martes, 8 de octubre de 2013

Indignación (Cap. 1)

Indignación.

No buscaré en el diccionario el significado correcto de esta palabra que, por desgracia está tan de moda en los días en los que vivimos. La definiré a solas, sin ayuda ni consejo. Porque me da la gana.

La indignación es un sentimiento, una palabra definida con subjetividad y respetada por solidaridad. Solidaridad de los débiles, me temo. Pues son los que justamente hacen uso de ella cuando nada más les queda para defenderse.
Amanecí esta mañana escribiendo que, en la sociedad en la que vivimos, al margen de la lengua en la que hablemos, parece que la indignación es el único derecho que tienen aquéllos que observan como los que tienen el poder y el dinero, hacen trampas para ganar en un juego en el que siguen sin entender que todos jugamos.

Ahora, que mi admirado y querido amigo Daniel Molina Martinez ha regresado con medalla de oro y plata colgada al cuello, de los Campeonatos del Mundo de triatlon, me indigno al leer que otros necesitaron de la mentira y del engaño para conseguir su entonces aplaudida victoria. Indignada estoy. Por ser testigo del esfuerzo y del sacrificio que se necesita para batir marcas, y para derribar barreras, no sólo las físicas, sino también las frustantes y destructivas barreras mentales. Indignada al saber que fingirse discapacitado para subir al pódium no tiene más castigo que el de ser señalado y acusado por una sociedad que los critica con razón y vergüenza.
Indignación al ver cómo la mentira del ser ruin ocupa más páginas en la prensa que la victoria de los que encontraron en el trabajo y el esfuerzo la escapatoria para vencer a los fantasmas de un pasado que quieren olvidar. Aunque no sea fácil.
Indignación. Porque la justicia y la honradez del ser humano parece que son palabras en peligro de extinción.
Indignada estoy. Mucho. Pero por suerte aún existen personas gracias a las cuales creer en el ser humano no es una utopía, sino un orgullo. Gracias Daniel, y gracias a aquéllos que, como tú, nos regalais la posibilidad de seguir creyendo en la grandeza del ser humano.
Sigo indignada, aunque también esperanzada, mientras imagino que sea ésta y no otra, la palabra que desaparezca algún dia de nuestro vocabulario tan rico, y tan pobre a veces.

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