jueves, 26 de enero de 2017

Sois unos mierdas

Virginia Woolf tenía la certeza de que detrás de  Anónimo, muchas veces se escondía una mujer. Los Anónimos, sepan ustedes, existen desde hace mucho, siglos en algunos casos, si bien es cierto que los de antes solían escribir versos o prosas más bellas. Hoy en día, teniendo la posibilidad de dar la cara, de poner imagen y nombre a una opinión, muchos eligen no hacerlo. Y es que no es lo mismo insultar mirando a los ojos que hacerlo desde el oscuro lugar secreto en el que se esconden los odiadores, los corazones podridos, las almas tristes, los envidiosos sin cura… Y otros tantos. No pretendo descalificar, pido disculpas si alguien se siente ofendido, simplemente retrato la realidad.
Las redes sociales tienen muchas cosas buenas, pero tienen una cosa que a mí me parece, más que mala, peligrosa. Y es que tenemos que aprender a convivir con nuestras dos vidas, ser dos personas, esa que somos en realidad y la que los demás creen que somos, la persona definida por las frases y las fotografías que compartimos. El yo real y el yo virtual. Nada es verdad, ni lo que el odiado aparenta ser ni lo que el odiador dice sentir. Nada.
En ocasiones, cuando leo ese tipo de insultos, me pregunto qué trauma tendrá el que se esconde detrás de la foto de Chaplin, de un personaje de Marvel o de la rueda de una moto, qué vida puede tener una persona para que pueda reflejar tanto rencor en las palabras que vomita. Alguien debería decirles a estos personajillos que, muchas veces, ese odio irracional nace en el espejo. Nos espanta ser de una manera determinada y, cuando vemos esa característica en alguien desconocido, insultamos, abofeteamos con palabras y faltamos el respeto. Nos cuesta aceptarnos, y es mejor acusar a los demás que intentar solucionar ese algo que nos incomoda de nosotros mismos. Pero hay que ser muy valiente para aceptar los miedos y los defectos de cada uno y, en el mundo de los anonimatos, hay más cobardes que valientes.
          Confieso que tengo mis dudas, no sé si aquellos a los que van dirigidas mis letras de hoy podrán entenderme, no tengo muy claro que su intelecto pueda entender la ironía. Así que, aunque no me guste hacerlo, sin que sirva de precedente, en esta ocasión bajaré los cien peldaños que nos separan y me pondré a su altura. Sois unos mierdas. Todos vosotros. Los que os habéis acostumbrado a dinamitar nuestros días con el insulto fácil y la palabra malsonante. Sois unos mierdas. No sé por qué no os ignoramos, porque no pasamos de largo cuando vemos que vuestra vena del cuello empieza a hincharse rabiosa, cuando vuestro rostro enrojece por la cólera que sentís al vomitar palabras de desprecio contra aquellos a los que ni siquiera conocéis. Sois unos mierdas. Unos incomprendidos, marginados y acomplejados, personas ignoradas durante toda vuestra vida que por fin habéis encontrado un lugar en el que alzar la voz sin ser vistos, agazapados en el anonimato, protegiendo vuestra alma cobarde de aquellos a los que insultáis. Sois unos mierdas. Unos pobrecillos mediocres, unos cuerpos sin alma ni sentimientos, vacíos de cualquier emoción positiva; unos amargados, abandonados por el mundo que os rechaza, unos raritos, sois feos, feos de cojones, y sucios. Sucios de piel y de espíritu. Espesos. Agrios. Fracasados. Mierdas.
          Cuando alguno me insultáis desde vuestra atalaya construida por el anonimato, yo me rio, pero por un instante, es inevitable, siento pena. Qué duro debe de ser vivir en un cuerpo como el vuestro, siempre preparados para criticar y juzgar, siempre con el insulto listo en la punta de la lengua. Qué duro debe de ser tener una vida condicionada por lo que hagan los demás, aceptar que sois torpes, inútiles e incapaces de tener una vida propia. Preferís quedaros ahí sentados, en el sofá de vuestra amargura, con el pelo grasiento y una mano escondida en vuestra entrepierna mientras con la otra tecleáis a toda velocidad, batiendo vuestro propio récord de descalificaciones, y reís para vosotros, os aplaudís por escribir frases tan perfectas y tan hirientes. Os gusta despertar el odio en los demás, disfrutar alimentando la rabia ajena, y no os importa que eso os convierta en un ser ruin y malvado. Cada pensamiento contaminado que compartís os hunde más en el fango, os hace más tristes y más repugnantes. Cada vez sois más mierdas. Y por mucho que os protejáis detrás de esa sonrisa sarcástica mientras leéis esto, no podéis engañarnos, y sabemos que, dentro de vosotros, mientras empezáis a aceptar que sois unos mierdas, sentís como la decepción, la frustración y el fracaso toman el control de vuestro cuerpo.

Hacer lo que hacéis es el mayor acto de cobardía.

Sois unos cobardes de mierda. Felicidades. 

8 comentarios:

  1. Que bien lo has descrito laura.Se puede decir más alto pero no más claro

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  2. Imagino que lo dices por propia experiencia, pero creo que los blogueros normalitos y desconocidos, yo por ejemplo, no recibimos mensajes hirientes. Los malotes atacan e insultan a gente importante o popular a la que no se atreverían a decir nada, ni bueno ni malo, a la cara. Creo que quizá los ataques sean más frecuentes en twiter o en redes más rápidas. Un abrazo.

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    1. Hola Zarzamora, lo digo sobre todo por los odiadores que pasean por las redes sociales. Aburren mucho. Incomodan. Cansan.
      Un besazo.

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  3. Al leer que esos mierdas tienen el pelo grasiento, he sentido un gran alivio porque me he dado cuenta de que yo no podía ser uno de ellos.

    A mí también me incomoda un poco ver que hay tanta gente dispuestísima a insultar a todo aquel que le caiga mal, diga lo que diga, solo por el hecho de que un día decidió que merecía su desprecio. Decisión tan absurda y vacua como sus argumentos (en el extraño caso de que los aporten).

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    1. Es difícil imaginarte en ese grupo, con o sin cabello al viento. No es el don de la palabra una virtud destacable en esos que son unos mierdas... Abrazo.

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