viernes, 27 de abril de 2012

En el tiempo que nos ha tocado enamorarnos


Persuasión es el título de la última novela que escribió Jane Austen, en ella narra la historia de una joven persuadida para alejarse del hombre que ama por distintas razones, y como el tiempo volverá a darles otra oportunidad.


A veces me preguntan por qué escribo tanto acerca de las relaciones, de las parejas o de las frustraciones emocionales. Y yo me contesto a mí misma, ¿hay algo más importante? En una ocasión alguien me dijo que no hay problemas más importantes que los del corazón, que todo lo demás puede arreglarse, pero el desconsuelo que siente un corazón roto es un dolor difícil de entender y de superar. El tiempo, siempre decimos lo mismo; el tiempo y la distancia harán que te recuperes. Es fácil decirlo, cuando no se es la persona que vigila ansiosa las manecillas de un reloj que parece haberse detenido.

Paso tiempo con mis amigas, con ellas comparto una forma de vida y eternas conversaciones que nos hacen dar vueltas a las mismas dudas una y otra vez hasta marear nuestros cerebros y confundir a nuestros corazones. Cuando cae en mis manos una novela o un relato escrito hace años, muchas veces pienso en lo mismo, las mismas historias se suceden a lo largo de los años, es otra época, diferentes prioridades, pero al final todo se resume en lo mismo: amor.

Si algo me apena es descubrir todo lo que hemos dejado en el camino, la inocencia que cada vez se pierde antes, la rápida rendición de los que aman, la falta de lealtad en uno mismo… las mujeres nos hemos empeñado en correr, hemos intentado ganar una carrera en la que no deberíamos haber participado, y muchos hombres olvidaron que el respeto a las mujeres es lo que los convierte en seres únicos.

Y siempre llego a la misma conclusión: no hay un culpable, no hay una razón por la que el final deba de ser escrito, pero lo cierto es que el final es una posibilidad que existe desde el momento en el que algo empieza.

No me gusta castigar al hombre con mis palabras, si bien es cierto que en ocasiones intento actuar como abogado del diablo, escuchando lo que muchas veces las mujeres inventamos sólo por mantener viva una ilusión que es irreal. Hablo de relaciones como tal, pues así es como se presentan en el sofá de mi casa, mientras disfrutan de mi vino y de una conversación que pocas veces nos lleva a una respuesta concreta. Las respuestas suelen ser infinitas, y elegimos aquélla que nos permita seguir creyendo en nosotros sin abandonar cualquier sueño, por imposible que parezca. El amor es amor, y es igual de irracional cuando los implicados son mujeres que aman a hombres, hombres que anhelan a su mujer, mujeres que sienten por mujeres lo que otros hombres sienten por su príncipe imposible. No importa el sexo, ni a quién elijamos para caminar a nuestra vera. Lo único importante es el amor, esa putada que a veces nos pasa y que nos hace perder la razón simplemente para hacer que nos sintamos más vivos.

A veces, al hablar, intentamos convencernos de que no todo está perdido, intentamos entender por qué a veces las personas se rinden, por qué abandonan sus valores de repente, por qué ya pocos son los que se presentan con valentía ante alguien y agotan todas las posibilidades de mantener vivo algo antes de abandonar. Puede que muchos tengan razón, cuando hablan de mí como un alma romántica, ya me encargo yo de aclarar que soy yo la que a veces siente que de haber podido elegir, habría elegido un tiempo pasado… que seguro también habría sido un tiempo de anhelos, y nostalgias, un universo de relaciones imposibles y de amores no correspondidos. Pero por alguna razón mi imaginación a veces vuela hasta aquéllos días en los que un hombre no dudaba cuando quería a una mujer, cuando no se permitía que el amor se esfumara con la misma rapidez con la que había aparecido, cuando no eran juegos ni mentiras lo que quitaban el sueño a las almas enamoradas… preguntaron a alguien el otro día acerca del secreto de llevar 65 años juntos, y contesto ella muy segura: crecimos en un tiempo en el que cuando algo no funcionaba se arreglaba, no se tiraba a la basura. Esta creo que es la mejor definición.

Siguen pasando los días, y con ellos siguen pasando las historias que me sorprenden más o menos, siguen compartiendo un vino conmigo las personas que se empeñan en no abandonar ilusiones, sigue amaneciendo cada mañana, y cada día que pasa es una oportunidad nueva. Un volver a creer…

No importa la incapacidad de aquéllos que nunca supieron amar, ni la decepción que nos regalan los que tiempo atrás defendían unos valores que dejaron de respetar repentinamente, no importa si el amor vuelve a presentarse ante nosotros para abofetearnos la cara, o si decidimos sentarnos a esperar eternamente a ése amor que se fue…

Importamos nosotros, y es en nosotros en quien debemos seguir creyendo, aunque la vida y la época en la que nos haya tocado crecer se empeñe en hacernos abandonar los valores y los principios con los que creció nuestra inocencia.


Hoy me desperté nostálgica, mañana volverá la ironía. Hay un momento y un instante para todo.

jueves, 19 de abril de 2012

La búsqueda de la otra mitad

Leí el otro día en algún lugar la razón por la que existe la teoría de la media naranja, o la eterna búsqueda de la persona que complemente nuestra existencia. Y cuando digo en algún lugar, no me refiero a un folleto publicitario de un gabinete psicológico, no. Pues eran letras de un escrito de Platón o alguno de sus coetáneos, en las que hablaba de un tiempo pasado en el que los seres que habitaban este lindo Planeta tenían cuatro piernas, cuatro brazos, dos cabezas… todo multiplicado por dos, para resumir, y su soberbia era tal que el Dios Zeus los partió a todos con un rayo y entonces nos regaló la oportunidad de estar siempre buscando a la otra mitad que nos complemente… el relato es mucho más extenso, pero no me quiero poner punsetiana ahora, simplemente encontré en este cuento de mitología griega una razón romántica para entender el por qué de la necesidad de estar en pareja.

Una amiga me dijo el otro día que daba luz verde a mis letras para hablar de su historia, pero no utilices mi nombre, me dijo, ¿acaso lo hago alguna vez?, si incluso invento amigos para crear una historia de la nada. Tramposa, lo sé. Pero así es más fácil.

