viernes, 13 de febrero de 2015

Una historia de amor


El día en el que nos conocimos yo estaba tomando algo con unas amigas, se sentó en la barra junto a mí, y pidió dos copas de vino tinto. Quiero que escribas mi historia, me dijo ofreciéndome una de las copas, y tan sorprendida como intrigada, me giré y empecé a hablar con él.

Fueron días, me contó, no sé si fueron dos, o mil días, pero para nosotros fue la eternidad. Cuando la vi, lo supe. En el mismo instante en el que nuestras miradas se cruzaron por primera vez, supe que estaríamos juntos para siempre, aunque no volviéramos a vernos. Ambos lo supimos…, y así ocurrió. Nos conocimos para amarnos, no sólo para querernos, o conocernos, no, nosotros llegamos a nuestras vidas para amarnos, y no fue el nuestro un encuentro casual ni planeado por el destino. Ya nos conocíamos mucho antes de vernos por primera vez, y no perdimos la oportunidad que se nos regaló para disfrutar de cada segundo… Fue todo mágico… Irrepetible... Nos miramos a los ojos, hablamos en silencio, y nos acariciamos hasta desgastar nuestra piel. Inventamos un amor, nuestro amor, y lo exprimimos hasta agotarlo, para después volver a inventarlo. Nos asustamos y nos prometimos, nos agarramos de la mano y creamos un lazo que ya nunca se soltaría. Porque nosotros éramos para siempre. Durante ese tiempo fuimos para siempre. Desde que empezó a hablar no pude apartar la mirada de la suya, brillante mirada que se paseaba por los recuerdos que yo envidié durante todo el relato.

No pensamos en mañana, ni nos pusimos un nombre para presentarnos al mundo, éramos la persona del otro sin más. Sólo nos importaba no dejar de sentir, no dejar escapar cada momento que se nos regalaba. Compartimos un número, un color y una canción. Compartimos abrazos y sentimientos que nacieron en lo más profundo de nuestros corazones.  Nos dedicábamos palabras infinitas llenas de sentimiento, palabras que ni el propio García Márquez podría haber escrito. Compartimos todo, incluso nuestra libertad. Lo que nos hizo querernos más aún. Son muchas las vidas que se pueden vivir en una hora, y nosotros las vivimos todas. Absolutamente todas… No nos conocemos, pero sé quién eres, y por eso te pido por favor que me escuches, que atiendas a cada detalle de mi historia, porque creo que tu pluma que tan bien habla del amor, es la única capaz de relatar toda la verdad. Todo lo que fuimos… Ella me ayudó a recuperar mi ilusión, aprendí a querer de nuevo, cuando hasta entonces lo único que había querido era salir corriendo, odiar y evitar cualquier roce que supusiera un compromiso. Pero con ella…, con ella fue todo tan diferente, fue tan rápido, tan lento, tan emocionante…, fue tan puroEsa es la palabra, dijo mirándome por primera vez desde que había empezado a hablar, era amor puro.

Me gustaría saber cuándo terminó todo, pero no lo sé... A veces dudo si acabamos porque ese era nuestro destino desde el día en el que nos vimos, o si fuimos nosotros los que lo provocamos. Pero se acabó…, y salimos de nuestras vidas con la misma intensidad con la que entramos. Con la misma rapidez, y con el mismo amor. Porque sé que a pesar de todo, nosotros siempre nos querremos, siempre, siempre…, imagino que ésa es la razón por la que no puedo dejar de echarla de menos cada amanecer…

Aquel desconocido me cautivó de tal manera que días después quedé con él para que me lo contara todo, cada detalle y cada instante vivido. Su historia es uno de los regalos más bellos que nadie me ha hecho jamás, y yo sólo le puse tinta a sus palabras. Después de escribirla y de releerla en varias ocasiones, nada volvió a ser igual para mí, porque fue entonces cuando empecé a amar de manera diferente, a amar desde dentro.

