sábado, 2 de abril de 2016

Las oportunidades olvidadas


La primavera es tiempo de felicidad para los que buscan el amor, y un enemigo para algunos enamorados. Las hormonas se alteran al mismo ritmo que lo hacen nuestras vidas. El invierno se empieza a terminar. Otra vez. Se está despidiendo cansado de escuchar nuestras gélidas súplicas. Y junto a él también se marchan las personas de algunas relaciones, no de todas ellas, pero sí de muchas. Es lo que tenía que ser, sí puede que ésta sea la explicación más coherente, y me temo que aquí está el problema: en la coherencia, absurdo calificativo para definir la mayor sinrazón que existe, o sea el amor.

Las personas ya no se enamoran como antes, y escribo esto con una seguridad tal, que cualquiera podría dibujar más arrugas en mi rostro de las que realmente me he ganado, pero hay frases de vieja loca dama cuerda que aparecen sin saber de dónde vienen. Así funcionamos mis otras personalidades y yo. No, las personas ya no se enamoran como antes, como en los tiempos del cortejo eterno… Ahora se miran, se gustan, se acercan, se mezclan, y se comparten manteniendo una distancia prudente entre sus corazones, sacándose partido mutuamente (signifique lo que signifique esta frase), y pensando en hoy o en mañana, según el interés de cada uno.

Mi teléfono echa humo en estos días, no le importa que yo esté cogiendo flores por la orilla de un río perdido en medio de la montaña, por decir un ejemplo imposible, o paseando por cualquier calle que hable un idioma diferente. Mi teléfono suena, y yo contesto con tanto miedo como pena. Intuyo la conversación. Una, dos y tres veces. Una, dos y tres rupturas. Las rupturas conviven entre nosotros, nacen, crecen, se reproducen y lloran… Me quedo sin argumentos, lo sabía, ¡claro que lo sabía!, pero hay cosas que una no puede decir, así que intento despedirme con una de esas frases optimistas e irreales que alguien inventó años atrás para mentes en blanco como la mía... 

Las personas tienen tanto miedo, que deciden poner sus corazones en un lugar secreto dejando que sus cabezas tomen las decisiones que consideren oportunas. Algunos llaman a esto madurez, yo preferiría que dejáramos de hacernos mayores, que ignorásemos la búsqueda de la paz y de la tranquilidad de la que tanto se habla, y que dejáramos de comparar esta historia de hoy con aquélla que vivimos tiempo atrás, porque no, no es lo mismo. Cuando escucho hablar de la crisis emocional que pasan algunos, no puedo dejar de preguntarme si no se habrán rendido antes de tiempo, si no se habrán acoplado tan bien en el soñado perfil de la libertad, que esto les haya hecho olvidar que a su lado hay alguien que eligieron un día. Porque las personas nos elegimos por alguna razón, y no sirve la excusa de que han cambiado, ¿seguro?, ¿sólo cambian ellos?... No digo que todo sea salvable, pero si fuéramos capaces de salir de la relación un momento, y observarnos desde fuera, a lo mejor podríamos hacer un pequeño cambio en nosotros que supusiera un gran cambio en la vida compartida. 
Hablar y reencontrarse, algo que puede ser tan maravilloso como el primer instante, cuando todo empezó...

Dejemos de soñar con otra vida mientras seguimos dormidos en ésta... Volvámonos locos, ¡qué caramba! Amemos sin miedo ni condiciones, sin necesitar. Disfrutemos de la compañía de esa persona sin esperar nada, sin promesas imposibles. Estemos presentes dentro de nuestra propia historia. Eso es todo... ¿Es mucho?

Ahora llega el momento de las conclusiones, pero con el lío que tengo en la cabeza entre unos y otros, me temo que ésta va a resultar tan absurda como incoherente: enamorarse es un regalo único, y desenamorarse es una lástima, pero ambas opciones están ahí, escondidas entre las faldas de un destino que aguarda para darnos una sorpresa cuando menos la esperamos. Y una vez más descubrimos que tener planes está bien, pero que no está en nuestra mano que estos siempre se cumplan. No sabemos qué pasará mañana, ni pasado... pero hoy está aquí, y esta es la única realidad que tenemos, no hay necesidad de correr tanto, porque el tren siempre espera un rato antes de emprender su marcha.

Esto es todo. Mucho o poco, pero es mi pensamiento del día. Que ustedes lo amen bien, o que lo intenten al menos.

2 comentarios:

  1. "Amemos sin miedo ni condiciones, sin necesitar, disfrutemos de la compañía de esa persona sin esperar nada, sin promesas imposibles".

    Eso que has dicho, como propósito es impecable y, además, si se consigue que los dos afectados (o los que sean, que ya sabemos que el amor no tiene por qué ser sólo el de pareja) lo lleven a la práctica, la cosa puede salir redonda. Pero lo de amar sin esperar nada a cambio forma parte de la modalidad de amor heroico, como el que tienen algunas madres (también algunos padres, no voy a ser injusto) por sus hijos. También lo sienten algunos extraños seres por el resto de la humanidad, pero esos, o son pocos, o lo hacen tan en silencio, que a veces no se enteran ni los afectados.

    Las teorías suelen ser bonitas e inspiradoras, pero ponerlas en práctica... Eso es más complicado. O no, que a lo mejor es que yo soy un poco obtuso, aunque algunos momentos de agudeza también tengo.

    Tu conclusión no es absurda e incoherente, es una conclusión cargada de dudas pero prefiero esas a las que afirman con rotundidad cosas que son discutibles.

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    1. Es curioso, hay artículos que, como ha ocurrido con este, inspiran en el lector la palabra imposible... Yo creo que si empezáramos a olvidar esa palabra, y creyéramos que no es tan difícil las cosas cambiarían. Es cuestión de cambiar nuestra actitud ante la vida, ¿difícil?, puede serlo, pero dar el primer paso es lo más complicado, después todo fluye.

      No hablo de utopías, al menos no es esa mi intención, pero cuando uno mismo aprende de los errores y decide que algo tiene que cambiar para que las cosas sean diferentes, puede hablar así. Con seguridad. El amor incondicional no sólo es posible, sino que es la forma más pura de amor. Y se puede llegar a querer así, y lo mejor de todo es que cuando lo haces el resto está aprendiendo sin darse cuenta...

      Llevamos toda la vida haciendo las cosas de la misma manera, y muchas veces nos quejamos de lo mismo... ¿y si somos nosotros los que tenemos que cambiar algo?, ¿y si dejamos de esperar?... el secreto de la felicidad está en dar. Dar. Y no esperar nada a cambio. Y no es ser un corazón altruista, simplemente decides que esa es la mejor forma de querer, y como la vida es sabia, cuando das lo que tienes, ella te lo devuelve con creces.

      Entiendo los imposibles, y lo difícil que parece todo a veces... Pero es más sencillo, mucho más... simplemente hay que darse la oportunidad...

      Es una opinión más, aunque no lo parezca...

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