En ocasiones no entendemos el por qué de la huída de la persona que comparte su vida con nosotros. Muchas veces nos esforzarnos para estar a gusto, para seguir caminando juntos, por la única razón de no dejar a la soledad entrar en nuestros días. Pero hay algo que está muy claro, o que mi ignorancia tiene cada vez más claro, y es que el hombre (como género masculino) cuando da una relación por finiquitada, es porque ya tiene sustituta en el lado de la cama que su pareja abandona. Pueden inventar tantas excusas como deseen, pueden fingirse víctimas de una relación tortuosa, pueden simplemente hablar de su necesidad de encontrar algo más en la vida (¿qué carajo significa ésta frasecita?)… a estas alturas, pueden incluso hablarnos de lo que les plazca, pero nosotras ya lo sabemos. Si se largan es porque han encontrado en la novedad una alternativa que los trastorna momentáneamente. Se entiende. Yo lo entiendo. El amor aparece de repente cuando menos lo esperas y tienes la necesidad de arriesgar, de salir corriendo y de creer a tu instinto animal. Pero hay una segunda parte, y no es otra que las personas que hemos estado a su lado hasta ese momento. Las personas que hemos cambiado parte de nuestra forma de vida, adaptado nuestros gustos para crear una convivencia más llevadera, pasar por alto pequeños detalles que antes no habríamos soportado… las personas que hemos querido sin condiciones, con la única ilusión de seguir paseando junto al que creemos es nuestro compañero de vida…

No merece la pena ser cobarde, pues la valentía de admitir un error (o una cagada) convertirán a la desleal pareja en alguien a quién no se olvidará nunca, y lo más importante, no dejaremos de pensar en ellos como seres íntegros, con los valores y la educación suficientes para que siempre les tengamos el cariño que merecen. A pesar de la decepción, del dolor y del tiempo de duelo merecido… a veces luchamos contra nosotros mismos, decimos haber cambiado, decimos que ya somos diferentes, pero somos quiénes somos y tarde o temprano nuestro YO real volverá a ser protagonista, y entonces el daño es mayor…

Puede que no se encuentre sentido a las dos historias que aquí he contado. Pero lo tiene. Pues al leer la primera parte de éste escrito, el cuento acerca de quiénes fuimos y cómo Zeus nos castigó, y al escuchar a mi amiga decepcionada intentando buscar una explicación a su ruptura, mientras recordaba la cantidad de cosas que soportó sin quererlo y aceptó sin que le gustaran, me pregunto yo si no seremos nosotros los que nos equivocamos. Si realmente somos mitades de un algo, si realmente existe esa otra parte que nos busca así como nosotros la anhelamos a ella, ¿no deberíamos encajar perfectamente una vez nos encontráramos? Y no hablo de formar la relación que la cultura en la que vivimos nos ha enseñado, no. Hablo de encontrar ese complemento que camine a nuestro lado, que acepte nuestra independencia, nuestras rutinas, nuestras soledades buscadas, nuestros zapatos de tacón alto, nuestros zumos en el desayuno… todo lo que somos, todo en lo que nos hemos convertido, y todo lo que ellos quieren tener a su lado. No por ser perfectas así como nos definan los diccionarios, sino por tener exactamente lo que ellos necesitan para quedarse a nuestro lado, caminando sin necesidad de correr, y sintiendo lo que a veces se puede sentir sin necesidad de esfuerzo: es esto, es simplemente perfecto.

Puede que el egoísmo haya hecho daño a los que llevamos años viviendo solos, puede que imaginar que alguien sea capaz de aguantar nuestras rutinas sea impensable, puede que siempre encontremos algo que no nos guste de la otra persona… pero yo creo, y es mi humilde opinión, que el secreto no es estar buscando a la persona que creemos necesitar, ni adaptarnos a ella cuando creamos que ha aparecido. No, yo creo que el secreto es no dejar de ser nosotros, ser generosos con los que nos rodean y con la personita que nos vigila desde el espejo, y descubrir de repente que hay alguien a nuestro lado, alguien que no ha alterado nuestra vida, que no nos regala preocupaciones, que no nos arrebata parte de lo que somos. Y si esto ocurre es porque ese alguien es esa mitad que por fin nos ha encontrado.

Llamadme soñadora, romántica o ilusa. Llamadme lo que os plazca o lo que mis letras os inspiren. Pero esta realidad está ahí afuera, y así como muchos de vosotros os conformasteis un día, así como otros os rendisteis antes de tiempo, así como algunos seguís sentados esperando… también sé que hay otros que no pensáis en la relación que tenéis, simplemente porque os sentís a gusto estando donde estáis, y no tenéis necesidad de plantearos la duda…

Así que para despedirme, y para desmontar mi propia teoría (sí, lo asumo, la rarita soy yo), añadiré algo para volver loco al lector: desde que somos niños se empeñan en enseñarnos que somos la mitad de una naranja, y en realidad somos la naranja entera, somos seres completos; estas son letras de John Lennon (cuesta creerlas imaginándolo en su cama de amor y lujuria con Yoko), así que mi recomendación es que a la vista de tanto filósofo en la historia de nuestros días, que cada uno elija la teoría que mejor le venga, y que sea consecuente con las decisiones que tome. Intentando recordar que hay decisiones que implican a otro corazón, a veces roto, y que regalar daño es una virtud en el Universo de los descorazonados.





miércoles, 4 de abril de 2012

Una bofetada a la desesperanza

El otro día alguien me dijo que la inspiración aparece sobretodo en los momentos de tristeza. Según Picasso, la inspiración aparece, pero tiene que encontrarte trabajando. Últimamente yo no encuentro a la inspiración por ningún lado, y la busco hasta dentro de la nevera. Puede que estos días no sean suficientemente tristes para mí, aunque si lo fueran tampoco lo diría, creo que ya hablo más de la cuenta (dar mucha información puede volverse en contra de uno mismo).


