lunes, 22 de febrero de 2016

Carta a Gonzalo

Querido Gonzalo,

Llevo horas aquí sentada, hipnotizada por no haber apartado la mirada del reloj durante horas. Incluso he recuperado el vicio del tabaco, y me he fumado en esta noche todos los cigarrillos que dejé de fumarme durante meses. Estoy nerviosa, y estoy tranquila, tengo muy claro lo que va a ocurrir. Ya no tengo miedo.

Ginebra duerme desde hace un rato. Le he tenido que leer el cuento del elefante azul tres veces, quería darte un beso de buenas noches. Me sorprende la generosidad de los niños. Esta tarde ha estado esperando emocionada tu llegada a la obra de teatro, buscaba impaciente tu aplauso y tu sonrisa, pero no te ha encontrado, y verme a mí ya no le emociona tanto. Siempre me tiene cerca. Le he prometido que te daría las buenas noches de su parte. Buenas noches.

Hoy me sentaré aquí a ser sincera, y a hablarte con franqueza.
Creo que es el momento de acabar con esta mentira que estamos viviendo. Ahora que nadie te espera en otro lugar, ahora que incluso tus entretenimientos se han aburrido de esperarte, ahora es el momento de decirnos adiós. Buscar culpables en esta despedida sería alargar la agonía. Ambos hemos llegado hasta la ruptura, y ahora hay que aceptar que nuestro fin llegó hace tiempo, intentemos poner un poco de cordura en esta locura de días tristes e infinitos.
Puede que yo dejara de preocuparme de ti, puede que sólo pensara en Ginebra, en la casa, en mi trabajo y en mi poco tiempo libre. Puede que tú te cansaras de esperarme, que buscaras fuera los abrazos que ya no tenías en nuestra cama… Le he dado mil vueltas a todo, te lo aseguro. Es imposible. Ya no somos quienes fuimos hace años. Puede que la vida nos haya cambiado, puede que nuestro entorno haga que actuemos de forma distinta, puede que nos hayamos rendido. Ya nada importa. Ninguno es el culpable, y los dos lo somos.

Hoy nos despediremos. Seré yo la primera que diga adiós, y espero que tú también lo hagas. Sería cínico pensar que a lo mejor podemos, que puede ser que si lo intentáramos una vez más..., incluso podríamos prometernos que vamos a cambiar. Sería cínico, porque ninguno hemos puesto de nuestra parte en mucho tiempo, y creer que ahora lo haríamos, sería por el temor a la soledad. Pero tenemos a Ginebra, tenemos una preciosa niña a la que en cinco años hemos engañado con nuestra relación de mentira. Pero los días pasan para ella más rápido que para nosotros, y pronto será consciente de nuestra falta de cariño, de los besos invisibles y de nuestra mutua falta de respeto. Ella se merece conocer la vida de otra manera, disfrutar como nosotros disfrutamos hace tiempo, cuando aún éramos personas felices… y no me resigno a no volver a serlo. No sé si amaré o no de nuevo, no quiero pensar en ello ahora, pero quiero recuperar la ilusión por la vida, la pasión por todo lo que hago, la emoción por las sorpresas. Quiero volver a este mundo con todos mis sentidos despiertos, y de corazón espero que tú también lo hagas.

Hoy nos despedimos, queda poco que decir, nos hemos dicho y gritado todo durante tanto tiempo, que ya sobran palabras en nuestra conversación. Sólo espero que seamos cuerdos en esto, que no hablemos de un imposible, ambos sabemos que esto nuestro no tiene arreglo. Ya no somos lo que fuimos. Nuestro ayer ha muerto.
No quiero rabia, ni rencor, ni odio. No quiero pena. Todo lo malo que sintamos el uno por el otro nos hará más daño aún, y convertirá nuestra separación en el peor de los finales. Ya nos hemos hecho mucho daño. Intentemos ser felices ahora, intentemos empezar de nuevo, cada uno por su camino, y espero que llegue el día en el que tu felicidad, me haga feliz, y confío en que mi felicidad te haga sonreír de nuevo.

Tenemos algo que nos mantendrá unidos eternamente, y por ella debemos esforzarnos en hacer las cosas bien. No busquemos problemas, ambos sabemos quiénes somos, y ambos sabemos quiénes fuimos tiempo atrás. No dejemos que descubra el desamor antes incluso de haber amado por primera vez. Simplemente digámonos adiós. Yo ya no estoy triste, porque incluso el desconsuelo se esfumó de mi corazón. He decidido empezar de nuevo, y sólo te deseo que tú hagas lo mismo.

Me ha tocado a mí ponerle fecha a nuestra despedida, alguno de los dos tenía que hacerlo. No miremos atrás, ya hay poco que rescatar del pasado, aceptemos la realidad y sus consecuencias con valor. Asumamos que ya formamos parte del ayer.


Porque hoy, después de tantos años, ya no te quiero.


No hay comentarios:

Publicar un comentario