martes, 10 de noviembre de 2015

Etiquetas

¿Y si fuéramos ciegos?, ¿y si no pudiéramos ver los rostros, la ropa o el peinado de los que se cruzan en nuestro camino?, ¿qué ocurriría entonces? 

Hace unos días un amigo se ligó a la guapa de la fiesta, la guapa para ellos y la envidiada para ellas, después se acercó a pedirme mi opinión (¿qué importa si a ti te gusta?), y yo le pregunté, ¿si fueras ciego te gustaría también? Hay decenas de ocasiones en las que nos dejamos llevar por las etiquetas que otros cuelgan en los cuellos ajenos. Nos cuesta dar una oportunidad a aquel que vive la vida de manera diferente, y la envidia recupera la primera posición cuando nos cruzamos en el camino de una persona a la que la gran mayoría señala con el dedo… La solterona debe de ser una rara, porque sigue sin pareja, ¡a su edad!, no importa que ella se sienta una mujer libre y que viva en paz, no, ella es rara seguro; la casada que sale a cenar con sus amigas es una fresca, no importa que después, al llegar a casa de madrugada despierte a su marido para contarle lo bien que lo ha pasado, no, ella es una fresca y punto; el chico guapo y simpático, ese que viste tan bien y que conduce un cochazo es un frívolo, no importa que siga teniendo la misma novia desde hace diez años, ni que haya pasado gran parte de su juventud encerrado estudiando para ser el número uno de su carrera, él es un frívolo; la camarera del restaurante es una borde y una infeliz, que sale de trabajar cada noche a toda prisa para llegar a casa y cuidar de su madre enferma, para madrugar después de unas horas y llevar a su hijo huérfano al colegio, pero ella es una borde; la chica guapa, aquella que se ligó mi amigo, era solo una rubia tonta que pasa las horas delante de un espejo y de compras, y que quiere cazar a uno con pasta, no importa que sea una hija ejemplar, que sepa cocinar casi tan bien como su madre, ni que sea publicista en una de las mejores agencias del país, no, porque ella es guapa, es rubia y es tonta del bote… Podría seguir hasta borrar las letras del teclado, pero mi siguiente novela está esperando su turno con impaciencia y las necesito.

Vivimos en un mundo en el que lo único que importa es la apariencia. El quiero y no puedo. El tener en lugar de ser. Nos catalogan según el lugar en el que vivamos, los locales por los que nos movamos y la ropa que llevemos. Algunos dicen que les da igual, pero a la mínima de cambio te niegan tres veces, sin esperar al canto del gallo. Y no nos damos cuenta que eso es lo que nos hace mediocres, el criticar y el juzgar al resto, simplemente porque no son como nosotros creemos que deben de ser. Pero tener personalidad es como tener clase y educación, son cualidades que el dinero no puede comprar.

Etiquetamos porque envidiamos… y sin embargo, son esos que lucen tales etiquetas los que menos importancia le dan al tema, y los que ignoran comentarios ajenos, porque viven una vida plena y no tienen tiempo para aburrirse con las del resto.




2 comentarios:

  1. Las etiquetas, las primeras impresione,s también ayudan, y mucho, a manejarnos por el mundo, a evitar peligros, a saber en quienes podemos confiar. Porque a veces no hay tiempo para una segunda oportunidad. No hay que criminalizar tanto el "etiquetado" humano. Un abrazo.

    ResponderEliminar