Lo cierto es que de un tiempo a esta parte, mis reuniones con amigos parecen estar contagiadas de nostalgia y añoranza, de penas y preguntas sin respuesta. O simplemente respuestas que yo no soy capaz de encontrar. Puede que la primavera haya llegado más agresiva que nunca, y que esté azotando nuestros corazones anclados en una absurda normalidad que alguien inventó sin pensar en las consecuencias. Pero así es la vida, esta vida en la que vivimos, esta vida en la que pasan cosas que a veces no podemos controlar, esta vida en la que nadie nos enseñó a hacernos mayores y aceptar las bofetadas de las sorpresas del destino.

No debemos subestimar los problemas que cada persona tenga, ni la importancia que se les dé en cualquier escala de valores reflejada en un libro. Somos almas únicas, y como tales damos importancia a aquello que nos hace temblar de emoción, de placer o de tristeza. Si queremos que nos escuchen y nos entiendan, cuando ni siquiera nosotros mismos somos capaces de hacerlo, debemos aprender a escuchar y entender a aquéllos que nos hablan por la simple necesidad de encontrar algún consuelo. Ése consuelo a veces tan imposible de conquistar.

Siempre hablo de relaciones, de personas y de vidas, ajenas o no, porque encuentro que es lo único y más importante que tenemos, el valor más preciado de esta vida que nos han regalado. Y cuando escribo imagino que lo hago porque sólo encuentro el desahogo en un folio virgen, el único lugar en el que me siento capaz de gritar sin necesidad de otra respuesta que la mía propia.

Llevo días de tristeza contagiada. Escucho historias de personas a las que quiero, y me hablan con un desconsuelo de sus vidas que no sé qué hacer, no sé qué decir… cuando en realidad me gustaría responder que yo también he dejado de creer en muchas cosas. Mi optimismo e ilusión parecen diluirse poco a poco, sé que no desaparecerán, sé que están tan dentro de mí que en cualquier momento recuperaré la fuerza. Pero no tengo palabras que ofrecer a los que me hablan, porque he de confesar que en estos días yo también creo haber dejado de creer… sé que en esta corta vida que he vivido me he equivocado en muchas ocasiones, pero nunca abandoné mi ilusión ni los valores con los que crecí. Ahora todo parece ir muy rápido, igual es la edad, igual es el entorno, no sé lo que es, pero las personas de buen corazón parecen haberse escondido, los corazones valientes corren asustados a refugiarse de los nuevos retos, y la lealtad a uno mismo es una virtud que parece formar parte de un ayer…

Y aunque parezca mentira, estas letras no son más que un grito de esperanza. Esperanza para los que parecen no encontrar el camino, para los que sienten tristeza sin razón, para los que se sienten decepcionados. Sé que hay algo bueno ahí afuera, sé que a pesar del dolor regalado hay una ventana abierta para todos y cada uno de nosotros, ésa ventana que sólo podremos encontrar si tenemos ilusión por hacerlo.

Alguien me dijo el otro día que los soñadores nunca debemos rendirnos, aunque la realidad quiera arrebatarnos nuestros sueños, debemos seguir creyendo en ellos, aprender a esperar, ir pasito a paso, y yo os prometo, desde la ignorancia y la emoción que llegarán. Seguro que llegarán. Puede que debamos cambiar algo en nosotros, sin alterar nuestra esencia, pero sí aprender a encajar en este mundo que a veces parece haberse vuelto tan loco. Puede que los cuentos de hadas no sean como los imaginamos, pero sí que pueden existir, siempre que en ellos se crea. Puede que nos arrebaten lo que nos pertenecía, pero habrá algo que llene ése espacio que ha dejado en nuestro interior… sea un trabajo, una ilusión robada, un ser querido, una creencia…

Debemos poner de nuestra parte, y yo, aunque no sea este el escrito más optimista de los que he escrito, prometo poner a trabajar a mi imaginación, prometo inventar historias que arranquen una sonrisa y prometo creer tanto en ello que seguro alguna de ellas se hará realidad.

Lo más importante, lo único por lo que merece la pena seguir, es por uno mismo. Nadie creerá en nosotros, si no lo hacemos nosotros mismos. No os rindáis, pase lo que pase no os rindáis porque os aseguro que ahí afuera hay un Mundo que está deseando conoceros.

Lo mejor siempre está por llegar...

martes, 20 de marzo de 2012

El estanque de Matilde

Cuando conocí a Matilde tenía cuarenta años. Los tenía ella, yo aún no he llegado a tan celebrada edad. Era entonces una mujer bella, de tímida sonrisa y mirada de carcajada. Cuando hablaba decía mucho, no llenaba sus conversaciones de nimiedades ni paja, puede que alguna metáfora de vez en cuando, amable gesto por su parte, pues en ocasiones era difícil entender lo que su trabajosa cabeza pensaba.


Nos conocimos por casualidad, y gracias a las sabias pistas del destino en seguida nos hicimos amigas. Confiaba en ella, porque si algo tenía era una envidiable capacidad para inspirar confianza, puede que por sus valores, por su sensatez, por su locura inventada, o simplemente por esa sonrisa sincera que nunca engañaba… jamás conocí a alguien como ella.

Tiempo después, sin saber cómo, logré adentrarme en su hermético mundo. En la intimidad de un corazón que descubrí cicatrizado por mil rincones, dolor olvidado en recovecos imposibles de descubrir por casualidad. Matilde era una máscara de sonrisa, inventó el mundo en el que ella quería vivir, sólo porque había decidido no volver a sentir el latigazo de las complicaciones del amor.

La noche en la que por primera vez compartimos secretos de su pasado, además de dos botellas de vino, me mostró el lugar en el que había aprendido a asumir la realidad en la que vivía. Me llevó a un lugar escondido de su jardín, y cuál fue mi sorpresa cuando descubrí un pequeño estanque, decorado con plantas y flores de colores, en el que convivían decenas de ranas. Ranas que a primera vista me resultaron repugnantes, pero que después de un rato observando, mientras escuchaba a Matilde hablar, llegaron a resultarme tiernas e incluso simpáticas.

No hizo falta preguntar el por qué de aquél lugar. Ciertamente, la elegancia en el vestir y en el moverse de Matilde no hacía presumir que escondiera en su jardín una pandilla de ranas atrapadas en un pequeño mundo que ella misma había creado para ellas. Pero así era. Y entonces, en aquél instante, sentada en un viejo columpio en el que se balanceaba con suavidad, me contó el por qué de aquél lugar.

