martes, 7 de agosto de 2012

Chavela y Marilyn nacieron en Agosto

Tengo un trabajo que me gusta, y no, no es este de fingirme escritora (lo escribo con cara de pena). Como me dijo un nuevo amigo de este verano el otro día: ¿Ganas dinero escribiendo? No, ni un euro. ¿Y qué escribes?, tonterías y reflexiones infantiles acerca de la vida (la ironía que hay en mí), ¿y por qué escribes?, porque me gusta, contesto yo algo incómoda porque de repente me siento bastante absurda. ¿Y para qué? (¿y los niños hacen muchas preguntas?). Me callo. Difícil que yo me calle, pero lo hago. Enciendo un pitillo y en el tiempo que dura mi bocanada, una amiga también sentada en la mesa contesta por mí sin dudar, y sin que yo le pida auxilio: ¿para qué?, pues para que la leamos los demás, no sabes lo que nos divierte y nos gusta. La miro de reojo, mi sonrisa agradece su comentario y cambio de tema. Mi nuevo amigo se queda callado, no volvió a mencionar mis letras hasta pasados unos días.


Me dijo entonces que me había leído, ¿y qué tal?, le pregunté sinceramente interesada por la opinión de alguien que parece leerme por obligación, pero no contestó. Me miró durante un largo instante, y me regaló una enorme (y generosa) sonrisa. No supe cómo interpretar su gesto, así que disimulé mi intriga y añadí: ¿ves?, una sonrisa, eso es todo lo que intento conseguir, por eso escribo. Seguí caminando fingiéndome distraída. La posibilidad de tener que escuchar cualquier opinión al margen de la sonrisa ya regalada, me asustaba bastante.



Como decía al principio, tengo un trabajo en el que a veces no paro durante horas y en otras ocasiones no hago nada durante las mismas (la rutina y yo nunca nos llevamos bien). Hoy es uno de esos días en los que hago poco, y como tengo que estar aquí en lugar de aburrirme opto por escribir, así que en cierta medida sí que me están pagando, pues escribo en horas de trabajo (¡qué valiente decir esto en los tiempos que corren!, mi hipoteca tiembla, calla Laura), lo único que hago es aprovechar los momentos de las conversaciones rutinarias de los que me rodean, para centrarme en las frases que visitan mi cabeza. A veces creo que son las palabras las que buscan mi folio, y no puedo evitar darles cobijo, cuestión de generosidad. Les regalo ésa vida que tanto anhelan.



Cambio de tema para centrarme por fin en la razón que me ha hecho abrir el ordenador escaso de batería. Llevo dos días recordando a Marilyn. No porque de repente la eche de menos, sino porque hoy hace nosécuántosaños murió, ¿o fue que nació?, ya me lío con las fechas, y no será por los tributos, recuerdos y homenajes que le están regalando lately. Puede que ahora preste más atención de lo normal a su melena rubia, o a su envidiable contoneo de caderas (debería haberlo patentado, no el movimiento en particular, sino el verbo contonear). He leído artículos y visto fotografías que hablan y muestran a una Marilyn imaginaria, la que habría llegado a ser sino hubiera fallecido aquél día que siempre recordamos en blanco y negro. El photoshop por una vez se ha vuelto un poco cabrón, y en lugar de mentirnos para que nos pongamos celosas nos miente para que nos tranquilicemos: todas envejecemos, pues los que inventan a la Marilyn octogenaria han decidido que para ella no existieran ni el bótox ni el ácido hialurónico. Sus razones tendrán.



Y en el otro lado de la página leo el obituario recién estrenado, escrito
hoy por primera vez en la historia: Chavela ha muerto. Fue anoche, en domingo, tal y como ella presagió. ¡Qué grande Chavela!, no sólo le cantó a la razón de nuestras penas, sino que también adivinó el día de su eterna despedida. Tantos litros de tequila inyectados en vena deben de ser más sanos de lo que creemos, a las pruebas me remito. No recuerdo los años que ha vivido fingiéndose crápula, ardiente alma tentando siempre a lo prohibido, ejemplo de que los hábitos malos en vida te alargan los años regalados si dejas vivir a tu alma, permitiéndole que sea ella la que guíe tus pasos.

