viernes, 13 de mayo de 2016

Te quiero, pero no te daré mi corazón

No te daré mi corazón.

Me lo has preguntado más de diez veces, y puede que creas que en algún momento cambiaré de opinión, pero siento decirte que no, que nunca te daré mi corazón. Te empeñas en explicarme lo mucho que vas a cuidarlo, y que jamás permitirías que nada ni  nadie le hiciera daño, pero ambos sabemos que la vida es muy larga, que las pasiones se diluyen y que, por desgracia, muchas promesas se quedan en el olvido.
He aprendido a quererte, y a cuidar de ti, y entre los dos hemos creado un lazo irrompible, fuerte y eterno. Te quiero, sí, y quiero estar a tu lado el resto de mi vida, pero nunca te daré mi corazón. Porque soy la que soy gracias a él, porque la mujer que conociste desaparecería en el mismo instante en el que se olvidara de ella para entregarse a ti por entero, porque no quiero una mitad que me complemente, ni quiero ser yo tu mitad, no. Creía que ambos entendíamos el amor de otra manera, pensé que a pesar de nuestra complicidad y compromiso escrito con tinta invisible seguíamos siendo libres. Y dejaré de ser libre si mi corazón ya no me pertenece.

Por eso no, no te daré mi corazón.
Hemos aprendido a conocernos, a escucharnos y a respetar los silencios que nuestra soledad necesita compartir. Cuidamos de la lealtad que sustenta nuestro universo inventado, y soltamos la cuerda cuando sentimos que está más tensa de lo normal. Somos tú y yo, pero nunca seremos uno. Porque ser uno implica olvidarnos un poco de la esencia que nos convierte en seres únicos, y dejar que esa esencia muera es el primer paso para acabar con nosotros.

No me pidas mi corazón, porque no te lo daré. Quédate con todo lo demás, con ese abrazo que nunca me pides y que tanto necesitas, con mi mirada buscándote entre la multitud, con mis conversaciones hasta altas horas de la madrugada, quédate con eso; con tu plato de comida favorita al llegar a casa, con las cartas que te escribo y que escondo en tu chaqueta, con los besos que te doy como si fuera nuestro primer beso. Quédate con eso por favor, pero no me pidas que te dé lo único que es mío, porque ese sería el primer paso para alejarme de ti. 
No nos enamoramos de alguien sólo porque nos sentimos atraídos, el amor verdadero es aquel que te convierte en mejor persona, el que acaba con los miedos y el que engrandece nuestros corazones. El amor no entiende de egoísmos, y no importa que poseamos o no algo de esa persona, lo único importante es que cada día, a pesar de las discusiones y de los errores, nos acostemos sabiendo que somos un poco mejores. 
Por esto te ruego que no me pidas mi corazón otra vez, porque nunca te pertenecerá y, sin embargo, tengo la certeza de que eres la única persona por la que podría dejar de latir un día.








6 comentarios:

  1. No tengo palabras. Gracias Laura.

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  2. Respuestas
    1. Me ha encantado me ha parecido muy real muy descriptivo y también muy poético ..
      sólo comentar que si una persona ama guardandosé un as en la manga, realmente tiene pendiente algún duelo importante de su vida por hacer..
      El amor incondicional es sin ningún pero, ya que los peros invalidan lo anterior. ..
      Un tierno abrazo
      Jaime

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    2. Hola Jaime, muchas gracias por tomarte un momento para comentar... Yo creo que en esto del amor y de las relaciones no hay una verdad universal, cada cual da lo que puede, o lo que sabe, por esta razón existen discrepancias en muchos momentos, porque creemos que todos debemos querer de la misma manera, y puede ser que haya diferentes formas de querer. Yo opino que siempre que se hable y se quiera con honestidad y con respeto, todo es posible... Y no darse por entero no quiere decir que se quiera menos, sino que uno aprende que es su "todo" lo que quiere mantener en una pieza para que esa sea su aportación a la relación...
      Un abrazo para ti, y gracias.

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