sábado, 12 de diciembre de 2009

Paseando por NY


El día ha amanecido soleado en NY. Son las 7 de la mañana, y el nerviosismo me mantiene en vela casi toda la noche. Quiero que amanezca ya para lanzarme a las calles como si de mi primera visita a esta ciudad se tratara. Siempre hay que guardar el recuerdo de la primera vez, lo hace todo más emocionante, o tierno, o mágico (¿de qué primera vez hablamos?) Estoy emocionada y canto sin parar, la, la, la, la (sin que este lalaleo se parezca nada al de Massiel, pero no sé cómo contagiar mi música) Hoy es la primera vez que vengo a este lugar después de decidir convertirme en la Carrie Bradshaw madrileña, puede que algunos crean que el papel protagonista de Sexo en NY me quede grande; empezando por la talla 34 de ropa se entiende que mejor dicho puede que me quede pequeño, pero estos son nimiedades. Hoy soy quién me dé la gana ser ahora que veo NY desde la ventana de la habitación de mi hotel, y mis ruegos antes de dormir de algo han servido pues el día ha amanecido soleado; mientras JFK me sonríe desde la pared (¡guapo!), y Jackie vigila celosa desde otro rincón. En un rato me pondré leggins y botitas de colores, rizaré mi pelo al máximo e incluso me atreveré con un gorrito para caminar por la ciudad al ritmo de la música que Sinatra canta desde algún escondite secreto de mi cabeza. El rincón de las nostalgias, imagino.
Ayer llovió y me dio igual. Paseé y me senté a tomar un café durante 3 horas, aquí los cafés son muy largos; y gracias a ello las conversaciones se hacen eternas. Si hoy llueve otra vez no me importa, pero el día pinta heladito y soleadito, ¡mis días preferidos! Pienso pasear por cada rincón hasta que mis huesos se hielen o se empapen, y pienso disfrutar de ese hot dog que siempre me da la bienvenida desde la entrada de Central Park. Me faltan dos amigas para ser las cuatro de la pandi. Pero Rocío me basta y me sobra, vale por dos o por tres diría yo. Se ha convertido en mi paseante en mis días aquí perdida, me lleva y me trae como si yo fuera una persona importante, y yo pues me dejo querer.
Cada dos frases la palabra shopping se cuela en mi conversación, no entiendo muy bien la razón por la que nada más pisar suelo americano empiezo a meter palabras yanquis en mi vocabulario y a adquirir actitudes yanquis (por ejemplo consumismo, ¡un, dos, tres responda otra vez!); aunque el fast food se resista, le damos al sushi y a las salad, los gustos son los gustos. Aunque para no sentirme culpable he encontrado las excusas perfectas (y hablo en plural), para darle a la tarjeta visa sin miedo: en primer lugar la cercanía de las Christmas, después tenemos las recién estrenadas rebajas que ya se pasean por los escaparates (las famosas sales conocidas en todo el mundo), y por último pero para mí la mejor de todas, es que en estas fechas del mes los números de la cuenta corriente aún no han empezado a coger esa tonalidad rojiza a la que últimamente están acostumbrados. Así que, dadas las excusas y consiguiendo sentirme menos culpable aún, no encuentro mayor placer que irme de shopping y convertirme en Papá Noel antes de tiempo. Aunque esta vez intentaré ser generosa y llevarme algo para mí.
De momento he llenado mi maleta de chocolatinas, puede que sea una catetada, pues sé que en mi querida España, esa España mía esa España nuestra, también venden estas cositas. Pero no voy a engañar a nadie, llego aquí y soy cateta, compro lo que puedo comprar en casita porque no hay mayor placer que abrir la maleta y empezar a sacar el mayor número de gilipolleces posibles perdidas entre la ropa. Y mis sobrinos encantados de la vida. ¡Mas gilipolleces tía, más gilipolleces!, parecen gritarme desde algún lugar mientras me paseo por los pasillos repletos de bolsas gigantes llenas de todo tipo de dulces. Y yo, ante esos gritos, pues no me puedo resistir.
(¡Oh, shit!, ¿estoy motivada o estoy motivada) Me estoy quedando sin batería, tengo que comprar el adaptator para el enchufe. Nunca he entendido porque no se le ha ocurrido a nadie utilizar los mismos enchufes en todo el mundo ¡Qué obsesión con ser diferentes! Así que mi búsqueda de tienda en tienda tiene otro objetivo: adaptator; compraré mi café y me pasearé por las calles de la city como si de los pasillos de mi casa se tratara, no sé por qué, pero eso de pasear con café en mano es algo necesario. Vital, diría yo, para que las compras salgan bien. Me convierto en otra persona, es algo raro. Pero me encanta, porque se me pone una sonrisa de tonta en la cara que incluso algunos me miran por la calle y me devuelven el guiño… ¡he ligado en NY!, (¿no queda súper chic esto?). Luego me iré al Soho a cenar y entonces se desatará mi locura, empezaré a hablar en inglés y a disfrutar de mi dry Martini como si fuera algo que hago todos los días. Para llegar a la habitación y empezar a hacer malabarismos para meter todo en la maleta, llegando a la conclusión una vez más, que mañana me tengo que ir a comprar una bolsa de viaje, creo que ya acumulo unas diez en mi hogar. Intentaré traerla la próxima vez, lo de comprar es muy divertido pero comprar cosas innecesarias y repetidas es algo estúpido.
Me voy a elegir el modelito del día, enchufo el Ipod y pongo a Sinatra mientras me contoneo por la habitación con un té recién hecho en mano rebuscando en mi maleta el conjunto perfecto para ir de shopping con my friend… ¡aghhh! ¿Se puede ser más Carrie en este momento? Me voy corriendo, mañana os cuento qué tal me ha ido…
I want to be a part of you, New York, New Yooooork……

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