lunes, 9 de marzo de 2015

Palabras

Queridas amigas, conocidas y desconocidas.
Queridas todas.
No creáis que el capítulo de hoy os lo dedico a vosotras; mujeres, mujercitas y mujeronas, pues vuestras historias merecen sin duda mucha más inspiración que con la que hoy escribo en este folio. Estas son letras dedicadas a esos hombres y hombrecitos, que se empeñan en reinventarse por y para nosotras, y a los que engañamos fingiendo creer lo que sus mentes fabrican con un único objetivo: ¿conquistarnos?

No entienden que sólo elegimos creer lo que queramos, y no fingimos por ellos, sino que lo hacemos por nosotras, para sentirnos importantes y especiales por un instante.

Aunque sólo sea en nuestra imaginación…

Si querías enamorarte: olvídalo, si quieres divertirte, entonces cree sus palabras.

¡Ay!, palabras...  

Palabras que inventó una noche para otro cuerpo. Palabras que habló para romper el hielo. Palabras mentirosas que te hacen sentir, palabras bondadosas que engrandecen tu ego. Palabras que como alguien dijo tiempo ha, se las lleva el viento. Palabras que sólo cree tu cabeza, muy lejos de tu corazón en ese momento. Palabras que no cree un alma zurcida. Palabras, palabras, palabras.

No existen sólo para ti querida amiga, no son de tu propiedad exclusivamente, inevitablemente. Son letras compuestas para engañarte en la noche y para endulzar tu despertar. Y el mío, y el de todas.

Palabras ya escritas, contadas y cantadas. Palabras traducidas, lengua universal de las gargantas. Palabras cautivadoras y bien buscadas. ¡Cuánto miente el hombre! ¡Cuánto cree la dama! Palabras que nunca serán tuyas. Palabras robadas. Imitadas. Copiadas. Palabras que harán que está noche la nit del foc ilumine tu cama.

Más palabras. Palabras infinitas, perfectamente entonadas.

No me pidas consejos amiga mía, eres tú quien debe creerlas, y sentirlas como tuyas. Y debes aprender que una noche es una noche, y que las noches pasan. Se suceden y se olvidan, ¿o se recuerdan todas?

Y si la noche es buena y acaba en día, mañana tendrás más palabras, muchas más... aunque las compartas con otras. Que el amor no necesita de palabras, pues el silencio a veces es el que mejor habla.

Palabras, palabras… arma de hombres, veneno para mujeres.

¡Gracias palabras!


 

9 comentarios:

  1. Bravo!... y lo dice un hombre muy dado a soltar palabras de las que hablas, entiende pues mi anonimato... pero de todas las mujeres que me han recriminado decir tantas palabras, me quedo contigo. Lo has entendido... ¿cambiaremos algún día?
    Gracias por tremendo espejo para muchos.

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    1. La pregunta es si lo haremos nosotras y dejaremos de seguir fingiendo que las creemos...
      ¡Qué complicado todo, ¿no?!

      Gracias por escribir, el anonimato es lo menos importante, y más en este caso que no importan los nombres... sólo las palabras.

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  2. Las palabras son un símbolo de nuestra vida. A través de ellas podemos escribir sobre nosotros mismos, sobre quiénes somos, qué pinta tenemos por fuera, cuáles son nuestros sentimientos, qué nos gusta, qué nos desagrada, quiénes son mis padres, qué amigos tengo... y tantas y tantas cosas más.
    Las palabras son como la voz de nuestro interior; conocen todos nuestros secretos, se acuestan en nuestra cama, se sientan en nuestra silla, hablan en nuestros sueños, comen en nuestro plato, salen con nosotros de paseo, nos acompañan cuando estamos solos, cuando existimos silentes...
    La palabra es lo más importante que tenemos en propiedad, lo más nuestro. Lo que decimos es un reflejo de lo que pensamos. Lo mismo nos pueden llenar de gozo que entristescernos, transportarnos a lugares lejanos y hacer vivir experiencias fantásticas o llevarnos a decir cosas de las que tengamos que arrepentirnos. Existe siempre la palabra adecuada para nombrar algo aunque a veces nos parezca que no son suficientes para expresar lo que vemos o lo que sentimos.
    Toda nuestra vida se rodea de palabras y esto debería hacernos comprender la energía que nos dan para vivir y como vamos dando y tomando palabras. Deberíamos de pararnos a pensar alguna vez:
    ¿De donde vinieron las palabras que utilizamos?
    ¿Quién nos las entregó?
    ¿Para que nos las han dado?
    ¿Qué hacemos con ellas?
    Nosotros pensamos que sólo existen las palabras que empleamos, las que tenemos pegadas a los labios, las que se usan en casa, las que corren detrás de nosotros en la calle, en el pueblo o en la ciudad en los que vivimos. Pero existen muchas más palabras, de todo tipo y de mil formas: las hay que sirven para las aldeas, para otros pueblos, para las ciudades, para muchos oficios, para los deportes, para las ciencias, para cualquier cosa que hagamos, pensemos o soñemos. Algunas viven en distintos rincones: en las tiendas, en los mercados, en las calles, en un parque... Otras sirven para otras épocas porque sabemos que las personas viajamos en el tiempo y vamos de un año a otro cambiando de costumbres, trajes y palabras
    Representan para nosotros más que un grupo de letras. Con las palabras nos expresamos. Son como el alma de las personas que encontramos cada día dedicando su tiempo a comunicarnos algo.
    Si las usamos correctamente atinamos de lleno con lo que queremos decir, si nos equivocamos en su uso confundimos al que nos escucha o simplemente no entenderá lo que quisimos decir. Así que las palabras, el buen uso de ellas, es un tema muy importante si queremos comunicarnos.
    Las palabras pertenecen a todas las personas y sirven para relacionarnos. Han pasado por la boca de los bisabuelos, de los abuelos, de nuestros padres y seguirán en nosotros, los hijos, en nuestros nietos y bisnietos. La vida se hace poco a poco, mucho de ella se forma gracias a las palabras que intercambiamos con los otros, las que podemos ofrecerle a los demás y las que los demás nos ofrecen a nosotros. Somos una conversación.
    Cinco importantes palabras:
    Reconozco que me he equivocado.
    Cuatro agradables palabras:
    Estoy orgulloso de ti.
    Tres palabras amigables:
    ¿Que opinas tú?
    Dos palabras cariñosas:
    ¡Te quiero.!
    Una palabra educada:
    Gracias.
    Una palabra dicha sin pensar puede servir de riña.
    Una palabra amable anima la vida.
    Una palabra alegre ilumina el día.
    Una palabra oportuna calma la fatiga.
    Una palabra de cariño puede que cure lo que ella produce en mí.

