domingo, 20 de julio de 2014

Indignación (Cap.3) MH370

No acostumbro a utilizar folios negros para escribir en este rincón, lugar que creé para fantasear acerca de la vida que conozco, de las emociones y de las personas.

Después de haberme sentado cómodamente en la tranquilidad de un hogar, desde el que por suerte veo el cielo cada día. Cielo azul, aunque llueva. Pulso un diminuto botón y abro la ventana desde la que puedo ver el Mundo, el otro, o el que dicen que está en el mismo Mundo en el que yo vivo. Cuesta creerlo. Y la indignación ha hecho que me levante del sofá. 

No entiendo nada. Nada. Absolutamente nada. Las guerras existen desde que el hombre es hombre, y para nuestra desgracia seguirán existiendo hasta que no dejemos de creernos dueños y señores de este planeta que se nos regaló millones de años atrás. A veces incluso dudo acerca de la teoría de Darwin, y me pregunto si entonces, cuando aún éramos monos (sí, monos, tal cual, no busquen otro nombre), si habríamos sido capaces de generar tanto odio en nuestras almas. Lo dudo y no lo dudo, dependiendo de mi estado de ánimo, que hoy resulta estar arrastrándose por un suelo cubierto de mierda.
Cada día podría sentarme a escribir una columna como ésta, porque cada día hay un horror del que soy testigo gracias a la ventanita que inventaron años ha, para que supiéramos cómo es la vida en los lugares a los que no podemos viajar. ¡Maldito invento!, la ignorancia es en ocasiones el mejor remedio para combatir la tristeza.

Hoy es un avión. Pájaro de acero creado para pasearnos por los cielos infinitos. Y yo, que llevo ya unos años subida en esos milagrosos aparatos, confieso que no hay día en el que al mirar por la ventanilla, piense en lo insignificantes que somos las personas ahí abajo. Seres diminutos que se pasean por las calles, montañas o campos creyendo que todo nos pertenece. Pero no, no es así. Nada es nuestro. Ni siquiera nuestra vida. Ahora, después de haber intentado deshacer el nudo de mi estómago, me siento a escribir con la ilusión de encontrar el consuelo en las palabras que mi luto escribe. Fundas negras que se llevan a los inocentes cuerpos que ya no podrán volver a ver un amanecer, personas cuyo único delito fue elegir un vuelo que despegó hacia el infierno. Ochenta niños. Ochenta. Inocentes almas tan importantes como el resto, pero ¡maldita sea!, eran niños que seguramente aún no hayan aprendido a odiar, niños a los que su ignorancia les hizo crecer creyendo en el amor de sus padres, en sus amigos… en su dulce favorito. Niños. Eran sólo niños.

Niños como los que tienen aquellos que dan la orden de pulsar el botón, como los de aquellos que aprietan el gatillo, como los que creen tener el derecho de acabar con una vida que no les pertenece.

Escribiría horas hasta la madrugada, y seguiría mañana. Y entonces, otra noticia me sentaría aquí de nuevo para volver a escribir. Y moriría de pena paseando mis dedos por un teclado que incluso aprendería a llorar con mis palabras. De nada sirve mirar a otro lado, ser conscientes del Mundo en el que vivimos es una justificación perfecta para valorar lo que tenemos, nosotros, a los que la vida decidió colocarnos en un lugar en el que no seríamos un blanco perfecto para la crueldad desde nuestro primer llanto. Sí, somos afortunados. Pero a mí esto no me consuela. Sigo sintiendo el nudo en mi estómago, y me permito llorar. Y me repudia sentir el odio que siento al ver todo esto, porque entonces asumo que yo también soy persona, también puedo odiar. Y no quiero hacerlo, no sé cómo no hacerlo.
Pasarán los años y no habrá día en el que no deje de preguntarme si en algún momento el ser humano dejará de odiar como lo ha estado haciendo hasta ahora. Peleamos en guerras en las que todos perdemos. Porque al margen de lo que aprendamos con los libros de historia, nadie gana, a pesar de la victoria celebrada por los que se crean vencedores.

Me apena decirlo, pero si alguien pisara el freno, yo intentaría bajarme. No creo que en otro lugar exista mayor locura que en éste planeta.
Paz. Una palabra tan sencilla como imposible.


No encuentro mejor imagen para definir lo imposible.

1 comentario:

  1. Me has emocionado... siento lo mismo y no sabría decirlo mejor. Ojalá consigamos hacer que el mundo cambie... con personas como tú lo lograríamos... gracias.

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