lunes, 11 de mayo de 2015

¿Te quieres casar conmigo?

-¿Te quieres casar conmigo?

Se lo preguntó por primera vez a las pocas horas de conocerse. Ella respondió, convencida de que aquello no era más que un juego. Y dijo sí. Pero a medida que el tiempo iba pasando, mientras el calendario ya empezaba a contar en meses el tiempo que duraba su noviazgo, aquello se convirtió en una realidad. Su realidad.
Sí, me casaré contigo, respondía ella cada día. Y él sonreía contento. Ninguno de los dos pensaba en celebraciones, ni en fechas anotadas en sus agendas. Su compromiso era solo de ellos, y a nadie más le importaba, porque nadie más estaba invitado.

Cada vez que él escuchaba su respuesta, se giraba y seguía ocupado en sus cosas. Solo le importaba escuchar que ella dijera sí, porque eso significaría que su ilusión seguía siendo la misma del primer día, y que era a su lado donde quería estar. Ella no fantaseaba con vestidos ni con flores, no perdía tiempo buscando el lugar soñado para la celebración, porque nada de eso era importante… Nunca se prometieron  nada, porque con cada despertar daban la bienvenida a un nuevo compromiso, sin un te quiero ni un para siempre, sin planes de futuro. Y cada noche, los dos se sentían dichosos, por poder perderse en sus sueños abrazados al cuerpo que amaban.
La primera vez que él no se lo preguntó, ella vagabundeó perdida entre sus dudas y sus miedos. Esperó nerviosa hasta la medianoche, y antes de despedir el día se armó de valor y con la voz temblorosa le hizo la pregunta. Todos los días, respondió él. Y respiró aliviada. Por fin supo lo que él había sentido cada vez que se lo preguntaba, el nerviosismo de creer conocer la respuesta, y el temor a estar equivocado. Su corazón se aceleró emocionado durante unos segundos hasta que él aceptó, y entendió entonces que la respuesta era tan importante como lo era la petición. Que su intención no era otra que la de saber que ella quería estar a su lado, que no elegía a otra persona, y que si lo elegía a él era porque era con él con quien quería estar. Porque a veces no es al amor al que le ponemos pruebas, sino a nosotros mismos. Y no importan las razones, no importa por qué nos elegimos, ni qué es lo que nos enamora de la otra persona. No importan los planes de futuro, ni las palabras que a veces solo la emoción es capaz de decir. Porque cuando pasa una vida, lo único que importa es que al echar la vista atrás estemos felices por las decisiones que tomamos, nos equivocáramos o no, pero fue lo que nuestro corazón eligió vivir. Y si en ese paseo por el pasado descubrimos que todos los días, cada día, fuimos capaces de contestar sí, quiero, entonces significará que tuvimos la suerte de encontrar a nuestra persona.

Es la rutina uno de nuestros mayores enemigos, y de nosotros depende encontrar la manera de luchar contra ella. No importa cómo lo hagamos, ni los miedos a los que nos tengamos que enfrentar para lograr nuestra victoria. No importa si respetamos las reglas o tradiciones inventadas por otros. Lo único importante es que la vida nos pertenece, que de nosotros depende cómo la vivamos, y si somos afortunados y nos topamos con alguien que cada mañana al despertar nos pregunta si nos queremos casar, no tengamos miedo a decir sí todas las veces. Todos los días. Porque eso solo significará que somos capaces de volver a enamorarnos una y otra vez de la misma persona, a pesar de la incredulidad de aquellos que nos aseguran que esto es imposible.
Hoy no, dijo en una ocasión, hoy no me casaré contigo. Él esperó paciente a que volviera amanecer, y de nuevo descubrió el brillo en su mirada, justo antes de escuchar sí, todos los días…
 
 

 

10 comentarios:

  1. A mi también me sucede que cada texto que escribes es una bienvenida a un nuevo compromiso, sin planes de futuro, que me da ánimos para un comentario. Y cada noche, me siento dichoso de volver a leerte.
    Pero también me asaltan las dudas, los miedos y cierto nerviosismo por si algún comentario que plantee reciba una respuesta que no esté acorde con la intención con que lo escribo pues es mi corazón el que habla y éste no es racional. Pones un acento especial al vivir diario para que la rutina no invada la existencia y en ese posible imposible ahogo, en el brillo de tu escrita, la incredulidad de que eres real y que al dirigirte al mundo virtual también me estás hablando a mi.