Tiempo después me encontré con ella, una mera coincidencia de la vida, yo no la conocía entonces, pero al verme se acercó y se presentó, me abrazó con fuerza y me dio las gracias. Gracias, me dijo sin soltarme, gracias infinitas, a veces he dudado si mi historia fue o no de verdad, pero al leer tus letras…, gracias, ahora puedo seguir recordándonos cada día con tus palabras.

Y se marchó, desapareció de la misma manera que lo hizo él, y hoy todavía me pregunto el porqué, ¿por qué dos personas que se aman tanto no pueden estar juntas?... y mi corazón esperanzado me pide paciencia, porque este cuento aún no ha acabado. Hasta que no llegue el infinito, hasta entonces, todo puede pasar.

4 comentarios:

  1. No puede acabar esta historia... es tan precioso lo que acabo de leer... por favor, por favor, dime que es una historia de verdad, aunque sea mentira.

    ResponderEliminar
  2. Si estuviéramos en el Oeste Americano, seguramente tu alias sería “Pluma Ágil”. Armas historias con facilidad y la de hoy, me llena de dudas... Amarse, con la intensidad que expresas, probablemente precisa de una dedicación plena que, en el caso de la especie humana hombre, puede darse en casos contados. Digo esto porque culturalmente y en los contextos en que se desarrollaron tales criaturas se cuidaron poco tales esfuerzos y la capacidad de convertir esa magnífica emoción en un estado de ánimo estable. Por tal motivo, él fue, con toda probabilidad, el que dejó de cultivar esa maravillosa flor que tuvo en sus manos. Ese “a pesar de todo” que el hombre manifiesta, es su pesar.
    Y luego hay una segunda parte en la que se hace constar “un echar de menos”. ¡¡Faltaría más!! Si después de vivir con tanta intensidad tal circunstancia afectiva-emocional no queda algún sedimento... ¿cómo se podría calificar a tal individuo? Tendría que haber alimentado los amaneceres para que estuviesen llenos de luz. ¿Cómo? A besos yo te levanto al rayar el día y que el idilio perdure siempre hasta llegar la noche y cuando llegue la aurora llena de goce, se junten en una sola tu alma y la mía... Esto es “platonismo en estado puro”. Mi pregunta es: Y tal platonismo, ¿os resulta empalagoso a las mujeres?, ¿os puede llegar a hartar? Si la respuesta fuese sí, la flor mustiada habría que pasársela a la condición humana mujer. Luego, ella sería la culpable y habría que volver a otros argumentos.
    ¡¡Vaya rollo que te he largado!!
    Disculpas, de nuevo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. José Luis, ojalá todos los comentarios fueran "rollos" como los tuyos. Me pregunto cuántas veces lees y relees mis letras para que tu reflexión sea siempre tan acertada.
      Mucha razón tienes en todo lo que dices, y lo mejor de todo es que me haces pensar en mis propias palabras, que como bien sabes, fluyen sin pensar, salen, se plasman en el folio y tal cual ven la luz... Puede que necesite un poco de calma de cuando en cuando, pero esta pluma mía, ágil o no, siempre parece tener prisa.
      Gracias por tu tiempo. Gracias por lo que enseñas.
      Esta es tu casa, así que no invades ningún espacio.
      Un abrazo.

      Eliminar
  3. Leer un blog como el tuyo en el que a través de esa ficción planteas cuestiones de vida me resulta muy grato. Y creo que si el que escribe, como te dije en alguna ocasión, no recibe nada a cambio, puede llegar a espaciar su pluma y por eso, he de alimentar ese afán tuyo. Conversar sobre lo que escribes es el paso necesario para mejorar nuestro conocimiento en todos los ámbitos: observar, conversar, comprender, conocer. Si a ti te parece bien, a mi me resulta estupendo. Gracias por brindarme tu casa y diligente "Pluma Ágil".

    ResponderEliminar