viernes, 14 de octubre de 2011

No esperéis que Amaya Valdemoro se rinda, no lo hará.

"...Amaya Valdemoro se fractura las dos muñecas, estará al menos dos meses de baja: esta lesión no me retira, la superaré y seguiré jugando..."

Recuerdo aquél día. Era viernes. Empezaba a anochecer. Y llegó el último fichaje. Escoltada por la belleza de su madre y por el carisma de su padre se presentó ante nosotras. Saltó de la pista de atletismo a la cancha de baloncesto, no sin algo de pena, puede que por suerte del destino, puede que por la inequívoca intuición de Chete y Pablo. Entonces sus conocimientos de baloncesto sólo hablaban inglés, pues sin Michael, Magic O Larry no se habría sentido tan atraída por un deporte que se iba a convertir en su forma de vida... Recuerdo aquél viernes como si fuera ayer. Recuerdo su desparpajo, su simpatía y su increíble habilidad para hacer cualquier cosa que le apeteciera hacer dentro de una cancha. Por aquél entonces a mi me llamaban pájaro loco, y por todos es conocido el carácter de Amaya, es evidente que hicimos buenas migas en seguida. La vida es muy generosa con algunas personas, y el destino regala sus estrellas sólo a algunos elegidos, aquella tarde ella se convirtió en una de las elegidas. Aquella tarde muchos empezamos a admirarla.

Han pasado muchos años desde entonces. Tantos que prefiero no contarlos, pues sería más fácil poner fecha a las arrugas de nuestras miradas. Y desde aquel día, Amaya no ha dejado de subir peldaños. Nunca con prisa, uno detrás de otro, sin pensar en consecuencias, simplemente estando allí donde su pasión le llevara. Y no se equivocó, pues su corazón consiguió llevarla lejos. Muy lejos. Saltando de un continente a otro, como si el Mundo pareciera quedarse pequeño para ella. Voló a Estados Unidos, voló a Brasil, voló a Rusia… sé que de haber sido aclamada en otro planeta, habría volado hasta allí. Nada le da miedo. Nada, salvo el tener que colgar sus botas, y puede que la rendición haya llamado a su puerta en alguna ocasión, pero ella nunca ha estado preparada para darle la bienvenida. Aún no. Siempre quiere más, no exige nada que no se exija a ella misma, no pide nada que no pueda dar, no claudica, no se rinde, no humilla, no se cansa. Ella nunca se cansa.

Puede que sus gemelos hayan notado los años vividos dentro de una cancha. Puede que su espalda también. Y sus abductores… pero no ella. No su cabeza. No su temple, ni su terquedad, ni su orgullo. Ella quiere más, sigue queriendo más. Pues aún su imaginación no puede perderse en un Mundo lejos de una canasta. Aún no.

Vanagloriamos a los grandes deportistas. Aplaudimos y jaleamos cuando nos muestran sus victorias con orgullo. Pero el entusiasmo parece desvanecerse en un instante. Y de repente un día dejan de ser recordados. Escribo a Amaya desde este rincón mío para asegurarle que ella no está sola, ahora menos que nunca. Sus muñecas puede que hayan querido rendirse, pero los que la conocemos sabemos que ella no lo hará, puede que incluso ya haya colgado un calendario para empezar a tachar los días que pasan hasta la fecha de su regreso. Debemos estar junto a aquéllos que logran el éxito para felicitarlos por su triunfo, pero debemos de estar en todos los momentos. Hasta cuando la mala fortuna llega a sus vidas, deben saber que no están solos y que cuando sus fuerzas flaqueen nosotros los ayudaremos a levantarse.
Amaya nos ha regalado muchos instantes emocionantes, ha volado tan alto que apenas hemos podido verla, se ha convertido en una de las mejores jugadoras de baloncesto del Mundo. Y escribiría esto tantas veces como pudiera hacerlo. Lo demostrará en un par de meses, cuando vuelva a saltar a un campo de baloncesto, posiblemente luciendo dos muñequeras recién estrenadas, cargada de rabia y de emoción, para regalarnos otra tarde gloriosa, un espectáculo seguro. Sé que será aplaudida por seguidores y rivales, pues es su personalidad lo que ha hecho de Amaya una estrella querida.

Desde este rincón te escribo querida amiga, para decirte lo que ya sabes, aunque tu humildad nunca lo reconozca, para regalarte unas letras que bien merecen muchos más folios, para regalarte la energía y el ánimo que tantas veces tú nos has regalado.

La grandeza de tu éxito se esconde en tu corazón, nunca le des la espalda. Aprovecha este respiro que te da la vida, disfruta de todo lo que te rodea y vuelve pronto. Te echaremos de menos.

Hasta luego amiga.

3 comentarios:

  1. Incluso tiene la fortuna de contar con amigas como esta. Felicidades a las dos. ambas transmitís

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  2. Unas grandes palabras de una gran amiga a una gran persona.

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