sábado, 23 de abril de 2016

La librería de Javier


Todo comenzó con un paseo en una calle de suelo empedrado y aire antiguo, que no viejo, situada en el corazón de una ciudad con más historia que la capital del reino, aunque no alardee de ello. Ocurrió en una mañana de primavera, de sol y perfume de flores, y un trasiego de personas de lento caminar, que parecían posar con disimulo para aparecer en cualquier foto color sepia.  Escaparates que ofrecían productos para todos los gustos, para ellas y para ellos; perfumes, sombreros, cigarrillos, viandas y libros. Yo no fumaba entonces, ni tampoco me gustaban los sombreros, he cambiado, sí. Ignoré pues cada escaparate, hasta que mis ojos se clavaron en el de la esquina. Me quedé un rato parada, una eternidad según me dicta mi recuerdo, observando las portadas de los libros allí expuestos, sin prestar atención a los nombres de los autores que las firmaban, autores aún para mí desconocidos (por aquel entonces sólo leía lo que el maestro ordenaba, y no, no todo me gustaba).


Minutos después entré en la tienda, buenos días, dije mirando a mi alrededor, hola buenos días me respondió una voz desde el Nautilus de Julio Verne. Me asusté, como podrán suponer, pero por suerte fue un susto que desapareció tan pronto como había llegado. Descubrí que el saludo no provenía del interior del submarino, sino del hombrecito que navegaba entre sus páginas, me miró sonriendo y se acercó ilusionado, como si me estuviera esperando, lo que por una extraña razón, hizo que me sintiera importante.

Empezó a hablarme acerca de libros, su tono era jovial, como si se tratara de un amigo mío, hablaba de historias mientras cogía algunos de los ejemplares que abarrotaban las estanterías, para acto seguido, devolverlos a su sitio, y coger otro... sin llegar a ofrecerme ninguno de ellos. Sin animarme a gastar la paga de la semana. Nada. Sólo hablaba, y con cada una de sus palabras yo estaba más entusiasmada, sentía la necesidad de tirarme encima de la montaña de libros que ocupaba el centro de la tienda, anhelando que tan inesperado chapuzón me diera la oportunidad de pescar la sabiduría que él desprendía. Le pedí entonces que me recomendara un libro, y siendo honesta diré que no recuerdo cuál fue su respuesta, pero si hoy estuviera escribiendo la niña que era entonces, creo que Mujercitas habría sido su recomendación. Es éste el primer libro que recuerdo haber leído, la primera obra que me hizo soñar con ser alguien que no fuera yo, algún día seré como Jo, dije al terminar de leerlo por primera vez. Y acto seguido lo volví a empezar.
Desde nuestro primer encuentro, aquella librería se convirtió en un lugar mágico y único. No importa el tiempo que haya pasado lejos de esta ciudad a lo largo de los años, ni los días en los que estuviera enfadada con las letras, las cosas vienen como vienen, y buscar explicaciones es perder los segundos en los que podemos tomar la decisión más importante de nuestros días. Pero desde que pisé aquel lugar por primera vez, el sueño de regentar el día de mañana un escondite así, me ha mantenido ilusionada en muchas noches insomnes. Un lugar en el que a pesar del paso de los años, se siga respirando el mismo aroma con el que se inauguró. Pero claro, yo no soy Javier, no sé todo lo que él sabe, no he vivido la vida paseando sobre sus huellas..., no, yo no soy él, me miren por donde me miren. Incluso sin llegar a mirarme.


Javier conoce las letras, las disfruta con ésa honestidad que sólo tienen aquéllos que se emocionan con lo que hacen. No juzga al visitante por su apariencia o por su edad, porque los libros escritos por uno, son libros escritos para todos. Te observará con disimulo escondido tras unas gafas que sólo se quita para leer, detalle que me resulta entrañable (confieso), y acto seguido rebuscará entre todas sus obras para ofrecerte la perfecta. Perfecta para ti. Y siempre acierta. Siempre.
Con el paso de los años, volví a su librería, la misma calle empedrada, escaparates renovados para gustar a las miradas más modernas, y terrazas al Sol (en mi presente, casi siempre es primavera). Todo parecía distinto... hasta que llegué a la  misma esquina, y el cristal del escaparate descubrió una sonrisa emocionada, que fui incapaz de disimular. Buenos días dije al entrar, buenos días me contestó Wallis Simpson, y allí estaba, misma sonrisa, misma mirada, entusiasmo imborrable, novelas recién paridas. Porque los años pasan sólo para aquéllos que olvidan las razones por las que un día decidieron ser felices. Javier sigue poniendo letras en su despertador, contagiando su pasión a cualquiera que merodee por su terreno, con la única intención de que nadie se pierda la oportunidad de disfrutar de una vida de fantasía, o de despertar una emoción simplemente poniendo un libro en sus manos.

