miércoles, 22 de marzo de 2017

En pie, hay una influencer en la sala.


Hace más de veinte años, mis padres me mandaron a estudiar un año a Estados Unidos. La experiencia me transformó, y no hablo metafóricamente, sino que regresé tan hinchada que parecía que me había comido las bandejas de comida de todos los pasajeros  del vuelo de regreso, y no exagero. No sé cuántos kilos añadí a la báscula pero me pasé un mes de julio tragando batidos, barritas dietéticas y chupando el envoltorio de los cucuruchos. Juraría que aún conservo algún kilo de aquel inolvidable año. Tiempo después, de vez en cuando se me escapaba una expresión o una parrafada en inglés. No es que pretendiera ir de sobrada, pero en la década de los 90, los que nos íbamos a estudiar a un pueblo remoto al otro lado del mundo, no teníamos fácil comunicarnos en nuestra lengua materna así que, durante diez meses, salvo por las cartas que enviaba “por avión”, apenas hablé en español. Comentando esto con una amiga, hemos llegado a la conclusión de que en realidad éramos unas adelantadas a nuestro tiempo, y que de haber sido más espabiladas, podríamos haber formado parte de  la primera generación de influencers, y presumir de estar al día de una moda que, sin internet, tardaría un par de años en aterrizar en España.

Las influencers... ¡oh, ellas! Esas mujeres que no eran tan… y ahora son tan... Las que abrieron sus armarios y descubrieron que por fin podían dejar de compartir sus estilos sólo con el espejo de sus habitaciones, ¡salgamos a las calles!, dijeron al unísono, seamos valientes, pongámonos ese pijama para ir a tomar el aperitivo, o esa falda de tul con las zapatillas de deporte, seamos itgirls… Me gustaría aclarar que dentro del mundo de las influencers hay submundos, están las que lo son, porque lo son, y las que lo son porque otros lo deciden. Entre las que lo son porque lo son, están las modelos o exmodelos (que ya eran influencers,  sin saberlo); las personas que han estudiado algo que no sé lo que es pero que trabajan en el mundo de la moda haciendo algo que tampoco sé; las actrices, de serie o de pantalla grande; y las mujeres con apellido compuesto que llevan décadas ocupando el front row de los desfiles de NY, Milán, París… Y, por otro lado, en el submundo influencer nos encontramos a las que, paradójicamente, mucha gente admira (¡oh, cielos!), llegaron subidas a los lomos de su cuenta de Instagram y desembarcaron de la mano de un programa de televisión o de un novio famoso. No puedo decir mucho de sus méritos profesionales, pero sus seguidores avalan su ¿profesionalidad…?
Todas ellas, las auténticas o las inesperadas, llevan una vida social de lo más súper, que no es lo mismo que tener vida social sin más, no. Tres o cuatro veces por semana comen o cenan en los sitios más top de su city, o de las cities que visitan con sus amigos, eligen casi siempre locales de esos en los que pareces estar en el salón de la casa de un amigo, decorados muy Hygge (otra vez la maldita palabra), con muebles de madera rurales, flores frescas, pájaros decorando las paredes, terrazas interiores llenas de plantas…, y tres esenciales: ensalada de quinoa,  minihamburguesas y tostas de pan integral con aguacate, salmón y queso fresco (¿qué fue del Foie al Pedro Ximénez?…).
Pero lo más importante no es ir a estos lugares, sino hacerse las fotos más divertidas con sus acompañantes, derrochar felicidad y escribir veinte hashtags debajo de ellas para que los followers aplaudan emocionados, y las compartan con sus amigos aumentando así la cifra de los me gusta hasta batir a Beyoncé, ¡ilusos!

