jueves, 7 de julio de 2016

A veces

A veces no necesitamos nada más.

A veces todo lo que tenemos es suficiente, aunque a veces nos cueste darnos cuenta de ello.
La vida que vivimos necesita escribir un a veces de vez en cuando, porque siempre y nunca son palabras que hay que utilizar con mucho respeto.

A veces estamos soñando tanto tiempo con ese mañana que no llega que nos perdemos el hoy que tanto vale. Y es esta una frase que he repetido tantas veces que creo que hasta mi teclado está un poco aburrido de escribirla. Pero es así, porque a veces esto que tenemos es suficiente y aunque no lo creamos, pocas veces necesitamos mucho más para toparnos con la tan anhelada felicidad.  
A veces amanecemos abrazados a un cuerpo del que desearíamos no despegarnos en años, o compartimos un día con la persona junto a la que nos gusta estar sin necesidad de volar a París o recibir un regalo que nos deje sin aliento, simplemente queremos estar a su vera aunque sólo nos miremos de reojo. A veces descubrimos la magia del silencio compartido, y entonces apretamos los labios con fuerza para que ninguna palabra rompa ese momento único. 
A veces una mirada, un gesto o un te quiero, es lo que necesitamos para darnos cuenta de que después de todo, ya no hay nada más importante… Porque si tenemos la suerte de vivir y de disfrutar de cualquiera de estos momentos, entonces ya lo tendremos todo.

A veces pasamos las horas pensando en la fiesta a la que iremos, en el coche que querríamos tener, o en el vestido que quisiéramos probarnos, fantaseamos con las vacaciones que creemos merecer, con una casa más grande, e incluso esperamos impacientes la llegada del príncipe vestido de azul, o de la princesa dulce y salvaje. Porque lo queremos todo, convencidos de que en ese todo se esconde nuestra felicidad. Pero a veces ocurre que mientras estamos perdidos en esos sueños envueltos con lazos rojos, nos olvidamos de este momento en el que ahora estamos. Y a veces no hace falta nada más, sólo tenemos que estar y disfrutar del lugar en el que la vida nos ha colocado, porque si lo ha hecho es por alguna razón, y de nosotros depende convertir ese rato en un a veces, en un nunca o en un siempre… dependiendo de si dejamos que la decisión sea tomada por nuestra cabeza o por nuestro corazón.

La vida es a veces… y son esos pequeños momentos los que hacen que al final todo importe. O nada importe. Pero a veces nos tenemos que darnos esa oportunidad…  


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