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    1. ¡Perdón! No sabía que había largado tanto rollo.

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    2. Jajaja... es que te dejan unas cuantas palabras y me montas una revolución... Poco más que añadir a tu comentario, porque si me lo permites: me has dejado sin palabras... pero de las de verdad, que yo de las mentirosas no entiendo...
      ¡Feliz semana!

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  3. Así que los hombres somos unos mentirosos. Interpondré una querella contra ti, Laura, por atentar contra el honor del colectivo masculino.

    ¡Que no! ¡Que es broma!

    A lo mejor alguna exageración o mentirijilla se cuela entre tanta palabra del donjuán de turno, pero tampoco va a quedarse uno callado. Algo habrá que hacer para hacerse notar. No bastará con decir "hola, tronca, me molas mazo". Bueno... A lo mejor sí basta.

    ¿Y si uno se calla y no dice nada? ¿Si se limita a mirar con las pupilas en forma de corazoncito? ¿Crees que eso sería mejor que decir alguna cosa bonita (aunque sea un poco mentira)?

    Ahora que lo pienso, también se puede hablar de cualquier cosa, incluso trascendental e intensa, sin necesidad de andar piropeando ni soltando "palabras robadas", pero no sé si sería tan efectivo (esto lo digo por lo que me han contado, que yo sé poco de ello).

    Lo que sí me parece cierto es que uno puede quedarse prendado de alguien sólo oyendo lo que dice o leyendo lo que escribe. Sin necesidad de que se lo diga o escriba a uno. Las palabras bien dichas (cierto es que cada cual tendrá su criterio acerca de lo que es eso) pueden encandilar a cualquiera y hacerle formarse una idea excesivamente idílica del artista que las pronuncia. Pero hasta los más avezados literatos, poetas y oradores, en las cortas distancias pueden perder todo su encanto, ese que los hacía tan irresistibles en la distancia.

    Menos mal que no todos somos iguales, así que seguro que hay hombres que dicen cosas bellas porque lo sienten de verdad y artistas de la palabra que, de cerca, son mucho más interesantes, si cabe, de lo que se intuye al leerlos o escucharlos en la distancia, y esto último vale para hombres tanto como para mujeres.

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  4. No querría que mi respuesta fuera más breve de lo que mereces. Pero lo cierto es que me has dejado sin palabras. Poco más que añadir... Tienes mucha razón, intento no generalizar, pero escucho un algo y me vengo arriba, sin plantearme que como en este caso, hay otras verdades.
    Y lo mejor de todo es que las conozco, porque he escuchado palabras muy de verdad... Muchas. Pero cada cual tiene que vivir su aventura, y aprender al respecto.

    Pero también te digo que hay veces en las que escuchar algo lindo es necesario. Aunque dejes de creerlo al minuto.... pero ese instante es tan necesario como mágico. Opino.

    Lo importante, una vez más, es que cada cual sea como es y que nunca olvide que haga lo que haga, o diga lo que diga delante de él hay otra persona que puede no estar viviendo su misma fantasía.

    Gracias. De nuevo... ¡Cuánto me enseñáis!

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    1. Me encantan estos debates sinuosos en los que se va cambiando de posición según la gente va aportando ideas (o tontunas, que es lo que mejor se me da a mí).

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  5. Difícil que yo cambie de ideas... pero escucho y respeto... Lo que escribo, aunque lo haga en primera persona, no siempre tiene mi voz.

    Viva el aprendizaje!!!!

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