jueves, 21 de enero de 2016

Las máscaras de la felicidad

No todos los días sale el sol, aunque este caliente desde las primeras horas de la mañana, y todo apunte a que será un día soleado, para algunos puede ser un día nublado. No debemos sonreír siempre, ni esforzarnos en exceso por entender las razones por las que algunos son como son. Debemos arrancarnos la pesada coraza que nos protege de vez en cuando, pasearnos vulnerables por las calles que nos rodean y recibir con dignidad cualquier golpe del que después nos recuperaremos. No seamos fuertes siempre, ni comprensivos por educación, no queramos irradiar un optimismo que en ocasiones inventamos temerosos de no gustar al resto. No esperemos nada de nadie, para que ese nadie no nos condicione para convertirnos en lo que esperan que seamos.

No temamos llorar de cuando en cuando. Ni gritar para romper silencios. Aprendamos a decir no, cuando sintamos que esa es la única respuesta.
Algunos nos agotamos de hablar con optimismo de las segundas oportunidades, e intentamos convencernos de que algo bueno llegará pronto, para así convencer a los demás. Aprendemos de memoria las palabras optimistas, y somos capaces de decirlas aunque ni siquiera las sintamos. Podemos sonreír sin sentir la alegría, convencidos de que ese sencillo gesto nos hará creer que somos felices… Y nos engañamos.


El paseo por las miserias de nuestras almas no nos hará peores personas, pero nos ayudará a conocernos mejor, y a entender que hay rincones oscuros en nuestras almas que debemos descubrir para poder iluminarlos. Pero debemos aceptar que existen, aunque hacerlo nos lleve a la desesperación y a la rabia. Gritemos cuando el dolor ya no nos permita hacer otra cosa, y dejemos de reprimir lágrimas de desconsuelo por miedo a ser criticados. La perfección no existe, ni en la vida de nadie ni tampoco en las personas, los mundos pintados de colores y alegría forman parte de un cuento que un día imaginamos, y que empieza a perder fuerza a medida que la madurez llega a nuestros días. Y sin embargo, en el momento en el que alcanzamos la madurez plena, los colores aparecen de nuevo. Todo vuelve al principio; la vida y sus paradojas.
Digamos no, cuando es no. Lloremos la pena, cuando la sintamos. Confesemos nuestros miedos a los que nos creen indestructibles, y dejemos que nuestra rabia hable ante la indignación. Dejemos que los días también sean nublados, destapemos nuestros secretos y hablemos sin vergüenza, seamos honestos con nuestras emociones, y no dejemos que nuestra fingida fortaleza las esconda bajo la coraza fabricada por las decepciones, o los daños del pasado. Hay que caminar por lugares feos para llegar a nuestro horizonte soñado, pero no cerremos los ojos durante ese paseo, porque es en ese camino, donde la debilidad y el miedo colocan las piedras aleatoriamente, donde descubriremos que somos mejores de lo que creíamos, y  que no necesitamos fingir la alegría que realmente existe en nosotros. Alegría que sentiremos verdadera en el momento en el que nos coloquemos cara a cara ante nuestros fantasmas, dispuestos a ganarles la batalla.

Nunca sabremos quiénes somos, ni lo que queremos hasta que no abandonemos las máscaras en el baúl de la eternidad. Seamos. Ni alegres, ni infelices, ni buenos, ni malos… Simplemente seamos nosotros mismos, y elijamos el camino feliz no porque nos engañemos, sino porque consigamos ganarle el pulso a la pena que repentinamente invada nuestros días. Porque esa pena disimulada aparece por una razón, y esconderla solo hará que vaya creciendo lentamente dentro de nosotros, para acabar manifestándose un día cualquiera, cuando no tengamos máscaras a mano, ni pinturas con las que disimular nuestro rostro, cuando el dolor nos lance al abismo que nosotros mismos creamos.
Percibimos el mundo según lo que sentimos en cada momento, y engañándonos solo descubriremos un mundo irreal. Una mentira.



3 comentarios:

  1. ¡,Seamos !!
    Seamos en cada momentos quién y cómo nos sintamos ¡que no es poco !
    Los días grises son necesarios para echar de menos la luz del sol , anhelarla y disfrutar de ella cuando sea que llegue .
    Gracias por estas palabras que te ponen los pies en la tierra pero .... Sin dejar de elevar la vista al cielo ... Si puede ser. Porque la mayor satisfacción que sacas de la vida es ser honesto con lo que sientas y creas.
    He disfrutado mucho leyéndote , muchas gracias , pues.
    Y a sacar la vulnerabilidad a pasear cuando toque.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias Maro, por leerme y entender. Pero sobre todo, gracias por comentar. Un abrazo... y seamos.

      Eliminar
  2. Ja, ja, ja... Se nota que no eres política. si alguien vive como dices no puede ser político, tienen tantas caras... Difícil ser uno mismo siempre, siempre. Aunque solo sea por lo que intentamos agradar. Un abrazo.

    ResponderEliminar