jueves, 4 de agosto de 2016

Poesía...eres tú

Gustavo Adolfo Bécquer decía que él primero pensaba y que después escribía. A mí me sucede lo mismo, primero pienso una historia, o simplemente dejo que entre en mi cabeza, después le doy una y mil vueltas, la zarandeo hasta marearla y la hago dueña de mi realidad y de mi insomnio, hasta que un día me siento y empiezo a escribir lo que mi cabeza me dicta. Hoy he soñado con Bécquer, no hacíamos nada especial, ni siquiera hablábamos, pero me ha parecido oportuno dedicarle mis primeras palabras escritas del día, ya que se ha tomado la molestia de perder su tiempo haciéndome compañía. La poesía está de moda, ¿a qué llamamos poesía? En cualquier lugar hay un verso escrito, en cualquier retrete público, en una servilleta olvidada o en un adhesivo, en las paredes de los hogares, o en los muros perdidos… Los versos merodean por nuestras vidas, y nos contagian de la nostalgia y del amor que a veces sentimos. Ya lo escribió mi visitante nocturno:

[…] mientras el corazón y la cabeza
batallando prosigan,
mientras haya esperanzas y recuerdos,
¡habrá poesía!
                
           Extraño es hablar de este género literario inmortal, en el tiempo en el que vivimos, para algunos la poesía no es más que un papel vacío y sólo le presta atención el bohemio convencido; reuniones en bares o librerías que parecen de otro siglo, compartiendo emociones sin dejar nada dicho. Los poetas no son sólo románticos empedernidos, son escritores intimistas, irónicos y satíricos. Soñadores de un futuro escrito por su destino. La poesía es una válvula de escape para las emociones, son las temidas respuestas a nuestras contradicciones. Pero en mi mundo hipócrita, que no es muy distinto al suyo, la honestidad claudica en favor de la apariencia, y nos damos de bruces con el maldito muro, paredón de los valientes, víctimas de lo absurdo.

De lo poco que me resta,
diera con gusto mis mejores años,
por saber lo que a otros
de mí has hablado.
Y en esta vida mortal y, de la eterna
lo que me toque, si me toca algo,
por saber lo que a solas
de mí has pensado.

                En este panorama crispado, donde reina el insulto, y las criticas anónimas son aplaudidas por el público. En este tiempo en el que las ideas propias no tienen defensa alguna, en esta realidad en la que nuestro presente anhela encontrar su sitio; nos hemos acostumbrado a la mentira, a no querer ser distintos. Pero en la oscuridad de la noche, con la única compañía de uno mismo, seremos conscientes de la farsa dentro de la que vivimos, palparemos nuestras máscaras y entenderemos que hemos perdido.
                No culpemos a nuestro entorno de la ausencia de la alegría, todo se gesta en nuestra escogida vida, y de nosotros depende contagiar a los que nos miran. Olvidemos las excusas por culpa de las que nos rendimos, sepamos que silenciando aquello que sentimos, corremos el riesgo de adentrarnos en un camino distinto, donde echaremos la vista atrás y suspiraremos por lo que podría haber sido.

[…] Yo voy por un camino; ella por otro;
pero, al pensar en nuestro mutuo amor,
yo digo aún: -¿Por qué callé aquel día?
Y ella dirá: -¿Por qué no lloré yo?

                No culpemos al pasado por todo lo perdido, aprendamos del ayer, y aceptemos lo vivido, continuar, ese es el secreto, sin temor a lo desconocido. 
Seamos poetas, aunque carezcamos de ritmo. 
Hablemos del amor, seamos distintos. 
Que la envidia y el odio, ya han hecho demasiados amigos. 
Pidamos perdón, y perdonemos sin orgullo, que no hay sensación peor, que la de lamentar lo perdido.


Nota: los textos utilizados forman parte de las “Rimas y leyendas” de Bécquer. 
Retrato de Gustavo Adolfo Béquer realizado por su hermano Valeriano.

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