miércoles, 29 de marzo de 2017

La boda de mis amigos

               Y yo que me sentía original, diferente y auténtica… Ahora resulta que, cada vez que declino una invitación porque prefiero quedarme en casa, no soy una mujer con personalidad, sino que estoy siguiendo una moda. Nesting, se hace llamar. No, no sirve decir la frase me encanta quedarme en casa, ni mucho menos, me gusta estar en mi hogar, lo que se lleva es hacer Nesting. Y punto. No puedo alargarme mucho, así que no voy a entrar en detalles, pero no quisiera saltar de párrafo sin mencionar que, en esta moda, aburrirse no sólo es recomendable, sino que es necesario, importante. Fundamental. Y todo esto con un resultado único: combatir la ansiedad del día a día. Toma ya. Aunque amanezca soleado y haya pasado usted doce horas durmiendo y otras tantas tumbado en el sofá mirando al techo, no salga de casa, quédese en el nido (Nest) y no tiente a la suerte, que la ansiedad ronda por las terrazas y los lugares en los que están sus amigos, y puede caer en sus redes.
                ¡A cubierto!
                 Hoy tenía que escribir acerca de otro asunto, pero una amiga me ha despertado hablándome del Nesting, y la inquietud se ha apoderado del teclado. Anoche me acosté sabiendo que hoy le dedicaría unas letras a la boda en la que he estado este fin de semana en Mallorca. ¿Una boda?, se preguntarán ustedes, ¿y qué tiene eso de especial? Aguarden un instante, y ahora les cuento… La pareja en cuestión es una de esas parejas frente a las que apetece sentarse a comer palomitas porque, cuando estás con ellos, parece que estés viendo una película. Ahora concedamos un instante a los incrédulos, odiadores, resentidos y bla, bla…, dejemos que suspiren y que escupan una de sus frases tipo sí, sí, ya verás en unos años; el día de la boda todo es bonito, pero… ¡Qué manía tiene el mundo de hablar de lo que no conocen y de criticar sin razón! ¡Envidiosos! Si os fue mal, os fue mal. Pero todavía hay gente que se quiere, y que cree en el para siempre. Y no me miren a mí, ¡caramba!, que estamos hablando de los novios.
Mi pareja protagonista es tan genial, que incluso se besaron antes de que el sacerdote autorizara al novio a hacerlo. Le puso el anillo a su mujer y le dio un besazo (que no es lo mismo que un beso) y, como no se quedó satisfecho, después de coger aire le dio otro más. Y nada de rozarse los labios, ¿eh?, fue uno de esos besos de película en blanco y negro. Los presentes aplaudimos emocionados hasta que el sacerdote, asustado por la tropa que había desembarcado en la isla, alzó los brazos pidiendo silencio y clemencia. Obedecimos resignados. Novios, familiares e invitados empezamos a llorar cuando la novia entró escoltada por sus dos hermanos, y ella, por nuestra culpa, también se echó a llorar. Lloramos todos tanto que, a la mañana siguiente, se nos advirtió de que el primero que llorara en la comida postboda, pagaría el arroz. Y claro, con o sin resaca, nos tocó reír.
El asunto del ramo también llamó mi atención. Con la edad, lo de apelotonarse detrás de la novia a ver quién se hace con tan preciado regalo, nos gusta menos. Poco. Nada. No es sólo que no estemos ansiosas por casarnos, sino que darse codazos con el resto de las invitadas para ganar posiciones nos haría parecer desesperadas y, aunque lo estemos, es importante disimular. Así que la novia fue a lo seguro, y le dio el ramo a su más mejor amiga, sin atender a la cara del novio de esta que empezó a palidecer y a tener sudores fríos…

Las bodas a partir de los cuarenta son más auténticas. Es un hecho. Los novios son diferentes, se quieren diferente, y no tienen esa cara de susto de los jovencitos ni esa duda que les inquieta durante semanas: ¿y si no sale bien? Ahora todo se hace al revés, primero se convive, y si los amaneceres a su lado son buenos, entonces uno se va a un hotelazo a Bali y le pone el pedrusco a la novia en el dedo... ¡Ah, no!, perdón, que eso sólo le ha pasado a mi amiga, ¡no me digan que el tema no es para hacerse con una de palomitas, por favor! Hoy en día antes de casarse, las parejas pasan juntas una época de Nesting, disfrutan de una vida Hygge, y degustan unos cuantos Brunch en domingo, y si sobreviven a tanta estupidez, entonces se dan el sí, quiero. Conocido como Yes, I do en un futuro próximo. (Rieros, rieros que ya veráis, dirían en otro siglo.)

Recomiendo que no dejen de ir a las bodas de las personas a las que quieren. No pongan excusas. Porque los novios lo agradecerán y la felicidad es contagiosa. La de mis amigos ha sido perfecta, los invitados elegantes y alegres, el cielo azul, el mar también azul, el vino tinto y mis tacones cómodos… Todo ha sido tan divertido, que incluso dos invitadas aparecieron vestidas con la misma prenda de ropa, no pasa nada, dirán ustedes, ¡qué gracia!, pensé yo, y descubrí que la imitadora iba del brazo de su marido, que no era otro que una persona de mi pasado… Mis amigas me miraron y rieron, yo solté una carcajada y, al pasar por su lado, no pude evitar decirle: desde luego, lo tuyo es tener puntería, hijo…



9 comentarios:

  1. Por favor qué bueno. Tienes que escribir artículos de lo que sea pero en revistas. Eres muy muy divertida

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  2. Mejor descrito imposible. Grande Laurita.

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  3. qué buena eres. me encanta leerte, la vida real pero con humor,,, y ese momento final...jaja

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  4. Joder, con perdón. Qué arte tienes coño, con perdón.
    L.

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  5. Olé y olé. Y lo del final, foto incluida es de matrícula de honor. Qué maravilla leerte.

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  6. Qué tonterías escribes.

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  7. A mí me encanta hacer "nesting", pero para que no creas que soy un oportunista seguidor de nuevas tendencias, te diré que lo hago desde hace muchos años. Tal vez sea por influencia de mi padre que siempre decía, y dice, eso de "como en casa, no se está en ninguna parte".

    En cuanto a las bodas, si me invitan y no se celebran a más de 90 Km de casa, suelo ir, pero si hay que hacer maletas, declino la invitación con alegría alegando que soy un "nester" empedernido.

    Y ahora quiero preguntarte algo que necesito saber. ¿Cómo se hace para besar a amigos y conocidos cuando se lleva una pamela de tan amplio diámetro como la que luces en la foto? ¿Levantas la cabeza para acoger bajo su ala al besante? ¿Tiendes tu mano para que depositen un ósculo en ella? ¿Te levantas la pamela como acostumbraban a hacer los hombres con sombrero en los años cincuenta (ahora el que lleva sombrero no se lo suele quitar ni para dormir)?

    Saludos cordiales.

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    1. Qué risa. Pues te contestaré, amigo, me pasé todo el día dando un solo beso y diciéndole a todo el mundo que luego pasaría a recuperar los que me debían. Y lo hice, tan pronto me quité la parabólica... Un abrazo. Viva el nesting.

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