué película romántica os habéis escapado? Uno se puede enamorar de mil maneras, sin darle importancia a los latidos acelerados del corazón, ni al aleteo de las mariposas estomacales. En este tiempo, se puede encontrar el amor sin moverse de casa. Con el pijama y con la mascarilla de pepino refrescando nuestro cutis si me apuráis. Sólo hay que buscar la app adecuada que se adapte a las necesidades de cada cual e instalarla en nuestros teléfonos inteligentes. ¿Inteligentes? 
Después de este primer paso, procederemos a escoger entre los candidatos, desplazando el dedo por la pantalla y dejándonos llevar por la foto o la frase del flechazo. Y si eres de los que está convencido de que todo el mundo miente, os aclararé que la mentira no es monopolio de los enamorados virtuales, no, se miente dentro y fuera de la pantalla. A la gente cada vez le preocupa menos ser auténtica, les va más ser lo que se lleva, lo que está de moda, ser muy top, o un crack o algo por el estilo... En fin. Hay mentiras para todos los gustos. 
Pero si la idea de elegir pareja online no te convence, también puedes acudir a un programa de la tele, tener una cita a ciegas e incluso casarte con un desconocido. Luna de miel incluida. Es fascinante. Lo sé. Pero es lo que hay. Y haced el favor de no suspirar por los que tienen pareja desde antes de que llegaran estas modas, ¿eh?, a ver si creéis que el tema del ligue rápido es sólo cosa de solteros… En serio, ¿de qué planeta venís?

Nos podemos enamorar de verdad o de mentira. Engañarnos, creo que se decía antes.
Durante un tiempo yo creí que mi Cupido particular se pasaba la vida borracho, y que por eso pasaba lo que pasaba cuando apuntaba con la flecha. Ahora sé que estaba equivocada, porque lo único que le pasó a mi Cupido, fue lo mismo que a otros tantos, simplemente se aburrió de mí y colgó las alas. ¡Ahí te dejo sufridora!, me gritó desde su barco velero. (Y cruzó la bahía.)


La gente se enamora, sí. Por unas horas o por una eternidad. Que nuestra historia romántica no haya tenido final feliz no tiene nada que ver con ellos. Celebrad San Valentín por todo lo alto, si es lo que os gusta. Llenad vuestras mesas de rosas y las paredes de corazones pintados en rojo. Pero si esta celebración os parece absurda, no la celebréis. No estáis obligados. Repito: Ninguna persona, esté o no enamorada, está obligada a celebrar el 14 de febrero. Pero dejad tranquilitos a los que sí que lo celebran. Han planificado estas horas de amor desbordado con mayor o menor acierto y tienen derecho a recibir su recompensa. Gocen ustedes. 

Hay muchas formas de celebrar el amor, y para una cosa bonita que tenemos, si nosotros no disfrutamos de su fiesta, al menos dejemos que los demás lo hagan. Que esto no va sólo del amor romántico, sino de aparcar los insultos y los odios por un ratito, y que cada uno ponga un poco de corazón en lo que hace. El mundo sería "mucho más mejor" para todos. 

Amén. Y amen, sin acento. 

2 comentarios:

  1. Sublime,magistral....No dejes nunca de escribir bella Laura!!��������

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