martes, 7 de julio de 2015

Malas compañías


No me gusta ese amigo tuyo.
Las madres no hablan porque sí, pero tienen un séptimo sentido, si contamos también el sexto que dicen que tenemos todas las mujeres, aunque yo aún siga buscando el mío. ¡Y qué rabia daba reconocer que estaban en lo cierto!, aunque en ese momento nos reveláramos, nos indignáramos o defendiéramos nuestro derecho a elegir a nuestros propios amigos. Y si la solución para evitar caer en la tentación era mandarnos al rincón de pensar, allí nos pasábamos las horas, mirando de cerca el blanco de la pared, y sintiéndonos los seres más incomprendidos del universo. La juventud y su atrevida ignorancia. Pero tiempo después llega lo inevitable, y mientras cumplimos años nos damos cuenta de la razón que tenían, porque vemos desde la distancia cómo han pasado aquellos amigos prohibidos por la vida, y entendemos que su amistad no nos habría ayudado para llegar hasta el lugar en el que hoy estamos.  

Con el tiempo una va aprendiendo, a base de sopapos, o por el simple hecho de haber vivido un poco más. Y esos años que vamos cumpliendo nos colocan en lugares en los que la inmadurez no nos permitía estar entonces. Elegir a los amigos es un derecho que tenemos, y como tal podemos hacer uso de él, pero así como lo ejercemos también hemos de ser consecuentes, porque elegir mal es culpa nuestra, no de las malas influencias que se acercan a nosotros. Saber diferenciar lo bueno de lo malo no es fácil, depende del momento y del lugar en el que nos encontremos, pero si hay algo que nos puede dar una pista es que hay personas que sacan lo peor de nosotros, y junto a las que siempre estamos enfadados, o de mal humor o reivindicando algo en lo que ni siquiera creemos. Pero sus palabras tienen tanta fuerza y personalidad que nos acaban contagiando su pasión, y si algo tengo claro, es que la pasión hay que defenderla por encima de cualquier cosa, pero siempre que nazca en algún lugar dentro de nosotros, y no venga impuesta por el entorno.
Si algo tienen los consejos que nos dan cuando aún somos un proyecto de persona, es que estos se quedan en algún lugar escondido dentro de nuestras cabezas, y cuando menos lo esperamos, salen de su escondite para recordarnos las palabras de aquellos que nos quieren incondicionalmente, fortaleciéndonos para enfrentarnos a una nueva decisión. Veo a personas que se dejan llevar por otros, no porque así lo decidan, sino porque necesitan un referente para seguir caminando, y ese referente tiene la virtud de saber jugar con la incertidumbre de los más débiles, convirtiéndose en un falso espejo para ellos… Malas compañías.
 
Para muchos la amistad es familia, y como tal la respetamos. Los amigos de verdad son los que están, aunque no estén, los que sacan lo mejor de nosotros, y los que nos ayudan a ser mejores personas. No nos aplauden cuando nos ven hacernos daño, y no lo arreglan todo con una juerga. Nos alejan del dolor, nos salvan de la locura y nos acompañan en nuestro camino, así como nosotros los acompañamos a ellos. No llenan nuestra cabeza de negatividad, ni de pena eterna, no exprimen nuestra energía y nuestra alegría para después quedarse con ellas. Cada uno es responsable de las elecciones que toma en su vida, y todos nos equivocamos. Pero no está de más que, cuando sintamos que la tristeza gobierna nuestros despertares, nos paremos a pensar un instante y miremos de reojo el mundo en el que vivimos… Porque a veces nuestra felicidad se queda atrapada dentro de nosotros, temerosa de salir a conquistar un mundo en el que sabe que será derrotada por esas malas compañías.
Regreso a mi infancia ahora, coloco a mi madre en el centro del círculo formado por mis amigos, veo como sonríe orgullosa y se marcha sin decir nada. No hay amistad que no le guste, porque sabe tan bien como yo, que me rodeo de personas que sacan lo mejor de mí, que respetan mis repentinas huidas, y que me frenan cuando mi locura pierde el control. Aprendemos más y mejor cuando lo hacemos solos, repasando errores, y pidiendo perdón, pero de vez en cuando no está de más que recibamos una pequeña ayuda, las palabras que nuestra madre nos dijo años atrás, por ejemplo.

Y como de madres va la cosa, Serrat cantará mi hasta luego...
Mis amigos son gente cumplidora
que acuden cuando saben que yo espero.
Si les roza la muerte disimulan.
Que pa' ellos la amistad es lo primero.


 

3 comentarios:

  1. ME HE ENAMORADO DE TU BLOG! ! QUE GRANDES PALABRAS! !

    ResponderEliminar
  2. ME HE ENAMORADO DE TU BLOG! ! QUE GRANDES PALABRAS! !

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias Moni!!!!! El mejor aliciente para seguir escribiendo... un besazo.

      Eliminar