domingo, 24 de enero de 2016

Estimados políticos (y políticas)

Indignación, cap. 8

Tras unas semanas tan ajetreadas, en las que me he reunido con miembros de las redes sociales, (en las redes sociales, se entiende), con personas en barras de bares, con amigos y con familiares en diversos encuentros, creo haber dado con la solución a tanta crispación e indignación. Quisiera aclarar que la palabra indignación no es exclusiva de los que se hacen llamar indignados, como si ellos hubieran acuñado el término, no, porque indignados somos muchos, sin que importe en qué lado nos coloquemos (léase derecha, izquierda, centro, arriba o abajo).
Habiendo escuchado infinitas reflexiones y comentarios en referencia a esta nueva ola política en la que nos sumergimos, en lugar de navegar, creo haber dado con la respuesta a todas las preguntas. Advierto que mi ignorancia es muy superior a la de la gran mayoría, pero como parece que ahora los ignorantes tenemos más credibilidad, haré de tripas corazón y me atreveré a compartir con ustedes, ustedas, vosotros y vosotras.
Considero que, dado que los líderes de todos los partidos políticos están un poco perdidos en el patio de colegio en el que pasan los últimos días, y que es más que evidente la necesidad que tienen por gobernar este país, caiga quien caiga, creo que lo mejor es resetear, y volver a empezar. Nuevas elecciones. Esta es mi propuesta. No es muy original, lo sé, pero es que esta nueva propuesta tiene una salvedad: que todos cambien sus programas electorales. Esos programas que se leen una o dos personas, sin exagerar, y del que cada cual saca lo que más le interesa, deben ser suprimidos y, en su lugar, creo que lo más justo sería escribir un decálogo en el que cada partido incluyera varios puntos, a saber:

-Mentiras repetidas al menos más de tres veces, antes, durante y después de las elecciones.
-Ladrones y corruptos en sus filas, presuntos o no. A tener en cuenta todos los candidatos, hayan gobernado o no.
-Promesas incumplidas según las necesidades (declaraciones que comiencen con un “yo nunca”, o en su defecto con un “nosotros nunca”).

Una vez redactados estos puntos, que creo que todos los partidos podrán completar, sin excepción, los ciudadanos, que somos los que ponemos nuestro futuro en sus manos, tendremos la posibilidad de escoger sin interferencias de periodistas, falsas noticias o propaganda barata. Así, una vez leído cada decálogo, que esperemos no sea muy extenso (esto es una ilusión), tendremos la posibilidad de votar al que consideremos que sea el mejor de los peores. Por descarte, se entiende. Y, a partir de ahí, empezar por el principio, pensando en las necesidades de este país, y de sus ciudadanos, y no en los beneficios de determinados sectores, ricos o pobres, progres o no, fachas o no, altos o menos.
Con la mano en el pecho, y mi orgullo de española, lejos de cantar el cara al sol, de ser facha ni de besar mi bandera, les ruego que sean valientes, tan valientes como hemos demostrado ser nosotros al poner nuestra vida en sus manos. Y sean honestos, que en estos tiempos que corren, las hemerotecas son muy chivatas, y “donde dije digo, digo Diego” es una frase demasiado utilizada y al final vamos a acabar borrando el nombre.

Gracias por todo y buena suerte. 

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