martes, 5 de mayo de 2015

Los que deciden por nosotros

Nos dicen qué vestido debemos ponernos, cómo peinarnos, qué tacones lucen mejor en nuestra pierna e incluso el color de la barra de nuestros labios. Eligen incluso el ritmo de la música para que bailemos. Pero no, no siempre hacemos caso, aunque las recomendaciones estén ahí, hay ratos en los que decidimos por nosotros mismos, arriesgándonos a escuchar de nuevo: advertido estabas.

Y lo mismo pasa con los sentimientos. Hay veces que tu entorno te dice qué es lo que debes sentir, cómo debes sentirlo y cuál es la mejor forma de actuar. No importan las explicaciones que des, porque a menudo estarás equivocado, y son ellos los que lo saben, ellos que olvidan sus vidas para hablar de la tuya y que te dicen que hagas lo que son incapaces de hacer con sus cabezas y corazones. Son palabras que desestabilizan, que crean una duda que no existía hasta ese momento y que nos obligan a dejar de compartir nuestra felicidad por aquello que nos roba la sonrisa.
Pero no, no se puede enseñar a sentir, porque las emociones son irracionales, sentimos y punto. Podremos aprender a gestionarlas, e impedir que se anclen en nuestro interior cuando no nos hagan el bien. Pero de ahí a decir: no, no me enamoro porque esto es malo para mí. Pues no. Eso lo dejamos para los que nos visitan desde otro planeta, que seguro que hay más de uno entre nosotros.

Llenamos nuestra vida de experiencias más o menos satisfactorias, aprendemos la lección con cada una de ellas, e intentamos no repetir los mismos errores que nos lanzaron al abismo de la decepción. Pero eso no significa que cuando alguien irrumpa en nuestra vida nos demos la vuelta y salgamos corriendo, a pesar de que su llegada haga dar brincos de alegría a nuestro corazón adormecido. Sea química, destino o complicidad. Pero que el corazón salta cuando algunas personas aparecen, es una realidad. Podemos ser cautos, interpretar las señales que de verdad nos envían y no inventar una realidad paralela, ya sabemos que en ocasiones optamos por vivir lo que inventa nuestra imaginación y esto sí que puede resultar ser peligroso. Pero no, que no nos digan lo que es bueno o malo para nosotros, porque eso es algo que muchos ya sabemos, porque no todos vivimos de la misma manera,  y si algunos decidimos arriesgar será porque hay algo que nos haga seguir adelante.
Tenemos derecho a vivir lo que queramos vivir, porque para algunas personas no intentarlo significa fracasar. Podemos elegir el cuerpo al que queramos abrazarnos, y la mirada que le regalamos al que nos mira. Algunos no pensamos en mañana, sí, puede que por culpa de ello nos lamentemos con más frecuencia, pero preferimos vivir este momento que es hoy y hacerlo en este lugar, exprimir cada segundo regalado por la vida, aunque después tengamos que bajar la cabeza y dar la razón a los que nos advirtieron con el dedo en alto, pero por lo menos lo vivimos. Y eso es mucho más importante que lamentarse por no haberlo intentado.

No dejemos de escuchar las voces de aquellos que nos hablan, porque su interés no es otro que protegernos, pero tampoco dejemos de lado nuestra pasión ni nuestra ilusión, porque si no nos volvemos locos por el amor, ¿qué nos queda entonces?

No nos arrepintamos de lo vivido, confiemos en las personas que aparecen, porque no todos llegan para dañarnos, demos una oportunidad a nuestros corazones, y si después llega la decepción, al menos nos queda disfrutar de lo vivido y el orgullo de saber que nosotros sí que lo hicimos, que amamos de verdad sin pensar en las consecuencias. Y descubrir nuestra capacidad de amar un imposible, es mucho más gratificante que el hecho de no haberlo intentado.
 
 

2 comentarios:

  1. Llego de viaje y , con calma, te leo. Cuando se escribe, como tú lo haces, a mi se me revuelve algo dentro. Sé que esa vulnerabilidad que padezco, y que he alimentado a lo largo de mi existir, me crea cierta dependencia hacia las personas con las que parece que sintonizo. Esto viene motivado porque me hacen creer que tienen sensibilidades similares y esto, como comentas, me hace que me entregue a la oportunidad que se me brinda. Espero que nunca te moleste mi incursión en tu palabra que alegra mi existir. Nadie me privará de disfrutar lo vivido ni de gozar de la posibilidad de aproximarme a lo imposible. Gracias.

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    1. Feliz regreso José Luis, siempre agradecida al saber que mis letras no sólo se leen, sino que también se sienten... y eso es algo que nos hace iguales, porque las leemos de la misma manera. Un abrazo.


      Gracias.

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