sábado, 18 de mayo de 2013

Veinte años

Le hice todas las preguntas que se me ocurrieron. Intenté ponerme en su piel, e intentar sentir lo que ella estaba sintiendo. Pero su mirada brillante silenciaba cualquier palabra. No hicieron falta explicaciones ni razones que mi corazón pudiera entender. Nada. Yo no era ella. Y con resignación asumí que hay momentos en los que las palabras son insuficientes, e incluso innecesarias, pues sólo el que ha sido protagonista puede saber lo que se siente...
Veinte años, dijo, veinte años desde nuestro adiós, veinte años desde el último abrazo del amor entre dos personas que decidieron separarse no por culpa de decepciones o penas, sino porque quisieron seguir creciendo por separado antes de convertirse en el reflejo de sus sueños frustrados. Veinte años, repetía, y su mirada parecía perderse en el ayer con la nostalgia de un recuerdo maravilloso, y la inocencia de la niña que hace tiempo decidió caminar sola para seguir creciendo.
Un paseo por los lugares que fueron testigo de un ayer nunca olvidado, una calle que se iluminó satisfecha y orgullosa al ver su reencuentro. Rostros y rincones que su memoria trajo de vuelta como por arte de magia. Sonidos enmudecidos entonces, sonidos que ahora gritaban. Arrugas que evidenciaban el paso de un tiempo inevitable, arrugas de vida, de ilusiones cumplidas y de frustaciones asumidas. Aquéllos que antaño la miraban con los ojos de los niños que empiezan a descubrir el Mundo, hoy la admiraban orgullosos, te convertiste en tu sueño, pensaban, eres la mejor versión de ti... La oportunidad de sentir el primer beso por segunda vez. Pasión contagiada, reencuentro de la piel que un día despertó gracias a esa caricia que ahora, tanto tiempo después, dejaba de anhelar, deseo inventado por el recuerdo y susurros hablados por un amor real. Amor eterno. Lealtad. Pureza. Verdad.
Escuché emocionada. Y entendí que la vida al final se resume en esto, en los momentos que nos hacen vibrar, en volver a sentir como sentíamos antes de aprender a amar con condiciones, antes de abandonar la inocencia que nos enseña a querer con la locura de la primera vez. Nunca olvidada.
Veinte años. Una vida. Veinte años no son nada cuando podemos alejarnos un instante de nuestro hoy, con la única ilusión de recuperar ese algo nuestro que se quedó dormido, y que sólo despierta gracias a la emoción compartida de los que lo inventaron un día. Veinte años que por caprichos del destino Sabina compuso y cantó inspirado en su otra casa querida, ciudad de tangos, Dieguitos y Mafaldas... Letras que presumían una realidad que ocurriría tiempo después, razones hay para creer en la Magia. Sin duda.
Alguien me dijo el otro dia que seré recordada por escribir las más bellas historias tristes de amor. Y la vida responde por mí, convirtiéndome en testigo indirecto de un amor que no hace sino recordarme que cuando algo acaba siempre existe la posibilidad de que mañana, quizás, tengamos la oportunidad de entender que hay historias que aunque pertenezcan al pasado,  el reencuentro puede ser simplemente la prueba de que el amor de verdad, aquél que nada pide a cambio, nunca muera a pesar del tiempo. A pesar de los años. Aunque sean veinte...
Para M.

4 comentarios:

  1. Me emocionas en cada letra. Gracias.

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  2. Despues de ojear tu blog y emocionarme con las cosas que escribes, consigues que me sienta orgulloso solo por haber coincidido contigo alguna vez.
    Gracias Laura.
    Un besazo
    E

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  3. Muchísimas gracias E., es una delicia amanecer así... Gracias.

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  4. Dios Dios Dios... No words porque sería imposible explicar todo lo que me han transmitido tus letritas amiga... MG 8

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