sábado, 12 de diciembre de 2009

Imitando a Carrie Bradshaw


Hace unos días una amiga vino a casa, y en algún momento de la tarde me dijo que yo era Carrie Bradshaw, no dijo que yo fuera como Carrie Bradshaw sino que yo era Carrie Bradshaw (el personaje de Sexo en NY que se dedica a escribir acerca de su vida y de la de sus amigas). 

No sé si sería una indirecta para que empezara a contar historias acerca de ella. Lo cierto es que lo primero que hice fue mirar mi nariz de perfil, después eché un vistazo a mi alrededor, observé mi casa con detenimiento, miré por la ventana y me paré un instante frente al vestidor (¿vestidor?); y la desilusión invadió mi cuerpo lentamente hasta dejarme completamente hundida: Carrie no viviría aquí ni de coña. 
Pero empeñada en convertirme en estrella de mi película esa noche, cuando mi amiga se marchó cogí el ordenador, y tal y como habría hecho la protagonista, me senté encima de la cama para empezar a escribir. Comencé a trabajar en mi artículo (esta frase revela la entrega con la que me metí en el papel), sin tener muy claro acerca de qué escribiría. 
No es fácil convertirse en estrella así, de repente. 

Hay una frase que Carrie escribe a menudo, y que espero no decir nunca cuando sea columnista de un periódico como ella: “somos gente corriente”. No querida, no lo eres. Sentarse a escribir con un modelito tan incómodo como fashion sobre la cama es una estupidez; pasas frío y además el ordenador se mueve de un lado a otro sin que se pueda encontrar el punto de estabilidad en momento alguno. Quedar todos los días a comer y cenar sushi o ensaladas en los restaurantes más monos de la city, no le dejan a una ahorros para llenar el armario con las prendas más envididadas de la temporada. Y hablar o escribir acerca de las experiencias amorosas o sexuales de las amigas, puede ser la oportunidad para hacerte famosa, pero en breve te quedas sin amigas y consecuentemente sin inspiración. Así que no me vale ser Carrie. Lo acabo de decidir.
Decir que no he visto la serie sería mentir. Y no quiero convertirme en hombre regalando mentiras innecesarias (¡uy!, pues esta frase sí que es un poco de la serie, ¿no?). He visto algún capítulo, pero me pasa una cosa muy extraña, pues en mi casa sólo (¿sólo?) veo doce canales de televisión, ¿o se dice TDT?, y me toca tragarme las series made in Spain; así que veo poca serie americana. En los hoteles tengo más suerte, y es curioso, pues cuando encuentro un canal en el que emiten algún capítulo… ¡siempre es el mismo! No lo entiendo, algunos dirían que es mala suerte, yo prefiero pensar que el destino me regala una y otra vez la reposición del mismo episodio porque algo tengo que sacar en claro. Sinceramente no recuerdo ahora de qué trataba el episodio en cuestión, pero espero que no fuera uno de esos en los que el hombre perfecto resulta ser un impostor que engaña sin compasión a una de las chicas maduritas. Para eso ya tengo mi mundo real. Gracias.

Con este tipo de series pasa lo mismo que con el huevo y la gallina. ¿Es el mundo real el que inspira a la ficción o es al revés? Yo prefiero pensar que la guionista en cuestión (porque es mujer sí o sí), se ha inspirado en su mundo para crear un personaje en el que le habría gustado convertirse. Seguramente se encontraría en mi situación y, aburrida de su universo, decidió inventar otro en el que pudiera dar rienda suelta a sus deseos más secretos. Es la suerte que tenemos los que escribimos: inventamos nuestro mundo por muy irreal que pueda parecer, para escapar de la rutina.


Y como no hemos tenido suficiente con tanta nueva temporada estrenada, ¿han sido diez?, para acabar de hacer millonarias a las cuatro amigas, un alma cándida del mundo del cine decidió que era necesario rodar “la película”. Así que mi hermana y yo nos sentamos frente a la pantalla del cine, advertidas antes por las entendidas, pues no sabíamos que era necesario haber seguido la serie para entender el movie; así que después de ponernos al día, nos adentramos en el fantástico mundo de Carrie y de sus chicas. 


Ha pasado un tiempo desde entonces, pero recuerdo perfectamente al hombre que la dejaba tirada en el altar, y que ella huía a un paraíso creo que mejicano, en el que ahogaba sus penas en margaritas bien cargadas, y sobre todo recuerdo un gorrito de lentejuelas que llevaba la prota en una noche de lluvia (¿por qué pusieron lluvia en aquélla escena?). Lo mejor de todo, y estoy siendo irónica, es que después del plantón y de la humillación que sufrí en carne propia, al final le da otra oportunidad y ¡vuelven a estar juntos!, seguramente tenía que haber visto la serie para entender su perdón… 

Intentaré acabar este artículo (¿artículo?, ¿otra vez?, estoy completamente metida en el papel), y empezaré a pensar en mi próximo viaje. No es que quiera cambiar de tema sin sentido, es que me voy a NY, y pensando en la maleta que llevaría Carrie si estuviera en mi lugar, me está empezando a doler la espalda ¿Cuántas maletas necesito?, ¿debería de comprar un baúl? Yo creo que lo más cómodo será llevar una maletita con ruedas no muy llena para ir de shopping y regresar, al menos, con el gorrito de lentejuelas plateadas. 

De momento voy a sacar del baúl de los recuerdos esos vestidos que no me pongo desde hace décadas, pues los 80 vuelven a estar de moda, y las hombreras amenazan con hacer que vuelva a perder el sentido del ridículo. ¿Y si resulta que NY es la ciudad elegida para que me tope con el hombre perfecto?, entonces no dudaré en podar mis dedos, digo podar y no amputar, si los vieran lo entenderían, y calzarme así unos Manolos comprados en las rebajas, después de robarle a mi querida Carrie el modelito más exagerado e incómodo que haya lucido en sus años de fama. 

Todo sea por amor, ¿no? 

Y después, cuando ya me hayan hecho suficientes putadas como para irme a Bora Bora de vacaciones con mis amigas, decidiré si quiero cambiar de personalidad y buscarme a otro personaje con el que me sienta más identificada… ¿Cómo se llamaba la mala malísima de Dallas? ¡Esa me encantaba! 
Pero claro, para eso hay que irse a Texas… ¿valdrá la Alcarria?, por cercanía, digo.



1 comentario:

  1. q bueno Laurita...me encanta!
    Tasconcita

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