martes, 3 de enero de 2017

La felicidad del soltero

No importa si nos referimos a ellos como solteros, o solterones;  cuarentañeros o cuarentones. No es la palabra lo que importa, sino la intención con la que se dice.
Para muchos, los cuarenta son una edad límite, unos años antes aún se es joven, unos después ya se pasa el arroz. Vale. Y ahí siguen los implicados, escuchando y asintiendo cada vez que alguien lanza críticas y opiniones a su antojo, intentando hacerles creer que en realidad no son como dicen ser, sino que fingen y aparentan. Vale.

Hay personas que se casan, que forman una familia y que son felices. Bravo por ellos. Hay otros, sin embargo, que no sueñan ni con la boda, ni con los niños, ni tampoco con el día de mañana. Y no, no quiere esto decir que sean egoístas, simplemente eligen quedarse en el lugar en el que se sienten tranquilos, sin responsabilidades que impliquen a otros y sin compromisos. No son crápulas, ni casquivanas, no están enfadados con las relaciones, ni tampoco conviven con la decepción, no tienen miedo, ni necesidad de apoyarse en nadie, no son egoístas, y mucho menos son raros. Nada de esto. Son únicamente personas que han decidido vivir como les dé la gana, que disfrutan en su mundo, que conviven con la soledad y que invierten su tiempo en hacer lo que les plazca.

Los solteros no son sólo personas que, hastiadas por las relaciones fracasadas, prefieren olvidarse de ellas para siempre, y se alejan de la posibilidad de volver a intentarlo. No se trata de los padres separados que, tras una ruptura más o menos dramática, deciden darlo todo por sus hijos y olvidarse de cualquier compromiso que interfiera en su familia monoparental. No, esos están en otro grupo, y dado que vivimos en una sociedad en la que nos colocamos en la tribu a la que el resto nos dice que pertenecemos, en este caso en concreto, los solteros que viven en su cuarta década, que nunca se casaron ni tampoco formaron una familia, son, en concreto, la tribu de los solterones. Vale.
A veces se sienten solos, ¡por supuesto!, ¿no siente el casado o el emparejado la necesidad de alejarse de vez en cuando? Todos vivimos momentos en los que, por un instante, nos gustaría vivir otra vida, con la seguridad de que pronto regresaremos a la nuestra, a la que nos da tranquilidad, sea ésta la soltería o la pareja.

A los cuarenta apenas quedan complejos, ni guerras en las que luchar. Uno está más o menos bien colocado en su vida, encajado en su propio yo, y aunque no sepa muy bien definir qué es lo que le gusta, tiene muy claro qué es lo que no le gusta. Le da vueltas a la cabeza, y se marea a menudo, porque pasa mucho tiempo con ella; se entretiene haciendo lo que le place y se relaciona con quien le apetece. Pasa las horas encerrado en su mundo porque es el único lugar en el que le gusta estar en determinados momentos, y pasa el resto de las horas mezclado entre la gente porque es, también, el único lugar en el que le gusta estar. Elige la ropa de su vestidor, se disfraza de lo que le da la gana, y se arranca las máscaras; elige qué poner en su plato de comida, cómo dormir en la cama, cómo desordenar su orden, dónde quiere viajar, con quién, dónde enamorarse, de quién… Porque el soltero también se enamora, sí. Aunque no piensa en mañana, ni en el futuro, puede que el enamoramiento no pase de una noche, o de dos, pero él se enamora, se entrega y disfruta de la historia, porque nada tiene que perder y sólo puede ganar. No engaña, no miente acerca de su soltería, y no juzga a los que son diferentes. Aplaude a los que a su alrededor eligen atarse a otro, a los que se vuelcan en sus vidas familiares, y a los que caminan por otros caminos lejos de los suyos. Porque el soltero sabe que su decisión no implica a terceras personas en su historia y que, su acierto o su error, sólo le perjudicará a él.

Los solteros no conviven rodeados de gatos, ni pasan las horas llorando encerrados en sus casas, no se emborrachan para recordar un tiempo pasado, y no anhelan la vida de los otros… No son tristes, ni están enfadados. No. Son sólo personas que han encontrado en la libertad de sus despertares la razón de sus vidas. Hacen lo que quieren y, sobre todo, por encima de todo: no son egoístas, sino consecuentes con la decisión tomada.

Porque cuando un soltero conquista la tranquilidad, es muy difícil que escape de ella. 

8 comentarios:

  1. Gracias
    Gracias
    Gracias
    Gracias
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  2. Amén.
    Firmado: un soltero, o solterón.

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  3. Gracias por tus palabras Laura!!!!

    Ole a no somos raros!!!

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  4. Todo tiene sus ventajas e inconvenientes. Como solteronazo (lo mío es exagerado) que soy, y con la comodidad y libertad que me da mi situación, quiero agradecer a todos los que se emparejan y tienen hijos, su entrega y esfuerzo para hacer que este mundo siga adelante. Y a los solterones su disposición para ayudar a los que, por las ataduras familiares, no disponen de la suficiente libertad y tiempo para hacer todo lo que necesitan hacer.

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  5. Así es, defiendo a unos y a otros. Aplaudo a unos y a otros. E intento que non se juzgue, cada cual elige... ;)

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  6. Maravilloso Laura, ahora ya se como describir mi soltería, y que me entiendan, yo añadiría de mi cosecha que:

    "Durante algunos años pensé que algún día abandonaría mi soltería, me engañaba, en el fondo sabía que no iba a ser así",
    Y como diría mi admirado Julio, "Mujeres en mi vida hubo que me quisieron, pero he de confesar que otras también me hirieron".
    Un besazo, y enhorabuena por el articulo, ¡¡ Feliz Año ¡¡

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    1. Muchas gracias José. Quizá se podría imprimir el texto y pasárselo a los que se aburren de dar explicaciones... Un abrazo. Gracias.

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