Soñaba desde niña con mi historia de amor, dijo, crecí con cuentos de princesas y con canciones que me hacían presagiar la mejor de las historias de amor, a veces no creía en ello, pero con el tiempo, a medida que me hacía mayor y que veía a los demás crecer a mi alrededor emparejándose con sus amores encantados, creí que mi momento también llegaría. Matilde hablaba casi cantando, bebía vino, y suspiraba nostálgica de tanto en tanto. Y lo cierto es que encontré al hombre perfecto, continuó, no una, sino una decena de veces, por casualidad o por empeño mío, conseguí toparme con la persona que creía sería la que caminaría conmigo el resto de mi vida, pero siempre me equivocaba… en ocasiones no era necesario mucho tiempo para darme cuenta de la rapidez con la que desaparece el encanto del encuentro mágico, y no es que yo fuera exigente, o al menos eso he creído siempre, simplemente entendí que el alma de cazador del hombre, se rendía en el instante en el que su presa se rendía a su voluntad. Yo no creí rendirme, nunca quise rendirme, simplemente creía que el juego era eso: encontrarse, conquistarse, deleitarse, y quererse… pero no era así, nunca era así. Te contaría que todo fue normal, pero al llegar a una edad, en la que descubres que al margen de lo diferentes que son los hombres con los que te encuentras, las historias siempre tienen el mismo final, entonces empiezas a plantearte si el problema no serás tú…

Me quedé mirándola allí sentada, supe que de estar sola en ese instante habría rodado una lágrima de desconsuelo por su mejilla, pero no era la tristeza lo que le gustaba mostrar de ella misma. Quise abrazarla entonces, quise animarla, pero sabía que era absurdo sólo pensar en ello… hablaba sabiendo de lo que hablaba, asumiendo su realidad con orgullo, disfrutando del agridulce sabor de la pérdida de sus sueños de niña.

Estando allí sentadas, frente a su estanque de ranas y flores de colores, hablando del amor, pude entender que Matilde lo único que había hecho era crear su propio sueño. Le pregunté acerca de aquél rincón, intentando disimular mi curiosidad, ella sonrió, y me regaló por primera vez una amplia sonrisa, por fin compartía con alguien su secreto, y los secretos en ocasiones son más valiosos cuando son compartidos con un alma cómplice…

Son todos ellos, me dijo, puede que nunca tuviera mi historia de amor de eterna, pero los tuve a todos ellos, no todos cumplimos nuestros sueños, pero hay que valorar lo que hemos vivido, puede que no nos perteneciéramos, pero por un instante fui feliz, me hicieron feliz y prefiero esos instantes sumados en el tiempo que haberme conformado con un cuento que no me pertenecía.



Una mañana Matilde decidió no despertar. En ocasiones pienso que se rindió, y que la niña que siempre había guiado sus pasos había ganado la batalla. Su fingida fortaleza se esfumó por fin.

Me despedí de sus cenizas con una tristeza que nunca antes había sentido, rabia y resignación de perder una amiga de tan noble alma. Y descubrí a mi alrededor a más personas de las que hubiera podido imaginar, hombres portando hermosos ramos de flores, escondiendo su mirada triste, dejando que el recuerdo les dibujara tímidas sonrisas en sus rostros.

Me quedé un instante frente a ellos, y de repente empecé a reír, risas que no pude contener, hasta lograr que todos se contagiaran llenando el triste silencio de múltiples carcajadas. Perdimos el control, nos mirábamos sin saber por qué reíamos, hasta romper a llorar de nuevo. Locuras de las despedidas, imagino.

Alguien me preguntó después que por qué reía, y yo contesté sin dudarlo: Matilde lo consiguió, al final su cuento se hizo realidad. Y me marché.


De vuelta a mi casa recordé las palabras que Matilde me regaló aquélla noche frente a su estanque: son todos ellos, fueron importantes, pero yo lo fui más para sus vidas… me giré y allí los vi, portando cada cual un ramo de flores más grande, llorando la pérdida de la persona a la que a pesar del tiempo pasado, nunca olvidarían. Dudé un instante, quise hablar con todos y cada uno de ellos, preguntarles si se arrepentían de no haber vuelto antes, que me contaran qué era lo que recordaban de ella, y si pensaban en ella a menudo. Decidí no hacerlo, Matilde ya se había ido, y lo había hecho convencida de haber vivido su propio cuento, en el que al final todos sus príncipes habían acabando chapoteando entre las flores del jardín de su casa.

martes, 10 de enero de 2012

Bella Solitaria


Una noche cenaba con unos amigos en un pequeño restaurante con encanto; uno de esos que las revistas ponen de moda gracias a la visita de unos cuantos personajes de importancia cuestionada, un restaurante que como otros tantos reaccionó equivocado ante la fama inesperada; olvidando la magia y la ilusión con la que fue parido, y optando por amortizar los gastos de su inauguración en un tiempo récord: mesas agolpadas que no respetan la intimidad de los comensales de al lado, enfado de camareros inexpertos y desconocidos sentados demasiado cerca ¡Hasta luego cena entre amigos!

Conversaciones susurradas convertidas en gritos después de una segunda o tercera botella de vino, sin importar ya las indiscretas miradas ajenas, conversaciones públicas y secretos descubiertos.

Hablábamos una y otra vez de lo mismo, y no pude disimular mi aburrimiento hasta que mis ojos se toparon con nuestros vecinos desconocidos; tres hombres elegantes, discretos y ajenos a lo que no fuera su conversación. Uno de ellos hablaba con lentitud, moviendo sus manos al ritmo de sus palabras, no llegué a escuchar su voz pero la imaginé dulce y sensual. Mi indiscreción fue notable. Nos miramos dos veces, me sonrió y le devolví la sonrisa.

La cena estuvo bien. Por la comida, por la compañía, por la música y por la sonrisa regalada de aquél desconocido. Antes de marcharse se paró junto a nuestra mesa, dedicó un educado saludo a mis amigos al tiempo que ponía su mano sobre mi hombro. Las mujeres bellas son los seres más solitarios que existen, susurró acercándose a mí. Y como por arte de magia desapareció, aunque mi piel erizada aún sentía la emoción del instante regalado por aquel desconocido. Fue un momento simplemente perfecto.

