viernes, 22 de julio de 2016

Los errores del pasado

El pasado no puede regresar... Regresan los recuerdos y las anécdotas que hicieron que un día fuera inolvidable; regresan las lecciones aprendidas, y los tropiezos inevitables. Y en contadas ocasiones, regresan las personas que logran encontrar el camino de vuelta a nosotros.
Cumplir años no es envejecer, ni tampoco es descontar los días que nos quedan para llegar a la inevitable despedida eterna. Cumplir años es vivir, sentir, perdonar y olvidar. Y cuando miramos al pasado desde el lugar en el que la vida nos coloca, recordamos lo que un día decidimos olvidar. Y es inevitable que nos reencontremos con el instante en el que cometimos un error, ese día en el que hicimos daño sin que nuestra inmadura e inexperta cabeza, supiera todavía que hay decepciones que se quedan marcadas en el corazón de aquellos a los que dimos la espalda.
Enterramos los días malos y creemos que, con el paso de los años, se quedarán allí para siempre, e incluso borramos de nuestro mapa la cruz que marca el lugar exacto en el que tomamos la decisión de abandonar aquello que un día nos hizo felices…
Mientras la vida pasa, nos convertimos en personas diferentes, maduramos o no, envejecemos o no, perdonamos o no. Pero hagamos lo que hagamos, el tiempo seguirá descontando los minutos de nuestros relojes a medida que nos anima a aventurarnos a pasear por otros caminos.
Lugares equivocados muchas veces.
Lugares que, de no haberlos conocido, no nos habrían llevado hasta nuestro presente.
Pero un día todo se ordena de repente, y el pasado regresa de la mano de esa persona a la que dejamos abandonada en la cuneta, ignorando que las consecuencias de nuestro abandono, dejaría en ella cicatrices para siempre. Cuando fuimos egoístas, fríos y necios. Cuando creíamos saberlo todo y dábamos lecciones vacías que nada enseñan y, aun así, nos sentíamos orgullosos de las palabras que escupimos… Para después darnos la vuelta y desaparecer, encajando en el alma miserable en la que nos convertimos por un instante.
Y todo aquello un día se convierte en nuestro ayer olvidado. Sepultado bajo los escombros de unas vivencias repletas de equivocaciones. E incluso somos capaces de borrar de nuestra memoria todo lo sucedido, porque no fuimos víctimas, sino verdugos de la soberbia de la juventud a la que todos, sin excepción, hemos sucumbido al menos una vez. Pero no podemos cantar victoria, porque cuando menos lo esperamos, el pasado regresa de la mano de esa persona que, años después, se planta delante de nosotros con un velo de rencor cubriendo su mirada y con la única intención de recordarnos que un día fuimos malas personas.
No se puede hacer nada para recuperar el tiempo ni la dignidad que perdimos entonces. Pedir perdón, eso es todo. Regresar al lugar en el que el odio enterró el recuerdo que aún sigue vivo por no haber sido curado, y limpiar cualquier mota de rencor o maldad que quede en él impregnado. Sólo eso podemos hacer, eso y pedir perdón. Saber que los años perdidos de la amistad no regresarán, pero al menos darnos una oportunidad, porque sólo duele aquello que nos importa, y los buenos recuerdos siempre ganan el pulso a las decepciones sufridas.
No dejemos que el tiempo nos aleje de las personas a las que quisimos un día, y si por alguna razón sentimos que aún tenemos un capítulo inacabado en nuestra historia, aunque sea el peor de todos, no temamos hacerlo. Pedir perdón es señal de haber madurado, casi tanto como lo es el perdonar. Aceptar que cometimos el error de condicionar la vida de una persona por culpa de nuestra soberbia, es el primer paso para entender que hay lugares a los que, pase lo que pase, nunca volveremos, porque si somos afortunados, aprenderemos que nuestro destino no es otro que hacer felices a los que nos rodean, aunque a veces debamos equivocarnos.
Sí, el pasado siempre vuelve, aunque lo hayamos olvidado. Y entonces descubrimos que esa incomodidad que sentimos de vez en cuando, aparece porque no supimos pedir perdón, o porque este no nos fue concedido. 

Y nunca es tarde para hacerlo, aunque hayan pasado veinte años. 

Para V.E.C.

3 comentarios:

  1. Qué importante es reconocer los errores y aprender a pedir perdón. Gracias por recordarnos lo que de verdad importa.a veces necesitamos palabras ajenas...

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  2. El pasado tiene la mala costumbre de interrumpir el presente. Sea cual sea el motivo por el que entra en tu casa sin ser invitado, siempre acaba brindándote su mejor copa de vino.
    El pasado sólo nos enseña a reflexionar sobre la importancia de saber pedir perdón, de saber perdonar al prójimo y lo, aún más importante, saber perdonarse a uno mismo.
    Y yo, querida amiga, firmo porque el pasado regrese a mí y me dé lecciones como ésta.

    V.E.C

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    1. ¡Qué bien escribiste siempre!
      Gracias. Por todo. Por ayer. Y por ahora.

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