jueves, 14 de agosto de 2014

Robin Williams. Adiós tristeza.


"Solía pensar que la peor cosa en la vida era terminar solo. No lo es. La peor cosa es terminar con alguien que te hace sentir solo."
Robin Williams, actor



 
Los payasos del circo siempre me han provocado un sentimiento triste. Si bien me encanta rodearme de personas con sentido del humor y carcajada fácil, no soy de las que confíe mucho en los que tienen una eterna sonrisa dibujada en los labios. Porque no me lo creo, porque siempre hay alguna razón para dejar de sonreír, eso es todo.
Ayer amanecí leyendo las columnas que hablaban de él, del cómico de Hollywood, del Peter Pan de carne y hueso, del locutor de radio en guerra, del profesor inolvidable, y del psicólogo que nos puso a muchos delante del espejo… aunque él no fuera ninguno de ellos realmente. Pero sabía hacerlo, sabía acoplarse a la perfección dentro de cada disfraz tejido por los creadores de historias más o menos mágicas, que creíamos reales gracias a su interpretación. Y eso es algo que sólo pueden lograr los más grandes. Robin Williams se ha esfumado. Se ha ido cuando le ha dado la gana hacerlo, sin pedir permiso, sin rescindir contratos, simplemente abrió la puerta de la eternidad y salió caminando a paso ligero, como si ya se hubiera aburrido de interpretarse a sí mismo, se largó sin dar explicaciones. Esta es mi película, pensaría, y ahora soy yo el que escribe el guión, será un guión breve. Y escribió FIN.

Hay personas a las que no conocemos, pero que están presentes durante tanto tiempo a lo largo de nuestra vida, que incluso sentimos que forman parte de ella. Podemos incluso cruzarnos con ellos por la calle, y saludarlos con cariño, como si fuéramos amigos que se conocen hace años, aunque realmente nada sepamos de ellos. Él era así. Era un poquito nuestro. Y por eso nos entristece saber que los fantasmas le estuvieron atormentando de tal manera hasta el final, que ni siquiera su mejor carcajada pudiera espantarlos, y que su mirada tenía muchas razones para estar triste.

Ahora se hablará de la droga, del alcohol y de las adicciones que tiene la fama, como si fuera de ella no fuera algo igual de común, y se le juzgará por el mero hecho de tener lo que para muchos es todo, y que paradójicamente es nada para personas como él. La crítica fácil es simplemente eso, fácil. No podemos hablar de lo que le atormentaba, porque nadie, salvo él mismo, conocía los rostros y las voces que se escondían en los rincones más oscuros de su alma curtida. Cuando el silencio aparece sin pedir permiso y se apodera de nuestras noches, duele mucho, y no importan los sarcasmos ni la ironía que utilicemos para ignorarlo, porque está ahí, amenazando, y aunque algunos crean que se puede esconder bajo montañas de polvo blanco o ahogarlo en litros de alcohol, en ocasiones lo único que se puede hacer es asumirlo, entenderlo y aprender a escucharlo. Pero cuando el silencio habla, siempre dice verdades, y por eso aprendemos a mentirnos. Porque la verdad es difícil de asumir. De entender. De creer.
Nos ha dejado cuando le ha dado la gana hacerlo. Aunque los que le adoramos, nos lamentemos de no volver a descubrirlo en una pantalla de cine, nos consuela su inmortalidad, su eterno personaje, su sonrisa infinita. Su mirada nostálgica. Maldita mirada que tantas veces nos ha dicho lo que no supimos ver. Algunos critican a aquellos que deciden marcharse antes de tiempo, porque a ellos les fueron arrebatados seres queridos sin que nadie les pidiera permiso. Pero no seamos egoístas, no hablemos de cobardía o de valentía, no mezclemos adicciones o enfermedades… se fue porque se cansó de estar aquí. Sin más.

Sentí mucha pena cuando ayer amanecí con la triste noticia. Una punzada en el corazón como si de alguien conocido se tratara. Y después de un rato sonreí al imaginarme hablando con él, ¡qué bien lo has hecho Robin, le habría dicho, llegaste para enamorarnos y ahora que nos abandonas, has conseguido que te queramos aún más! El cine miente, sí, eso lo sabemos, pero es una mentira que durante un rato, más o menos breve, nos pasea por un mundo que de poder haber elegido, habríamos elegido para nosotros.
La inmortalidad es al fin y al cabo, el premio a los que en vida fueron importantes.

¡Se acabó la función!

2 comentarios:

  1. Sin palabras! No puedo estar más de acuerdo con todo lo que has escrito...

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    1. Gracias Ana... cuando dejas que la emoción escriba.... un saludo!!!

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