sábado, 28 de noviembre de 2015

Elegí Madrid


Elegí Madrid porque es una ciudad que no me vio nacer, porque aquí crecí, y porque la conozco sin haberme paseado dando vueltas sobre su mapa dibujado. La conocí así como se conocen las ciudades, como mi padre me enseñó a hacerlo, perdiéndome por sus rincones y descubriendo sus secretos. 

Porque en Madrid te pierdes y te encuentras. 
Porque sales a la calle sin demasiada ropa, o con ropa de más porque aunque el día sea soleado sabes que refrescará. Elegí Madrid por sus atardeceres coloreados, por sus gentes, sus aceras polvorientas, tiendas, bares, restaurantes, taxistas impacientes, deportistas, putas de Campo y Montera, soñadores, palacios y Palacios, intelectuales de pancarta. Por su tráfico ensordecedor, sus huevos estrellados, su asfalto eternamente agujereado, sus Farolas y kleenex en semáforos en rojo, sus tirantes calidos en verano, sus jardines de verde imposible, y su ópera enzarzuelada.

Elegí Madrid por tantas razones que un libro entero necesitaría. E intento describirlo al detalle porque quiero que conozcan el lugar en el que tantas veces he vuelto a nacer, el lugar que cada día abre sus puertas a las oportunidades infinitas. Aunque el olor, su olor, falte.
Elegí Madrid por sus rebosantes platos de tradición, por Jesús el Pobre en Semana Santa, por museos con más historia en sus muros que en las obras que cuelgan de sus paredes, por tiendas de firma y de mercadillo, por barrios tomados por grupos marginados, por las canciones de Sabinas y Urquijos (gracias poetas), por sus interminables fotos robadas, por cuentos en bares escondidos y conciertos en lugares clandestinos, casas rehabilitadas en barrios reformados, por la Movida parida en los ochenta, por la Movida que aún sigue vive.
Por luces y sombras alargadas en otoño, atascos y silencios de sirenas, vinos y minis en papeleras llenas, porros y puros, Olimpiadas que no llegan, gentes y gentuzas, el luto de Atocha, conocidos desconocidos y olvidados entre cajas borrachas.

Porque una ciudad sin sonrisa es un cementerio con vida, y Madrid siempre sonríe para dar la bienvenida al viajero que llega, al vecino que despierta o al paseante perdido.
Elegí Madrid porque es la única forma que tengo de agradecerle a este lugar todo lo que me ha regalado. Noches en vela y días perdidos. Respuestas que arrancaba al aire cuando sólo al aire le hablaba. Recuerdos que escupía al asfalto, soñando un agujero, una boca de metro o una alcantarilla. Recuerdos que no volvieran.


Porque en Madrid aprendí todo lo que soy, y espero que me quede aún mucho más por aprender, para la segunda o la tercera parte de esto que escribo. Para un folio más al menos.
En Madrid se vive cada día una vida diferente, y se nos brinda la oportunidad de tomar cualquier camino que decidamos tomar, por muy difícil que nos parezca encontrarlo. Porque sólo en Madrid el demonio se atrevería a salir de su escondite pidiendo ser perdonado.


Por todo esto elegí Madrid.


Imagen: Gran Vía de Antonio López

5 comentarios:

  1. Como madrileña me gusta todo lo que dices. Yo nací aquí, no la elegí, pero tanto mis padres como mi marido, como muchos otros sí han elegido Madrid para quedarse para siempre, sin añoranza del lugar de origen. Aquí nadie es forastero y somos ejemplo de diversidad.

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  2. Siempre me dejas con ganas de más lectura...q bonito hablas cielo...

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    1. Gracias tía! Un beso grande... ¿leíste la novela? Con ella si que terminas "llena" ;)

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  3. Siempre me dejas con ganas de más lectura...q bonito hablas cielo...

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