La intriga de mis amigos fulminó mi emoción efímera, no entendieron nada. Ni supieron el porqué de aquellas palabras.

Siempre me he considerado un ser solitario. Pero por un instante me sentí mujer bella.

lunes, 9 de enero de 2012

Todo lo dicho antes de la palabra PERO...

Siempre he dicho que si se me permitiera borrar una palabra del diccionario borraría la palabra “pero”. No me gusta, la utilizo, pero no todo lo que decimos o hacemos es de nuestro agrado, ¿no?


Ayer compartía Sol, vino y conversación con dos amigos. Se alargó el vino hasta que se largó el Sol, ¡tremendo juego de palabras! Cuando estás a gusto el tiempo vuela, y ayer voló, ¿por qué lo bueno dura tan poco?

Mi amiga (no sé cuando decidí no llamar a mis amigas por sus nombres, creerá el que me lea que son amigas imaginarias… y no voy a llevar la contraria a nadie), vuelvo a desviarme del tema: pues eso, estaba yo tan feliz hablando con mis amigos, y en un momento de la conversación mi amiga sinnombre me regaló una frase robada a un libro, a una película o no sé a quién, pero me la regaló, que es lo que importa: todo lo que se diga antes de la palabra PERO no vale para nada... hubo un silencio en la terraza, un instante en el que todos nos quedamos pensativos, el tráfico se paró de repente… ¿me estoy pasando?, a veces no sé dónde está el límite… Bueno que nos gustó la frasecita, nos miramos y nos sonreímos… imagino que todos buscamos en nuestra memoria mil instantes en los que aquélla frase podría tener un sentido único… ¡ay!, ésos secretos tan nuestros…
Sigamos: para muchos ésta tan sólo será una frase más, para mí no. Para mí es mi primera más mejor frase del año (soy excesiva a veces, I know). Me perdí disimuladamente en mi limbo habitual durante un rato, pensando en la de veces que he querido borrar ésa palabra de mi vocabulario, e intenté recordar todas las ocasiones en las que alguien me ha regalado una excusa absurda antes de regalarme un pero. A veces creo que no es más que cobardía, falta de coraje para decir lo que se siente o se piensa sin más. Sin necesidad de decorar la realidad para intentar alegrar nuestra tristeza… muchos de nosotros hemos sido unas personas maravillosas, buenas, guapas, atractivas, divertidas, generosas (e incluso bellas, puestos a regalarnos palabras…), y lo hemos sido porque es lo que nos han repetido en más de una ocasión (¿quién tiene el récord?), y después de asumir lo maravillosos que somos… ¡zas!, ¡sopapo inesperado!... ¡ya está aquiiiiii!… ¡el pero se acercaaa!... ¿por qué?, ¿por qué?, yo sólo quiero que alguien me explique por qué pegamos tremendas charlas, ¿por qué no zanjar la historia y punto?...
No soy muy amiga de dar consejos (¿quién soy yo para dar clases de nada?), aunque hoy haré una excepción pidiéndoos por favor, que todos los adjetivos y frases relindas que tengáis guardadas en la recámara para dedicarnos antes del maldito PERO os las ahorréis, aunque creáis que no, es mucho peor decirlas que ir al grano sin más, o sea a la ruptura. Lo único que se consigue es que el corazón roto se vaya a su casa con más dudas aún… ¡coño si soy tan perfecta por qué me ha dejado!... y entonces, en el caso de ser mujer, empezamos con las invenciones tan nuestras… sé que me quiere, pero él no lo sabe; no está preparado para una relación, le dejaré tiempo; se arrepentirá, no encontrará a nadie como yo… ¡qué no, qué noooo!; que te han dejado, que pasan de ti, que te olvides de todo lo dicho antes o después del PERO… ¿qué me decís?, ¿no es mejor evitar algunas palabras?, sé que para ello es necesario ser valiente, y la valentía lleva ya un tiempo de vacaciones en paradero desconocido. ¡Podrían ahorrarse tantas lágrimas absurdas!... bueno eso creo, es sólo mi opinión, ¿eh?... sin acritud (ésta palabreja tan de moda me encanta).

Y aunque parezca que sólo en el amor y en el desamor ocurren las cosas (¿hay algo más importante?), esta frasecita que ha llegado ahora a mi vida, es perfecta para explicar muchas cosas más. Si el trabajo no es para mí, no me explique lo perfecto que soy para luego coger a un becario. Vaya al grano. No tiene el perfil, y punto. Ya pensaré yo si posaré con mi perfil bueno o no la próxima vez. Si alguien luce un vestido que le queda mal, no digamos lo maravillosos que son sus ojos, su peinado y su tacón… pero el vestido… ¡no, no, no!, así no se hace… el vestido te queda un poco raro sería mejor, y se ahorraría hacer el ridículo en la fiesta con tremendo disfraz… Puede que las intenciones sean buenas, y escribir un pero tras ellas no ayuda mucho, dicen que el infierno está lleno de buenas intenciones, no digo más...

Debemos ser valientes, y prometo que este será mi propósito en este año recién estrenado. Cierto es que siempre he sido bastante clara a la hora de hablar, pero si puedo (¿he dicho pero?) intentaré ser más valiente, y no tener miedo a ser sincera… que la hipocresía esté de moda no quiere decir que yo quiera que forme parte de mi vida…

Una vez más sé que mucho de lo que escribo irá en mi contra tarde o temprano, asumo con miedo las consecuencias de mis letras compartidas. Si tengo que hacer uso del pero lo haré pero no para esconder mi cobardía, sino porque la frase me lo pida, pero sin abusar de ella, pero utilizándola sólo cuando la situación lo requiera, pero no por esconder una verdad, porque no siempre la verdad debe de ser confesada, pero se puede decir algo sin hacer daño y sin hacer uso de la palabra pero. Pero me estoy liando… he intentado batir un récord escribiendo la misma palabra, y soy consciente del poco sentido de éste último párrafo… pero es lo que hay: soy una mujer que pierde el sentido una vez, y dos, y tres, y…

¡Pero qué tarde es!... me marcho. Sin más.

