martes, 28 de enero de 2014

Cuando elegimos


La mujer no tiene pasado, y el hombre no tiene memoria.
Estamos aquí y ahora, tú y yo, cara a cara. Mirándonos a los ojos. No nos mentimos al hablar de quiénes fuimos un dia, no escondemos nada. Ambos sabemos que hemos vivido, y nos confesamos supervivientes de nuestras respectivas catástrofes emocionales. Eso es todo.
La madurez no nace de lo vivido, ni de las muescas que cada uno haga en algún lugar secreto, muescas sexuales, emocionales o sentimentales. Muescas de vida sin más. La madurez llega, con la misma naturalidad con la que llegan los años.


No me gusta acercarme sólo a aquél que me saque años, no creo que la edad y la experiencia vayan siempre de la mano, es muy probable que así sea, pero no es del todo necesario. Si bien es cierto que la edad deja de lado gilipolleces que atraen a un joven empeñado en conquistar a esa mujer que aún no ha conocido, tiempo le queda para descubrir que ésta puede que ni siquiera exista. Tarde o temprano acabarán tan agotados o aburridos de lo que el resto nos hemos cansado: la apariencia como reclamo. Pieles lozanas inmunes al paso de los años, mirada de arruga invisible, responsabilidades frívolas... Pero, ¿quién eres tú?...

Silencio. 

No es tu trabajo, ni tu casa, ni los divertimentos que ocupan tus ratos libres, no, es algo más, se trata de quién es la persona que no se ve desde aquí, cuál es la pasión que te mantiene vivo, o el último pensamiento antes de caer en los brazos de Morfeo...
No hay norma que establezca que a determinada edad, ya necesitemos algo distinto. No son los años los que nos hacen elegir. Cada historia tiene cabida en un momento determinado, y podemos optar por el amante de inocente mirada, cuando hasta entonces nos decantábamos por la mirada vivida y experta. El amor es tan imprevisible como lo somos las personas que lo disfrutamos, o lo odiamos. La elección no siempre es la correcta, pero si hemos elegido vivir aquéllo que nos hace felices, el margen de fracaso se reducirá notablemente, aunque el idilio dure un instante. No es cantidad es calidad.
Somos libres. ¡Seamos libres!...
Cada uno puede elegir, pero seamos consecuentes, si no estamos convencidos, no condicionemos nuestro presente por lo que se espere de nosotros, no inventemos excusas absurdas para justificar nuestro interés, simplemente porque consideremos que una persona encaje a la perfección en nuestra vida, por el mero hecho de dotarla de belleza física, sin que importe la verdad del corazón que palpita tras la fachada de lo idílico.

Demos oportunidades a las almas que todavía vibran con la vida, aquéllos en los que no nos fijamos normalmente, puede que nos sorprendamos al descubrir que el amor puede dotarnos de una felicidad cuando éste nace dentro de nosotros, y cuando esas personas son  las que nos pasearán por el mundo de las emociones y de la pasión, lejos de la frivolidad que parece definir la esencia de las relaciones últimamente...
Amemos sin miedo, pero amemos con la locura de los que ignoran las miradas ajenas, y sin los prejuicios que sólo la envidia es capaz de inventar.

La belleza nace en el interior, todo lo demás son disfraces para no desentonar con la normalidad, y sólo probando y arriesgando descubriremos quiénes somos, y cómo queremos que el resto nos conozca.

Entonces, sólo entonces, nos despojaremos de las ropas que nos disfrazan y nos presentaremos con un mero: yo soy...

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