Otra de las preguntas de mi amigo fue que de dónde saco la inspiración para escribir. Imagino que si es verdad que me ha leído, habrá entendido que mi inspiración me viene de la vida misma. De vivir, para ser más concreta. Sin embargo, hoy es un día de esos en los que hago una excepción en mi rincón. Pues los nombres y apellidos no suelen verse escritos aquí, por respeto o por miedo. Y mucho menos si se trata de alguien cuyo club de fans puede convertirse en una amenaza peligrosa. Pero si de algo carezco, además de la vergüenza, es del miedo, así que intuyo que hoy puede ser otro día en el que me toque alternar mejillas para recibir bofetadas, ¿qué le voy a hacer?, es parte del juego.

Releo un instante lo que acabo de escribir, y pienso que es curiosa la inspiración que me ha traído hasta aquí esta mañana. Si bien merecen unas letras estas mujeres inmortales, no me imaginé nunca dedicándoles unas palabras de aplauso. Curiosa pareja la que hoy se pasea por aquí, curioso lugar para encontrarse. Y no han sido sus vidas, tantas veces contadas, cotilleadas e inventadas las que me han traído hasta este momento. Pues si algo me gusta es encontrar historias dentro de las historias, y buscar moralejas incluso en lo rutinario.

Pienso en MM, en su desaparición y en la obsesión repentina por saber qué habría sido de ella de seguir viva. Me parece de una valentía e imaginación envidiable escribir acerca de esto, pues si la rubia tenía algo era que era impredecible y sorprendente en cada uno de sus despertares. Puede que fuera una mujer triste, a pesar de la sensualidad de su sonrisa inmortal, pero si lloró fue por vivir lo que había elegido vivir; el amor prohibido e imposible. Quizás Chavela le habría cantado una canción que le hubiera partido el alma, e incluso podría haberse enamorado de su fealdad, pues cuando el alma débil se topa con la valentía, la admiración que despierta se puede confundir con amor apasionado; puede que la bella Marilyn soñara con ser mujer adorada por la fuerza y el carisma que tenía la cantante, convirtiéndola gracias a ello en Chavela infinita. Ésa mujer que nunca temió ser, ni decir, ni amar. Pues el miedo no habría permitido que su párvula boca, como ella declamaba, nos cantara como lo hizo, como lo hace, como siempre lo hará.

Mientras busco el punto y final a estas letras, recuerdo la pregunta de mi nuevo amigo: ¿para qué escribes?, y ahora, en lugar de dar la bocanada al pitillo que me impidió dar la respuesta rápida, seré yo la que conteste en lugar de mi amiga: no sé hacer otra cosa.

No hay moraleja en mis letras de hoy, sino un guiño a la realidad que amanece nostálgica. Un recuerdo a la belleza que decidió no despertar un día más, y a la personalidad de una voz rota llena de verdades vividas y anheladas. No nos preguntemos qué habría sido de MM de haber llegado hasta hoy, porque es lo mismo que preguntarse qué habría sido de Chavela si Frida hubiera parado su corazón antes de tiempo. Cada uno vivimos el tiempo que nos toca, y salvo Chavela, nadie nos podrá decir si caerá en viernes o domingo, así que no dejemos que pasen los días esperando que pase algo. A veces la vida se esfuma porque le pedimos que lo haga, y en otras ocasiones nos sorprende con una visita cruel e inesperada.

Sé que no habrá despedidas multitudinarias el día en el que yo me vaya, ni tampoco homenajes eternos. Pero al menos habrá un último pensamiento en el que recuerde que si algo hice bien, fue hacer siempre lo que me dio la gana. Y mi humildad se aleja un momento del teclado para dejarme escribir que, si algo tengo en común con estas mujeres, es que he amado siempre como si la vida se me fuera en ello. Sus corazones se agotaron, ojalá el mío aguante unas cuantas vidas más.

De momento sigo aquí. Cuando me muera ya bajaré a contarlo.

Disfruten sus almas agotadas de un merecido descanso. Amén.

3 comentarios:

  1. Todas las mujeres amamos intensamente no eres tu sola,

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  2. ¡Claro que sí!, todas lo hacemos y así hay que seguir...

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  3. Me enganchan tus letras, cada día escribes mejor.Mil besos.
    Lydia C.

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