Thanks M.

jueves, 29 de diciembre de 2011

Entendiendo el extraño juego del amor

Imagino que debería acabar el Año con una carta emocionante o emocionada. No estoy inspirada hoy, puede que mañana. Así que regalaré unas últimas palabras de locura cuerda al que quiera leerme, pues por alguna razón, una vez más son las palabras las que me han encontrado a mí y no yo a ellas… de repente las conversaciones se repiten en mi vida, y aparecen mis amigos para hablarme de lo mismo, creo que se ponen de acuerdo entre ellos, y sacan un tema de conversación con una finalidad: que yo dé la cara y ponga la mejilla para recibir el tortazo o la caricia merecida ¡Valientes!, no os preocupéis que para esto estamos los amigos…

Cuando escribo intento hacerlo desde el respeto, no siempre lo consigo, pues mi irónica pluma en ocasiones no es entendida, y no porque no me entienda el que me lee, sino porque seguramente yo me explique mal. Mea culpa. Me encantan los admiradores que me dicen palabritas nada lindas, esos personajes anónimos que hablan con rabia para herir y que ignoran que su voz se puede reconocer entre líneas, no os diré que sé quiénes sois, pues imagino que hablar desde el anonimato os hace sentiros importantes. Lo que sea para que esto siga siendo así. Gracias por leerme, anyway

Pues hablaba yo anoche con uno de esos amigos que duran a lo largo de los años, y es difícil saber por qué aún seguimos entendiéndonos. Pero es así. Hablaba esta mañana con una amiga que no entendía porque su amante del momento se sentía presionado por el mensaje que le ha mandado esta semana, repito: el mensaje, léase “un mensaje en una semana”, y por último, me pregunta ahora otra amiga (¡caray!, ¡cuántos amigos tengo!) por qué un chico pretende conocerla, regalándole llamadas y palabras a todas horas, se muestra ausente en el momento en el que ella muestra el mínimo interés… es extraño, tan extraño que no sé ni como explicarlo… Intentaré ser clara, algo nada fácil para mí.

Las mujeres podemos mostrar interés en un hombrecito (y eso que en ocasiones sólo queremos su amistad), pero cuando pasamos la línea invisible que ellos establecen somos unas pesaditas. De acuerdo, esto lo tenemos claro. Por otro lado tenemos a los hombres que tienen interés en nosotras (sí, alguno hay) y llaman sin parar, y aún cuando el destino los ha llevado a otro planeta, siguen llamando o mandando mensajes como si el Mundo se fuera a acabar mañana… estos entonces los definimos como “muy monos”, o que “están colgados por nosotras”... no entiendo nada ¿Por qué ellos no pueden ser pesaditos?, ¿por qué diferenciamos?

No quiero ahondar en el machismo ni en el clasismo. No quiero broncas que no nos lleven a nada. Puede que esto sea como el ejemplo de los hombres venerados por todas las conquistas que dicen haber logrado, y las mujeres juzgadas por esas mismas conquistas… ¡casquivana! (es lo más suave que dicen). Sigo sin entenderlo. Será que el golpe que dañó mi cerebro años atrás, me afectó más de la cuenta…

Me gustaría, queridos lectores, en estos últimos días del Año, regalaros unas letras con alguna respuesta, pues repasando los artículos que con ilusión (y a veces desesperación) escribe mi imaginación, he descubierto que me he hecho cantidad de preguntas para las que hoy aún no encuentro respuesta. Será por esto que mis escritos no son más que reflexiones dichas en voz alta para que mi ignorancia encuentre una vía de escape…

Poco más puedo decir al respecto, casi todas hemos vivido un momento en el que un hombrecito (con dudosas intenciones) irrumpe en nuestros días atosigándonos e intentando convencernos de lo mucho que les importamos. Para un ratito después, decidir que ésa única llamada que les hicimos, insinuando un leve interés les está empezando a agobiar… ¡Vamos a ver girls!, hay una cosa que tengo clara, y lo digo para las solteras (que no solteronas, gracias) que me acompañáis por este duro Mundo de la soltería… que no os engañen, que no os hagan creer lo que no es, la cosa empieza a estar clara. Y es muy fácil: no, nosotras no somos las locas ni las pesaditas que no dejan de llamar, digamos que somos naturales, sinceras o al menos, educadas; y el que llama mostrando su infinito interés no es más que un cazador, que espera paciente (o impaciente) a su presa, y ya sabemos lo que les pasa a los cazadores una vez están sus necesidades satisfechas… primera leccción aprendida (o en fase de aprendizaje).

No digo con esto que todos nos pongamos a jugar, pero qué es el Amor sino un Juego en el que gana el que más respuestas sabe, y mejor estrategia tiene planeada… pues eso, ya tenemos pistas importantes que nos pueden hacer más fuertes, ahora usemos la cabeza para hacer buen uso de nuestras armas… intentemos ponernos a su nivel de juego, pues que ellos se pongan al nuestro es bastante complicado (y esta es la frase en la que me llueven las galletas… ¡vengaaa!).

Mañana intentaré despedir el Año. Pero hoy no me iré sin aclarar algo muy importante: adoro al hombre, con sus defectos y sus virtudes, con sus taras y sus llamadas cansinas… lo adoro porque sin ellos no sé de qué hablaríamos las mujeres la mayor parte del tiempo (y ahora es cuando me llueven las galletas del otro bando, ¡menos mal que puedo alternar las mejillas!)

Y no olvidemos, jugar podemos jugar, pero busquemos un digno contrincante e intentemos que sea siempre una partida limpia…

sábado, 24 de diciembre de 2011

La Decisión

El principio de casi todo: eso es lo poco que se salva de una decisión nuestra; lo que llegue después: sólo depende de nosotros.


Llegamos a un nuevo lugar porque somos invitados. Y de puntillas nos vamos adentrando en un camino que puede que no sea el nuestro, o puede que sí. Pero mientras el destino decide el color de las piedras que pondrá en nuestro camino, nosotros ojeamos nostálgicos lo que atrás se queda y miramos asustados lo que viene de frente. Nos lanzamos con miedo a la aventura, porque sabemos que la rutina puede resultar mortal.

