lunes, 20 de octubre de 2014

Candela vs Candela


Candela es una mujer inteligente, más atractiva que guapa y más cuerda que loca. Una mujer cuyos silencios son casi tan  interesantes como sus palabras. Camina y actúa con la seguridad de la que están dotadas las mujeres que se saben bellas, sin complejos físicos que disimular. Y además es simpática, no finge serlo, sencillamente lo es. Candela podría ser una mujer perfecta para muchos, porque ella se ha esforzado mucho en parecerlo.
Somos amigas desde niñas, y en nuestra vida juntas, hemos compartido muchas conversaciones, más o  menos maduras, y al hablar de las relaciones, siempre la he escuchado defendiendo el mismo discurso. No critica, ni juzga a los que eligen tomar un camino u otro, pero siempre se ha mantenido firme en su teoría inventada. No ha querido ser una mujer como las de la generación de su madre, mujeres que aceptan vivir en una relación, tal y como ella ha explicado siempre, por miedo a quedarse solas. Mujeres que dejan de sentirse realizadas como personas, por el mero hecho de ser madres y esposas. Mujeres que aceptan vivir en pareja por comodidad, aun sabiendo que ellas no están solas en la vida de sus maridos. Para Candela casi todas las mujeres son así. Y cuando habla de ello, yo no discuto, lo hacía al principio, pero hubo un tiempo en el que entendí que Candela hablaba así por miedo, por no querer aceptarse, y por estar empeñada en ir siempre contracorriente. Al hablar lo hace con tal convicción, que hay instantes en los que sus razonamientos te hacen creer que tiene razón. Pero a mí me parece que es este uno de sus pequeños defectos disimulados.

Cuando uno defiende su postura ante la vida en determinadas situaciones, no necesita juzgar al resto, porque es en este instante cuando la credibilidad de su argumento pierde fuerza. Han sido muchos los años que la he estado escuchando hablar de la misma manera, no importaba que nosotras, sus amigas, siguiéramos la estela de esas  mujeres a las que criticaba. Para ella todas vivimos en una mentira, y es normal que al final cedamos, porque nadie se quiere quedar solo. Ya no nos importan sus palabras, hace mucho que no les damos importancia, porque todas sabemos que es ella misma la que ha hecho de su vida un paseo en soledad, en el que no siempre ha sido feliz. Pero eso nunca lo reconocerá.
Y como la vida es bastante más sabia que las personas, al final le ha puesto frente a sus mayores temores. Candela está enamorada. Lleva casi dos años compartiendo su vida con un hombre. Y al escucharla hablar tengo que fingir emoción, porque me sorprende que diga las cosas que dice, y que no recuerde a la mujer que ha sido durante los primeros 42 años de su vida. Las relaciones han cambiado, dice ahora, la fidelidad está sobrevalorada, lo importante es que esa persona nos cuide y nos haga la vida fácil. Después de defender este nuevo argumento, habla de lo mucho que le gusta pasar los fines de semana cocinando para su amor, de los ratos que comparten sin dirigirse una palabra, y de lo mucho que confía en él cuando sale de viaje por trabajo o a pasar el fin de semana con los amigos. Y justo en el instante en el que se escucha hablando así, ella misma se defiende, y habla de lo importante que son los momentos de tranquilidad. Los ratos buenos compensan todo lo demás, es su frase de los últimos tiempos.

Nunca le he preguntado a qué se refiere cuando habla de todo lo demás. Porque eso le arrancaría de cuajo la máscara que tantos años ha lucido, y no hay necesidad de dejar al descubierto las debilidades ajenas. Porque todos tenemos debilidades, y enfrentarnos a ellas puede ser el viaje más difícil por nuestro propio universo.
Hoy me he quedado mirándola un rato mientras se alejaba caminando, luciendo la melena que siempre he envidiado, y moviéndose con una elegancia que la acera parecía convertirse en una pasarela de moda a su paso. Sigue siendo la misma mujer, lleva décadas siendo la misma mujer. Puede que su éxito esté en haber creado un personaje, al que la mayor parte de su tiempo le usurpa la personalidad, sin dejar que nadie la conozca a ella. A Candela. A la de verdad. A aquella mujer que siempre ha renegado de vivir una vida por miedo a convertirse en su mayor pesadilla, y que ahora por fin parece haber descubierto que las vidas se pueden vivir de diferente manera, dependiendo del lugar en el que estemos, dependiendo de nuestras necesidades y de nuestros anhelos. Y Candela, que llegó al mundo teniéndolo todo, se ha descubierto tantos años después, y no es más que una mujer anhelando la historia de amor de su vida. Amor que parece haber encontrado ahora, no porque él sea mejor que el resto, sencillamente porque ella ha asumido que vivir una relación no implica acabar con la persona, siempre que ésta sepa mantener su esencia.

Nos pasamos años esforzándonos para no convertirnos en alguien, y desconocemos que es eso lo que nos hará libres. Para siempre.

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