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    1. Si mis letras provocan cosas buenas, entonces ningún comentario será desacertado... gracias!!!!

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  2. Qué fácil debe de ser escribir bonito cuando vives una fantasía. Baja de la nube ya... el tortazo va a ser increíble.
    No eres la única. Ojalá recuperes el amor propio.
    suerte.

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  3. Hola, Laura:

    Hacía un tiempecito que no me colaba por aquí, pero hoy, al hilo de lo que dice nuestro realista anónimo, me gustaría contar algo.

    Hace unos cuantos años, un compañero de trabajo aficionado a la fotografía me enseñó unas cuantas fotos que me encantaron. Eran de florecillas silvestres, muy sencillas, pero que hacían que las imágenes fueran verdaderamente bonitas. Pensando que las habría tomado en algún paraje montañoso de belleza incomparable, alejado de nuestra ciudad, me dijo que esos rinconcitos estaban en la cuneta de la carretera que nos llevaba a nuestro centro de trabajo. Carretera que yo transitaba a diario sin ver nada parecido a lo que mi compañero vio. Yo daba por hecho que en esos laterales llenos de hierbajos resecos no podía haber nada digno de interés ni estéticamente bello, pero me equivocaba. Sí lo había, pero sólo lo veía aquel que lo buscaba.

    Es cierto que la vida no es un camino de rosas, sobre todo para algunas personas, pero no es menos cierto que no todo es negativo y horrible. Laura nos cuenta historias en las que se ponen de relieve cosas buenas. ¿Qué problema hay con ello? ¿Prefieres que se dedique a decirnos lo injusta que es la vida, lo malvados que son algunos, lo golfos que son otros o con quién han visto al último tronista de "Mujeres y Hombres y Viceversa"? Si eso es lo que te mola, tienes montones de blogs dedicados a ello. Te lo digo porque a mí también me gustan esas cosas, pero, cuando me canso de ellas, paso por aquí y sé que lo que voy a leer será agradable. Y eso me gusta.

    A lo mejor algún día dejamos de pensar que todo tiene que girar a nuestro alrededor. Que si yo estoy triste, todo el mundo tiene que estar triste, si estoy alegre, todo el mundo tiene que estar alegre, si me gustan las lentejas, a todos les tienen que gustar...

    Sería mejor que, si estamos tristes, busquemos a alguien que esté alegre para que nos contagie. Si estamos alegres, busquemos a un triste para intentar animarle. Si nos gustan las lentejas... Mejor alejarnos de los demás, que causan unas magníficas flatulencias.

    Saludos para quien los quiera.

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    1. Hola Pablo!!!!!!
      Me levanto y aplaudo. No me importan las críticas anónimas, porque normalmente son escritas por personas que se esconden en la sombra deseando que todos acaben ahí. En la sombra. GRACIAS por escribir tan bonito, tu comentario me gusta porque es la realidad en la que vivo, que aunque todo esté mal en mi vida a veces, que ocurre, siempre hay una oportunidad para sonreír, venga la oportunidad de la mano de quien venga, anónimo escritor o persona conocida. Me gusta ver que hay personas que, como yo, se centran en las cosas bonitas. Porque el optimismo se contagia... igual que el pesimismo. Un besazo.
      GRACIAS

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  4. Me ha gustado mucho tu entrada. Puede existir el amor muy, muy duradero. Un abrazo.

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  5. Me ha gustado mucho tu entrada. Puede existir el amor muy, muy duradero. Un abrazo.

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