Son los demás los que nos dan las pistas, y nos dicen cuándo, por qué, dónde, cómo, quién…todo. Absolutamente todo. Y nuestros movimientos no son más que el reflejo de sus deseos. Hasta ese día, el día de la decisión que nosotros tomamos. Ese día único, imprescindible.

La decisión. Nuestra primera decisión. El primer pensamiento que nace en nuestro corazón, cabeza o alma. La primera decisión. Ya no hay marcha atrás…

Decidimos mantener con vida a las primeras mariposas que revolotean en nuestros estómagos, decidimos quizá que debemos dejarlas marchar. Decidimos que nos gusta más aquél horizonte azul, cuando el anaranjado había sido nuestro preferido. Decidimos que somos alguien importante para esa persona, o que ayer dejamos de serlo, decidimos el camino de nuestros pasos profesionales, la despedida inevitable, el menú calórico, el deporte extremo, la desidia, el mar, la montaña, el perro, el gato… decidimos todo lo que llega después de ese día en el que alguien se cansó de decidir por nosotros. Y entonces crecemos, lloramos, gritamos, empequeñecemos o nos perdemos… decidimos la compañía que queremos tener a nuestro lado. Decidimos la soledad…

Y las arrugas no llegan solas, pues traen con ellas la incertidumbre, la duda y la esperanza. El corazón toma decisiones aventuradas, la razón toma decisiones cuerdas… nadie sabe cuál es la correcta. Estamos solos. Solos. Cargamos la balanza, que se inclina a un lado o a otro con o sin sorpresa, creemos que ése último granito hará que tomemos la decisión correcta… pero a veces la decisión correcta no está en el lado que más pesa de la balanza.

En la vida todo son decisiones. Una voz desconsolada hablaba el otro día de lo mal que está hecho todo, pues no nos preparan para la muerte, que es sin duda el capítulo más complicado y duro que aprender….y me siento a escribir acerca de ello, pero a medida que las palabras buscan las yemas de mis dedos, decido cambiar el argumento, la muerte no me gusta. No me gusta lo que no entiendo… pero sé que llegar a ella es inevitable, y a veces el camino se alarga o se acorta dependiendo de las decisiones que tomemos… por eso decidir es importante, porque aunque la magia, el destino y la fortuna sean fuerzas necesarias para alcanzar el fin, lo cierto es que la decisión que nos llevó a abrir algunas puertas pueden llevarnos a los lugares más maravillosos jamás conquistados.

Decidimos pelearnos aquél día, para después pedir perdón. Decidimos dejar de amar, cuando el amor no era la respuesta, decidimos dejar de buscar, decidimos dejar de soñar, cuando la realidad era más bella, decidimos dejar de creer, cuando nuestra imaginación era la que inventaba, decidimos dejar de llorar, cuando las lágrimas dejaron de ser húmedas… decidimos todo, la falda, el pantalón, el sushi, el buey, la noche, el día, el vino, la cerveza, el hombre, la mujer, los dos, rubio, moreno, marcharnos, regresar, bailar, observar, escuchar, hablar… decidimos, colocándonos en el lugar en el que nos sentimos más cómodos y seguros. Aunque no siempre sea el más tranquilo…

Tan sólo hay dos momentos en los que la decisión no depende de nosotros: la llegada y la despedida… el resto está en nuestras manos, y ya sea el corazón, la cabeza o la ilusión, decidamos lo que decidamos nunca debemos tener miedo a lo que vendrá después, y nunca debemos tener miedo a rectificar y pedir perdón, pues es el perdón el premio a la mejor decisión tomada… y ese es el perdón que nos hará sonreír. A veces hacer o no una llamada es la decisión que marcará nuestras vidas para siempre…

Los pequeños detalles son los que crean a las grandes personas… nosotros decidimos. Ser grandes. O ser sin más…

viernes, 23 de diciembre de 2011

Queridos Reyes Magos: no me ignoréis, por favor.

Los niños son sabios, deberíamos escuchar sus reflexiones con más atención. Ellos saben lo que nosotros parecemos haber olvidado (con o sin intención). Mi linda sobrina me ha mirado extrañada cuando le he preguntado qué es lo que les había pedido a los Reyes Magos para mí; tía, si quieres algo pues escríbeles tú la carta, que sino yo les pido demasiadas cosas y claaaaro no puede ser… pues tiene razón la enana, para qué engañarnos, no va a malgastar uno de los renglones de su carta en mí cuando en él pueden caber dos, e incluso tres muñecas extras.


De camino a casa venía yo pensando en mi carta, puede que las lucecillas colgando en las calles, los villancicos infinitos y la mala leche contagiada de las personas en el atasco me hayan inspirado más de la cuenta. He echado un cable a Papá Noel envolviendo alguno de sus regalos, me he puesto mi copa de vino de rigor (para entrar en calor), y me he sentado delante de un folio decorado con guirnaldas, estrellitas y angelitos… opto por el ordenador, por si tanto colorcito me contagia una felicidad irreal…

Empezaría confesando la realidad: Queridos Reyes Magos, este año no ha sido fácil ser buena, y eso que lo he intentado con todas mis ganas, pero la vida por aquí abajo a veces se complica demasiado, y como Vosotros sólo aparecéis una Noche al año, pues me las he tenido que ingeniar para llegar a estos días con un poco más de emoción que la vivida en meses anteriores… ¿leerán la carta con tremendo comienzo o empaquetarán una cajita de Prozac sin necesidad de leer más?... Sigamos… De salud voy sobrada, gracias. De dinero voy justita, gracias. Y de amor estoy saturada, gracias. Así que únicamente os pediré una cosita, puede que os parezca absurda, pero asumo que a veces soy algo absurda (seamos sinceros con Sus Majestades) y además es lo que más ilusión me hace pediros; resulta que hay un angelito que anda revoloteando por allí arriba, flecha en mano y corazón en pecho, lo único que os pido es que tengáis una conversación con él y que le pidáis que por favor deje de hacerme caso, de hecho agradecería que me ignorara. Ya ha hecho bastante por mí. Puede que antes me hiciera ilusión verle aparecer, rodeado de maripositas de colores, pero ya me agota hasta tal punto que creo que hasta me cae mal; y para colmo he descubierto que siempre que aparece va un poco “cocido” porque lleva un par de copas de más, y así está claro que nunca acertará en la diana, pues el vuelo zigzagueante de sus románticas flechas siempre se clavan en la diana equivocada. No digo que no le ponga ilusión el hombrecito, e incluso podría entender que su puntería favorezca a algunos, pero conmigo nunca acierta, así que he decidido que no quiero que vuelva a cruzarse en mi camino. Que me meta en el grupo de imposibles, y que desaparezca de mi vista. Si es necesario empezaré a creer en el destino o en la magia… ¡lo que sea con tal de no volver a encontrármelo! Gracias, gracias de corazón.