La nueva publicidad es de carne y hueso, las marcas de moda se pelean porque una de las influencers más importantes se ponga sus prendas regaladas, y provoque en su público la reacción esperada: ¡Necesito tenerlo! Sin perder un minuto, las fans se harán con esa falda roja para combinarla con la blusa fucsia que lleva años defenestrada en el armario, el pasado siempre vuelve. Cada detalle cuenta, incluso el moño que hasta ahora sólo te hacías para fregar los platos, es el recogido más estiloso si lo combinas con unos bonitos pendientes y una camisa de hombre sobre tu minifalda de piel… Hay una verdad universal: las influencers llegaron para quedarse. Y, de un tiempo a esta parte, un sueño me desvela en la noche... Me topo con una de ellas, y le suplico que me cuente los secretos de su experiencia, de cómo le afecta a su vida personal que todo el mundo conozca su vestidor, el nombre de sus amigos, los lugares en los que cena... Una vez me he ganado su confianza, le propongo que, una vez por semana, además de bolsos, zapatos, gafas, prendas de ropa y camisetas con mensaje, complete su estilismo con un libro en la mano. Sé que a muchas de ellas les encanta leer. Y ya que hay tantas personas que hacen lo que ellas mandan, que se visten como ellas ordenan y que comen lo que ellas mastican, no estaría de más que de cuando en cuando, sacaran un libro y lo compartieran con sus followers con un hashtag tipo #leeressexi (es verdad, lo es). Y no digo esto porque yo sea escritora y la autora de Amapolas en octubre, una novela publicada por Espasa y que será traducida al italiano y al búlgaro, no, no tiene nada que ver con esta novela emotiva y plagada de citas literarias de diferentes autores…  Ni tampoco lo digo porque la portada mi novela sea preciosa, no van por ahí los tiros, no sean mal pensados, que yo no utilizo mis escritos para hacerme publicidad, ni para informarles de que pueden comprarla en cualquier librería (también en formato ebook). Y esta foto la pongo porque me gusta mi camiseta, está claro.
 
Dicho esto, antes de que alguien me castigue y mencione las fotos que cuelgo en mis redes sociales (muy flojitas, lo sé), aclararé lo que ya intuyen: este artículo no es más que un ataque de celos. Envidia pura. Estoy rabiosa. Las cuentas de las influencers crecen y crecen, y vuelven a crecer, y yo soy incapaz de conseguir más followers en mi cuenta. Incluso he llegado a escribir frases de autoayuda, he perdido los papeles, lo sé, pero no he podido evitarlo, cada vez que miro detrás de mí y veo que nadie me sigue... ¡Qué frustración!
Así que, aunque no soy follower de ninguna influencer (ojito con la frase), que sirva este artículo para presentarles mis respetos a las nuevas majestades y para brindar con todas ellas. Por las mujeres que se convierten en el espejo de tantas otras, por las que dan salida a las prendas que a punto estábamos de regalar o de tirar a la basura, por las que nos convencen de que un poco de gloss y un iluminador son el mejor remedio para nuestra fatiga, y las que nos empujan a practicar hipopresivos hasta que nuestro ombligo aparezca en la espalda… Gracias. Sin vosotras no seríamos más que mujeres con personalidad, pero con michelines, que nos creíamos estilosas hasta hace bien poco. Ya era hora de que alguien pusiera un poco de cordura en nuestras vidas. Gracias, influencers, gracias por tanto.
NOTA: Las fotos son mías. Pueden copiarme, si quieren.

13 comentarios:

  1. ¡Me ha encantado! ¡Cómo me he reído! ¿Pero la de las uñas fucsias eres tú? ¡A ver si vas a hacer la competencia a... Dulceida por ejemplo!. La que salió el otro día en el programa de Risto, que ha hecho "influencers" a sus padres, a su novia... Eso sí es mirar por la familia. Tú tranquila, que los hay que te seguimos aunque no nos enseñes tu vestidor. Un abrazo.

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    1. Jajaja, eres genial. Sí, soy yo. Voy un poco de incógnito, me ha costado encontrar una foto que estuviera a la altura de las influencers, no creas.
      Qué bueno es reírse. Lo de Dulcinea, ahora me informo, no estaba al tanto de familyinfluencers. Habrá segunda parte, me temo.
      Un abrazo fuerte.

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  2. Por favor qué risa. Gracias Laura. Me ha encantado y si fuera influencer también me reiria seguro.

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  3. Hacia tiempo que no me reía tanto. Tu ironía es tan elegante. Tienes razón, cada vez estamos más aborregados. Qué carcajadas. Gracias laura. Mi hijo también estuvo un mes a dieta después de su año fuera, Jajajaa

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  4. Gracias Anónimos. Me alegra arrancaros una sonrisa, pero si no ponéis nombre, no puedo contestaros. Seguiré intentando haceros reír de todas formas. Un abrazo

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  5. Jajajaja eres too much influencer!!!

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  6. pues me quedo contigo y tu libro , yo si te sigo

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    1. ¡Bien! Me alegra saberlo... Un abrazo fuerte. :)

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  7. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  8. Tan genial como siempre Laura. Se agradece que nos saques unas risas a estas horas del día :)

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    1. Gracias friend. Tú eres mi influencer personal. Y lo sabes. 😍😍

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  9. Demoré en leer el artículo, me reí largo rato... Muy bueno Laura

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