Hace muchos años, una niña de imaginación despierta y emociones disimuladas, paseaba dejándose llevar por sus pies aventureros, mientras su cabeza flotaba entre las nubes. Una niña que no dejó de buscar, hasta toparse con el escaparte del lugar al que entró intrigada. Un instante que condicionaría  sus futuros despertares...
Hay personas cuyo anonimato no las hace menos importantes, personas que pasan por nuestras vidas, aunque lo hagan de puntillas, pero que dejan su huella en aquellos que se cruzan en su camino. Si algún día pasean por Alcalá de Henares, y deciden darse un descanso durante el tapeo obligado, les invito a que busquen su librería, no tiene pérdida, no importa el nombre que haya escrito en la fachada, podrán bautizarla tantas veces como quieran, pero ustedes pregunten por La librería de Javier, y yo les aseguro que no se arrepentirán. Apuesto por ello, y sé que no perderé.

Mientras tanto sólo me queda darles las gracias. Gracias por leer, no por leerme a mí, sino a todos los demás.

7 comentarios:

  1. Estimada Laura (con permiso y de puntillas),

    El otro día leí en alguna parte (que mala memoria tengo), que las librerías, en realidad, son tiendas de palabras ... y me pareció una hermosa manera de describirlas.

    Me imaginé a Javier, con un delantal cual tendero de ultramarinos, despachando "palabras" (otras veces se me ha aparecido disfrazado de chamán de la tribu, tal es el poder que posee para recomendar la lectura adecuada, en el momento preciso).

    Tengo una deuda contigo. Espero verte el día 7 de Junio, en la Noche en Blanco complutense, y saldarla. Quiero que me dediques tu libro.

    Gracias por escribir.

    Abrazos "desenfocados"

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  2. Permiso concedido, y por favor, pisa fuerte...
    Me encanta ver a Javier como chamán... ya no me quito la imagen de la cabeza.

    Saldamos la deuda el sábado, seguro.
    Gracias a ti, por haberte parado a escribirme y alegrarme el día...

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  3. Permiso concedido, y por favor, pisa fuerte...
    Me encanta ver a Javier como chamán... ya no me quito la imagen de la cabeza.

    Saldamos la deuda el sábado, seguro.
    Gracias a ti, por haberte parado a escribirme y alegrarme el día...

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  4. Hola Laura.
    Una vez más y por tercer año consecutivo, mi familia y yo hemos elegido la cuna de Cervantes como lugar para descansar de nuestras vacaciones.
    Pero este año ha sido diferente; hemos descubierto un ritmo diferente, calles diferentes .... y ¨La Librería de Javier¨.
    Para mis hijos y para mí, ha sido una experiencia inolvidable dejando un regustillo de serenidad y una visceral sensación de "palabras mariposeando".
    No intentaré describir una sensación tan afín, no podría. No podría encontrar la palabra idónea, las has utilizado todas y con excepcional ternura.
    Gracias Laura por trasladarme de nuevo "allí" y por hacer de la palabra un arte.

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    1. Querida Ana, me alegro mucho de que un lugar como la librería de Javier forme parte de las atracciones de la ciudad, porque bien lo merece... Espero que vuelvas pronto. Un abrazo.

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  5. He llegado su página mientras buscaba el web site de La librería de Javier. La tienda es bastante famosa entre estudiantes de español en Japón. Porque a veces un profesor escribe de la librería y de señor Javier en libros. Ahora he podido traslucir el ambiente dentro. Gracias. ¡Ojalá visite a la librería algún día!

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    1. Hola, pues si puedes acercarte a visitarla te lo recomiendo. No te defraudará ni la librería, ni Javier... Bueno, ni la ciudad. Un abrazo fuerte.

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