sábado, 30 de noviembre de 2013

Indignación (Cap.2)


Yo perdono.
Perdono a los que me engañaron, pues tan solo mi orgullo fue lastimado. Perdono a los que me decepcionaron, aunque mi confianza sangrara dolorida. Perdono porque en el perdón encuentro el alivio de mi rencor, el suspiro de mi esperanza. Yo perdono. Porque aprendí desde niña que todos tenemos derecho a equivocarnos, a rectificar y a aprender...
Pero ahora me pregunto: ¿es el perdón igual de justo con todos? En estos días en los que soy testigo de la jornada de puertas abiertas que se está celebrando en las penitenciarías del país, no dudo en gritar ¡No!, a ellos no: no los perdono. Me resulta imposible imaginar la impotencia que deben de estar sintiendo los padres, hermanos, amigos y demás familia, al ver como aquellos que les arrebataron a un ser querido con crueldad y frialdad, hoy caminan con paso firme hacia su libertad regalada.

Indignación es lo que sentimos muchos de los que vivimos en este país del que cada vez estamos menos orgullosos. Indignación al escuchar que con la Ley en la mano, se pide a los padres de una niña asesinada que le paguen una indemnización a uno de los presuntos implicados en el crimen, indignación al ver cómo se recibe al asesino de personas inocentes, como si de un héroe se tratara. Indignación por saber que a partir de ahora pasearán por nuestras calles delincuentes que nunca se arrepintieron. Saber que la Justicia está permitiendo esto, me descubre lo cobarde que es la clase política, lo ruin que puede llegar a ser el ser humano, y la falta de orgullo que demuestran los que se supone que nos representan.
Abandoné mis estudios de leyes, entre otras cosas porque dejé de creer en la justicia. Quizá por eso mi ignorancia no alcance a entender cómo se ha llegado hasta aquí, pues los vacíos legales están para ser rellenados, y algún alma valiente podría haber hecho algo para enmendar el error que ellos mismos cometieron en el pasado.
Estoy indignada, porque nada puedo hacer salvo escribir unas palabras de apoyo a los familiares que, como yo, son testigo de esto que está ocurriendo y que nos está mostrando al Mundo como un país de chiste, un ejemplo vergonzoso para las futuras generaciones, que crecen confundidos aprendiendo valores inexistentes. No digan que exagero, por favor, vemos cómo las celdas que han quedado vacías son ahora habitadas por aquellos que llenaron sus arcas con un dinero robado, por los que decían estar defendiendo nuestros derechos, e incluso se preparan las sábanas de hilo por si algún distinguido nombre tenga que mudarse allí definitivamente (hecho que dudo, visto el grado de honestidad e integridad que hay en los juzgados).
Me indigna ver como una pandilla de descerebrados han tomado las riendas de un país del que cada vez tenemos más ganas de marcharnos, a buscar trabajo, a buscar seguridad, a buscar tranquilidad... A recuperar el orgullo que nos han arrebatado.


No soy persona de desear el mal a nadie, pero si pudiera elegir, elegiría que cuando la mirada criminal de los puestos en libertad se interese por una nueva víctima, que sea ésta miembro de la familia de aquellos que han permitido esta barbarie, y a nadie  nombro, pues los aludidos serán los elegidos. Y lo deseo únicamente porque empiezo a creer que nada se aprende si no se sufre en la propia piel, ya que parece mucho más fácil tomar decisiones cuando la vida de los demás es la que está en juego, puede que solo así entiendan todo el daño irreparable de su ausencia de moral, y porque mi indignación encuentre en esta la única forma de escapar de esta locura.
Qué fácil es seguir con nuestras vidas cuando nuestras decisiones solo tienen consecuencias para el resto. Son nuestros bolsillos los que pagarán una multa por tirar una colilla al suelo, y son nuestras almas las que tienen que convivir con criminales… me indigna porque nunca antes había notado los hilos que mueven a esta marioneta en la que me están convirtiendo. Y entonces la indignación se convierte en impotencia.

3 comentarios:

  1. Qué vergüenza de justicia. Las consecuencias, lamentablemente están por llegar. Un beso

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  2. Esperemos que alguien ponga remedio. Beso para vos.

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