domingo, 12 de abril de 2015

El espejo

Me sentaré a escribirte ahora que estás aquí, más presente que nunca. Ahora es cuando debo sentarme aquí para hablarte e intentar entender las razones por las que a veces sales corriendo, huyendo del todo y de la nada. Huyendo sin más. Intentaré que mis letras te ayuden a volver; a encontrar ese camino por el que a veces paseas tranquila, ese camino en el que incluso eres capaz de soñar. Te confesaré que no eres la única que tiene miedo, no eres la única que está asustada imaginando lo que vendrá mañana. Yo también lo estoy, también tengo miedo, pero es un miedo que puedo controlar, es un temor que nace en el pasado, una vuelta a lo vivido, un regreso a la locura. Pero ahora es el momento de mirar hacia delante, no girarse sin regalar una mirada disimulada al ayer que intentamos esconder; pues mañana siempre será mejor, y en mañana encontraremos la vida que creemos que nos robaron.

Me sentaré a escribirte. Ahora que necesitas mi voz más que nunca y no puedo hablarte, ahora que ni siquiera sabes lo que sientes. Ahora que tu alma vuelve a tambalearse sin razón, ahora que sé que me necesitas de verdad. Y entre los dos conseguiremos que entiendas quién eres, lograremos que creas en ti, y te prometo que conseguiremos que no vuelvas a tener miedo.

He estado a tu lado siempre, durante tu corta larga vida. Nunca te he defraudado, y no lo haré ahora. No te abandoné ni siquiera un instante, sólo te dejé marchar; dejé que pasearas por el universo que tu imaginación inventaba para que te encontraras, para que supieras quién eres para que quisieras regresar frente a mí y mirarme orgullosa. Y volviste. Sabía que volverías. Ahora que tu mirada tiene las arrugas invisibles que sólo la vida vivida es capaz de regalar, ahora que tu sonrisa se ha dibujado en tu rostro resignado, ahora que pisas por donde antes temblabas, ahora sé que puedo sentarme aquí a hablarte, porque ahora por fin ya sabes quién eres, aunque tu cabeza quiera confundirte sin razón. Y nunca dejaste que la razón guiara tus pasos, no lo hagas ahora. Ahora no.

La primera vez que clavaste tus ojos en mí, supe que no sabías lo que estabas viendo, y tu mirada no era capaz de mirar más allá de lo que tus ojos ven. Pero el tiempo te fue regalando eternos segundos paralizada frente a mí, observando cada gesto de tu cara, aprendiste a verte sin verte, aprendiste a quererte mirándote.

Lo has conseguido, estás cumpliendo tu sueño y yo seguiré estando a tu lado. No seré más que un mero espectador de tu vida que disfruta emocionado de cada despertar que te salude. Pasearás por delante de mí indiferente, como siempre lo has hecho, y si en alguna ocasión te paras, sabré que lo haces para ver más allá de tu rostro, más allá de tus arrugas, más allá de tus máscaras… y yo, emocionado, sonreiré orgulloso.

Lo has conseguido. Eres lo que siempre soñaste. Y nunca me preguntaste si eras bella, o hermosa; me colgaste en una pared frente a la que apenas te paras. Pero yo siempre te miraba, y me gustaba verte crecer. Me gusta ver la mujer en la que te has convertido.

Ahora te regalo este rincón, para que los dos escribamos, para que contemos lo vivido y para caminar tranquilos hacia ese mañana, que es hoy.


 

4 comentarios:

  1. Algunos espejos saben demasiado. Yo prefiero no tener ninguno en mi habitación porque, en la oscuridad, me asusta cualquier reflejo que se atisbe en él, y el del cuarto de baño sólo me ve afeitarme y lavarme los dientes, así que creo que me conoce poco.

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  2. Pues siento decirte que entonces eres tú el que se conoce poco... El espejo sólo cuenta verdades.

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