miércoles, 19 de abril de 2017

Obligados a ser felices.

A veces me da la sensación de que alguien ha infectado mi ordenador con un tripi. Ni virus, ni espías ni cualquier otro mal virtual, no, un tripi inyectado con un pendrive rosa. ¿Por qué?, os preguntaréis, y yo contesto: cada vez que lo enciendo y que empiezo a navegar, una frase optimista aparece cuando menos lo espero, escrita en un post-it, un muro, una hoja de papel o recostada sobre una nube esponjosa. Y no me refiero a una cita robada o atribuida a algún personaje místico o famoso, hablo de frases más directas y breves, esas que no nos hacen pensar sino actuar… ¿Cómo cuál?, os preguntaréis y yo contesto: ¿estáis de broma? Las mismas que vosotros leéis; “hoy es lunes y sólo quedan cuatro días para el viernes, ¡sonríe!”; “no mires al pasado, tu vida es hoy”; “si crees que puedes lograrlo lo conseguirás”… Hay decenas de ellas, centenas, y no importa que vuestros ordenadores estén a salvo, porque la plaga ha contagiado a tazas de café, camisetas, cuadernos, fundas de teléfono y cualquier superficie sobre la que se pueda escribir algo.

Yo he sido autora de alguna de esas frases. Yo también sufrí felicidad transitoria. Y pido disculpas si esto provocó algún daño o frustración a los que me leyeron.
Esta mañana, abducida por una de esas frases, me he preguntado cuándo empezaría todo. Cuál fue el momento en el que las setas alucinógenas empezaron a propagarse por la red. Son un bien necesario y parece que imprescindible para encontrar un sentido a nuestros amaneceres más grises. Tener metas y creer en algo es importante, sí, pero no lo es tanto como lo es el ser capaz de leer al menos diez frases alegres y positivas y creerse alguna de ellas. Mr. Wonderful tiene muchas papeletas para convertirse en el dios del siglo XXI, él ha escrito el padrenuestro de nuestros días, y es el destinatario de nuestra oración desesperada. Si nos repetimos algo muchas veces, acabamos haciendo de este mensaje una actitud y pasado un tiempo… ¡Magia!, se hace realidad. Al menos es algo que decía Gandhi, ojito, que esto son palabras mayores. Me gusta la gente optimista, como se dice ahora: la gente que suma. El optimismo se contagia, sí, pero el pesimismo también. Los vampiros emocionales revolotean y esperan a que se ponga el sol en sus días para venir a atacarnos y a chuparnos la energía, y para combatirlos de nada sirven las estacas de madera o un rayo de sol, los venceremos sólo si los ignoramos o los atacamos con lo que más les duele: el mensaje positivo que mejor se ajuste a su pena, añoranza, tristeza o enfado. Hay mensajes para todos los gustos, sólo hay que dar con el lado vulnerable de las personas.

Pero una vez más seré la abogada del diablo. A pesar de haber firmado y compartido muchas de esas frases de pensamiento positivo, desde aquí quiero enviar mi apoyo a todos aquellos que, sin regocijarse en su no-felicidad (que no es lo mismo que infelicidad), de vez en cuando se atreven a no querer estar felices y a mandar a la mierda a alguien. Nos hemos empeñado en hablar de lo maravillosa que es la vida, de lo importante que es vivir cada segundo, exprimir el tiempo que tenemos, y de llegar a la tumba diciendo ¿puedo repetir? Pero a veces es un mensaje demasiado forzado, poco creíble, y es mejor cabrearse, mosquearse, encenderse y enfurecerse. Una tormenta pasajera siempre refresca el ambiente.
Esas personas a las que les cuesta convencerse de que todo tiene un lado bueno, y de que lo importante es aprender. Aprender. Aprender. Aprender… Es agotador, ¿no os parece? Enriquecedor, sí, pero también es posible que determinadas lecciones nos venga mal aprenderlas en algunos momentos y nos apetezca más mandar a la mierda. Así, sin añadir una disculpa ni un emoticono a nuestro deseo. Un bufido pasajero, acompañado de la vena hinchada en la sien. Desahogarse. Desfogarse. Soltarlo. Vomitarlo. Y seguir. Porque lo mejor está por llegar (es una de mis frases felices favoritas).

5 comentarios:

  1. Perfecto. Acertado. Magistral.

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  2. Estoy muy de acuerdo con todo lo que dices. Esa epidemia de "buenismo" que se ha instalado ¡también en las empresas! Precisamente al hilo de la lectura del libro "La gran Ola" de Daniel Ruiz, publiqué una entrada sobre el libro y lo que yo veo en mi empresa. Tienes que ser positivo para vender más, creértelo y, si algo falla, no es porque a veces tengas a una empresa mediocre detrás. No, eso nunca. La culpa es del empleado que no ha sido suficientemente pro-activo, ni positivo, no ha buscado su realización personal y profesional. Por favor, no nos hagáis más trampas. Tengo derecho a ser negativa de vez en cuando. Un abrazo.

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    1. Totalmente de acuerdo contigo... Luego leo tu artículo.
      Tanta felicidad no es buena para la salud.
      ;)
      Abrazo de vuelta

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  3. Tienes razón, está bien la positividad, pero lo de mandar a la mierda a alguien es un placer maravilloso. A veces uno se arrepiente después, pero otras veces incluso se hace un favor al enviado a ese destino fecal.

    La positividad que no me gusta es la falsa, la que es un puro escaparate tras el cual se ocultan cosas más oscuras o, sencillamente, una vida normalita y sencilla que no habría por qué tapar. A mí me gustan las vidas normalitas. No envidio a los que hacen grandes viajes, coleccionan "selfies" con gente famosa o llevan calzoncillos Calvin Klein.

    Y con esto doy por terminado mi comentario de hoy. Saludos cordiales.

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    1. Yo me hago selfies, menos mal que no llevo calzoncillos. Mandar allá es bueno, y si se hace sólo cuando es necesario, entonces no te arrepientes.
      Y con estoy te doy por saludado en mi comentario de hoy.
      Saludos de vuelta.

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