domingo, 17 de abril de 2016

Mariposas amarillas


“Cuando Mauricio Babilonia empezó a perseguirla, como un espectro que sólo ella identificaba en la multitud, comprendió que las mariposas amarillas tenían algo que ver con él. Mauricio Babilonia estaba siempre en el público de los conciertos, en el cine, en la misa mayor, y ella no necesitaba verlo para descubrirlo, porque se lo indicaban las mariposas.”

Cien años de soledad
Gabriel García Márquez


Nadie habla de Mauricio Babilonia y de sus mariposas amarillas.

A pesar de los pocos renglones que Gabo le dedicara en su obra tantas veces leída, no quiere decir que considerara que éste, fuera un personaje menos importante. Sino todo lo contrario. Lo que ocurre es que nadie habla de él porque no lo toman en serio, puede que por culpa de las mariposas, ¡qué ingenuos! Porque Mauricio Babilonia es un personaje real. Yo lo conocí. Fue un día hace mucho tiempo, no recuerdo exactamente cuándo pero sí, yo le conocí. Entró precedido de las mariposas que aunque en un principio me parecieran celestes, luego resultaron ser amarillas. Miré al cielo y sonreí. Supe entonces que él, el genio inmortal, inventó a Mauricio para que yo no me rindiera en mi búsqueda. Y por eso sonreí, feliz por no haber dejado de creer nunca en la magia que acabó mezclándose con mi realidad. Realismo mágico, lo llaman.

No, cuando se habla acerca de Cien años de soledad, no se habla de Mauricio Babilonia, pero sin embargo muchos mencionan a sus mariposas. Y eso no está bien. Ellas existen porque Mauricio existe, viven y revolotean porque él se pasea por la novela un ratito. No se puede quedar uno sólo con lo bonito de la historia, eso no está bien. Seamos justos, si las mariposas le eligieron a él, sus razones tendrían… Porque aunque aparentemente pareciera ser un hombre común, en realidad era todo lo contrario. Mauricio era un ser diferente, un hombre de melancólica mirada, envuelto en un aire de ensueño, que siempre decía las palabras que no se debían decir, y que las decía sin temor alguno. Un hombre que disimulaba su miedo atreviéndose a hablar seguro de lo que decía, aunque lo hiciera susurrando. Tan natural en su andar y en su forma de vivir, que ni siquiera hacía mención alguna acerca de las mariposas que siempre le acompañaban.

Nadie habla de Mauricio Babilonia.
Preferimos hablar de los protagonistas, personajes que cuentan con párrafos infinitos, y de los que conocemos hasta sus secretos más íntimos. Pero,  ¿quién quiere identificarse con el trabajador de un taller que aparece y desaparece con la misma rapidez que aletea una mariposa? Pocos. Nadie. Porque las personas no creen en la magia. Prefieren la realidad, pero no nos engañemos, la realidad no es tan bonita. No siempre hay colores. Ni mariposas.

Yo conocí a Mauricio Babilonia hace mucho tiempo, aunque no hace tanto. Y si se me concediera un deseo pediría que en esta segunda oportunidad que se le ha brindado lejos de Macondo, su vida no acabara como lo hizo entonces: en soledad y  atormentado por los recuerdos y por las mariposas amarillas que no le concedieron un instante de paz.



A ti querido Gabo, gracias por no morirte nunca.

13 comentarios:

  1. Me has dejado muda... sin palabras. Impresionante, no sé qué es lo que estás haciendo, pero sea lo que sea, ¡sigue!
    Gracias. Precioso. Increíble.
    Alucinando me dejas.

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    1. ¡Caramba! Pues si todo eso es bueno, me alegro muchísimo. Gracias, eternamente agradecida, yo tampoco sé lo que estoy haciendo... me dejo llevar.
      Muchas gracias.
      Un saludo.

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  2. Despertar con un texto tan bonito bien merece un aplauso y un agradecimiento.
    M.

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  3. Precioso. Felicitaciones por tu escritura de la lectura...

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    1. Muchas gracias. El mérito es más del que inspiró el escrito.
      Muchas gracias.
      Un saludo.

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  4. Es maravilloso que alguien pueda ver a un personaje así, pero te adelanto que tan especial es la persona que describes como lo eres tú por verlo... Espero que Mauricio se deje guiar por sus mariposas, que si llegaron a ti también fue por algo.

    No tengo cuenta google y no sé cómo poner nombre. Lo siento.
    Mario.

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    1. Hola Mario, gracias por comentar a pesar de que google te lo ponga difícil.
      Es bonito lo que dices, yo también lo creo, que cuando somos capaces de ver ese algo en alguien especial, es por una razón.
      No todos ven las mariposas, o al menos no le dan la importancia que tienen.
      Un saludo. Muchas gracias.

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  5. Reconozco mi ignorancia por no haber leído "Cien años de soledad". He tenido que cotillear en la Wikipedia para saber algo de don Mauricio y sus mariposas amarillas. Como no me resisto a comentar algo (ya me he acostumbrado a ello), diré que, en muchas ocasiones, las personas o personajes menos relevantes en apariencia, pueden ser mucho más importantes que los que están en boca de la gente a todas horas. Los últimos son el escaparate de lo que hacen los primeros y, habitualmente, se llevan la gloria de sus éxitos y, no tan habitualmente, el desprecio por sus fracasos.

    Particularmente creo que la existencia es más grata en el anonimato. Es posible que Mauricio Babilonia hubiese preferido que las mariposas amarillas revoloteasen al lado de otro. Así habría pasado más inadvertido aún y quizá la malvada Fernanda no se habría percatado de su existencia (de lo que se entera uno leyendo la Wikipedia).

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    1. Cada libro tiene un momento. Puede que Cien años de soledad aún no haya encontrado su momento en tu vida.
      Llegará. O no.

      Por favor, Wikipedia no. Para libros no. Y para García Márquez menos... Gracias.
      Un abrazo

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  6. Con la boca abierta estoy...
    Gracias mi vida.
    😙❤

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  7. Con la boca abierta estoy...
    Gracias mi vida.
    😙❤

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