viernes, 5 de junio de 2015

Tonterías

Esta mañana estaba fumando un cigarro en la puerta del hotel, y una chica de unos catorce años se ha acercado y me ha preguntado que por qué fumo. A lo mejor tenía doce, o dieciséis, llega una edad en la que cualquiera se lía con la edad ajena. Y yo he contestado sin pensar: porque a veces hago tonterías… Cierto es que la conversación ha sido en inglés, y quedaba mejor que en castellano.

Se ha marchado disimulando su insatisfacción por mi respuesta, y mi imaginación, que por el mero hecho de ver una hoja caer de una rama ya inventa una historia, se ha puesto a pensar en esto.
Tonterías.
Las tonterías crecen con nosotros, si bien es cierto que durante la niñez o la juventud las hacemos para demostrar al resto del mundo nuestra valentía, a medida que cumplimos años, las seguimos haciendo para entonces demostrar nuestras debilidades, disimular complejos o recordar al niño que fuimos. Pero que caminan con nosotros, es un hecho.

Sería una tontería entrar en una iglesia y empezar a silbar en el momento de la liturgia. Porque si la ceremonia religiosa es algo que no nos interesa, pues lo más lógico sería no ir. Pero a veces somos tan ambiguos como estúpidos, la doble moral y sus raseros. Tontería es enarbolar la bandera de la libertad, cuando en nuestros hogares escondemos a personas atadas con cadenas para que no escapen. Tontería es creer que la utopía es un invento del siglo pasado, porque sigue viva entre nosotros, y generalmente palpita en los corazones de los que creen que lo suyo es suyo, y lo de los demás también es suyo, sin importarles lo mucho que les costara conseguirlo. Tontería es convertir a un hijo en la moneda de cambio para lograr lo que se quiere, olvidando lo único que hay que recordar: el niño y su felicidad. Tontería es lamentarnos después cuando se convierten en almas insensibles, porque así fueron educadas.
Es una tontería engañar a tu pareja en un lugar en el que puedes ser visto, porque el Mundo es más pequeño que el famoso pañuelo con el que es comparado a veces, y serás cazado. Tarde o temprano. Y bien sabemos los que hemos lucido cornamenta en alguna ocasión, que no duele tanto el engaño como la mentira inventada por el cobarde. Tonterías de los mediocres.
Beber más de la cuenta sabiendo que nuestro cerebro será el encargado de conducirnos de vuelta a casa. Tontería absoluta. Atiborrarse a comida los últimos días del mes, o del año, convencidos de que el día uno empezamos a cuidarnos, inscripción en el gimnasio incluida. Tontería. Entrar a ver una película de miedo del miedo al cine, y pasarse dos horas con los ojos cerrados y las orejas tapadas con nuestras manos sudorosas. Comprar una prenda de ropa una talla más pequeña, porque seguro, seguro, que en dos semanas nos quedará como un guante. Reventado, eso sí. Tontería.
Hacemos tonterías sí. Y nos enfadamos con los niños que se suben a lo alto de un árbol para demostrar al resto de la pandilla quién es el líder, cuando nosotros, convertidos en lo que se supone que es una persona adulta, hacemos estupideces que llevadas a su escala sería como trepar cuatro árboles como aquel. ¡Cuánto podemos aprender de los enanos que nos rodean!
Tontería es enzarzarse en una pelea en la que defendemos algo que tampoco nos importa mucho. Darle vueltas a la cabeza acerca de algo que aún no ha pasado, pero que podría pasar. Y ponernos a preparar la paella cuando ni siquiera sabemos si se pone antes el arroz o el caldo. Tontería es ponerse al sol sin protección para nuestra piel, subirse a unos patines cuando llevas más de dos décadas sin hacerlo, y leer la última frase de un libro antes de empezarlo. Tontería es creer que si mi amigo no ha podido hacer eso, yo tampoco podré. Y de repente decidir que quieres ser madre cuando pasas los cuarentaytantos porque no te quieres quedar sin vivir esa experiencia…  Después de una vida entera repitiendo que la maternidad no está hecha para ti.
El problema llega cuando creemos que son los demás los que hacen tonterías, sin pararnos a pensar que no hay mayor tontería que esta misma: creer que los demás se equivocan en todo lo que hacen, o dicen, y que nosotros tenemos la razón absoluta. Tontería. Una de las más grandes de todas.


 

2 comentarios:

  1. Lo que está bien es hacer tonterías sabiendo que lo son y sin intentar disfrazarlas de cosas serias. Lo malo es hacer el bobo aparentando que se lleva a cabo algo solemne y trascendental, pero es peor aún que los que te rodean te aplaudan como si, en efecto, esa tontuna fuera algo magnífico.

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    1. Inmadurez me temo, que casi siempre encuentra una razón para justificar esas tonterías...

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