viernes, 25 de marzo de 2016

Los amantes invisibles

No se lo contó a nadie. Algunos decían de ella que era una mujer solitaria, que había elegido no compartir su vida con nadie, evitando así que volvieran a romperle el corazón de nuevo. Pero ella, que también había aprendido a ignorar las opiniones de conocidos y desconocidos, se negó a dar explicaciones a los que sólo se interesan en las vidas ajenas por no saber qué hacer con las suyas propias.
Dos son los implicados en cualquier relación, y a ellos dos les corresponde poner las etiquetas o establecer los acuerdos que estimen oportunos, el resto no importa, porque el resto nada sabe de la verdad que los envuelve, de las alegrías o de las miserias que se esconden tras las finas paredes que protegen su intimidad.

Se conocieron en una fría noche de invierno. Escondieron su encuentro bajo el edredón de la sorpresa y la pasión. Agotaron sus palabras y compartieron el silencio. Y así, durante el resto de sus años juntos. Siempre escondidos, siempre en silencio. Siempre solos. Diseñaron máscaras con los colores elegidos por ellos mismos, y se convencieron de que su historia sólo sería de verdad si nadie más la conocía, si sólo a ellos les pertenecía. No eran como los demás, no necesitaban hablar de lo que estaban viviendo, ni compartir su amor con nadie, no esperaban la aprobación del público. Se acostumbraron a disfrutarse en secreto, creyendo que ésa sería la única forma de mantener su idilio eterno, aunque apenas pudieran verse.

Vivían su vida como eligieron hacerlo, se paseaban por el mundo agarrados a una mano invisible para el resto, no se pertenecían porque no querían ser de nadie, y descubrieron con el tiempo que eran inseparables. Llenaron su baúl secreto de recuerdos e imágenes de los días compartidos, se encontraban al alba para huir juntos hacia el horizonte dibujado por ellos, se miraban cuando nadie les veía, y se besaban sin rozarse los labios.

Eran los amantes invisibles.

Años más tarde, cuando un error del azar descubrió su secreto, se asustaron por creer que todo acabaría entonces. Se sintieron desnudos y desprotegidos, incapaces de confesar lo que se prometieron guardar en secreto para siempre. Y por primera vez en su vida, rompieron la promesa que se hicieron años atrás, y mintieron. Porque la verdad era el camino más rápido para acabar con su amor, porque sabían que su historia sólo seguiría viva si sólo a ellos les pertenecía. Y mintieron, renegaron una y otra vez del otro, con lágrimas escondidas, y con una voz rota que a punto estuvo de delatarlos. No estaban preparados para romper el lazo que les había unido tiempo atrás, en aquella fría noche de invierno en la que se conocieron, cuando ambos decidieron definirse como los amantes invisibles que acabaron siendo.


La vida es a veces caprichosa, y aunque creamos que el amor demostrado y paseado ante los ojos del mundo es el más puro, puede un amor secreto y clandestino ser el más honesto de todos. Porque no necesita de justificaciones, ni de aprobaciones ajenas, no necesita el aplauso o la crítica, y mucho menos la opinión no pedida de los que miran de reojo aquello que no pueden tener. No son siempre necesarios los calendarios que nos recuerden los aniversarios celebrados, ni los votos escritos que nos unan para siempre… A veces lo único importante es encontrar a nuestra persona, y si tenemos esa suerte, entonces lo único que nos queda es disfrutar de nuestro tiempo compartido. Aunque lo vivamos en silencio, porque puede ser que en ése secreto, encontremos las respuestas a nuestra ilusión y a nuestro anhelo.

1 comentario:

  1. Escritora, eres una artista con las palabras. Qué maravilla leerte.

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