Siento pediros algo así, pero es el único día del año en el que se nos permite pedir lo que nos dé la gana, y yo pido lo que más ilusión me hace… hoy mi sobrina me ha enseñado que cada uno tiene que preocuparse de sus cositas, y estas son mis cositas… ¡a ver qué podéis hacer!

Y después de compartir este momento tan navideño con vosotros, dejando que leáis letras tan personales y tiernas, sólo me queda hacer una cosa: tengo mil y una ideas para felicitaros las Fiestas, pero no estoy yo muy sentimental en el día de hoy (¿alguien lo ha notado?), así que con todo mi cariño y con todo el amor que soy capaz de regalar, sólo me queda desearos mucha suerte en todo lo que hagáis hoy, mañana y siempre, y que el espíritu de La Navidad os inspire para soñar con aquello que os aleje de la tristeza, y os acerque a aquello que anhelan vuestras ilusiones…

Ahora tengo dudas… ¿debería mandar la carta a los Reyes Magos o a Papá Noel?, siendo tres igual hacen más presión, pero encontrarte con un reno cara a cara… debe impresionar, ¿no?

Voy a coger la zambomba, por si me ayuda a encontrar las respuestas…

viernes, 9 de diciembre de 2011

De amantes, novios, maridos... y espectadores

Es gracioso. Curioso diría yo. Después de mis letritas de ayer. Dulces, amorosas, tiernas (vomitivas para algunos, claro está); pues no se me ocurre otra cosa que quedar a comer con unas amigas, que ciertamente no están pasando por su mejor momento emocional. Así que la sonrisa con la que amanezco, el vestidito de verano que reestreno este año por fin, y mi energía positiva se van consumiendo poco a poco, y antes de llegar al aperitivo mi rostro ya refleja preocupación (¿qué me habéis hecho?).


Con la primera botella de vino consumida, he decidido dejar de sonreír, no merece la pena intentarlo. “El amor es una estupidez, los hombres son todos unos mentirosos y las relaciones son una mierda”, básicamente estas han sido mis afirmaciones cuando sólo llevaba media hora sentada en la mesa (cruzando los dedos con disimulo para no ser descubierta). Si no puedes con el enemigo (enemigo de ideas, se entiende), únete a él. Y eso he hecho yo. Unirme…

Mi amiga A descubrió hace un tiempo que el padre de sus hijos la engañaba con otra (¡qué novedad!), con otra, no con otras; por lo que ha tomado la sorprendente decisión de ir al ataque de la susodicha, ahora que por fin ha conseguido echarlo del hogar conyugal (preparando la demanda de separación). Yo he intentado explicarle que si siguen juntos, a lo mejor es que se querían de verdad… “¡y una mierda!, ¡esa zorra se ha metido donde no le llaman!”. Vale. De acuerdo. Me callo. No voy a decirle que el que ha metido algo donde no debe es su marido, porque sino encima salgo de la comida con sopapo incluido. Pero no he entendido el por qué de ir contra la otra. Está claro que llevan juntos mucho más tiempo de lo que ella cree, y que él (como otros tantos), no quería irse de casa por los niños, y que además se pasaban el día discutiendo y que no era feliz (confesado por ella), y bla, bla, bla… ¿no es tremendamente agotadora esta historia tantísimas veces contada? Así que a lo mejor él encontró la felicidad en otro lugar… y ella debería empezar a hacer lo mismo. ¡A gosar a gosar que el mundo se va a acabar! (como dirían en mi Habana querida)

Mi amiga B resulta que ha conocido a un tipo encantador, pero que desde el principio le advirtió que no quería nada serio porque acababa de separarse, y resulta que era sincero a medias (¡no se puede pedir tanto!), pues se había separado, pero no del todo. Que seguía viviendo con su familia, para entendernos. A mi me ha entrado un poco de ataque de risa, y he tenido que hacer fuerza para no soltar una carcajada. Pues me he descubierto sentada delante de la esposa y de la amante. No del mismo hombre, claro. De otros diferentes, pero el papel que desempeñan es sus historias es el mismo que la otra critica. De repente me ha empezado a divertir escucharlas, y me he dedicado a darle al wasabi y al vino, pues con la boca llena no hablo (no se debe), y así tenía la excusa perfecta para estar calladita.

Con el café y el postre ya se han dado cuenta de la situación, y de sus papeles muy de chica almodóvar. Así que se han relajado (¿pero el café no era excitante?). Y han empezado a reírse un poco. Momento en el que me he venido arriba, sin temor a ser abofeteada. Rauda y veloz he aprovechado un instante de calma para hablar de algo más lindo y les he contado el por qué del artículo que escribí no hace mucho (léase Volver a enamorarse), y se han emocionado tanto con la historia que me han regalado lagrimita y todo…

“Pues la verdad si está enamorado de ella que le vaya bonito, a mí mientras me pase la pensión”, dice A… ¡ahí queda eso!

“Si aún no está preparado para irse de casa mejor que mejor, así tengo yo tiempo para saber si realmente merece la pena esta historia”, contesta B.

Conclusiones de una conversación de mujeres… así somos queridos, ¿qué le vamos a hacer?
Será que el vino ablanda a las fieras. Será que hoy era un día de ovulación en grupo. Será que todos hemos perdido el norte. Pero lo que está claro es que cada vez sé menos de relaciones personales. No entiendo a los hombres. Y a las mujeres no hay quién nos entienda… el mundo está loco, loco, loco… ahora me voy que mi amante me espera. ¿O soy yo la amante?... no entiendo nada.

Como no me entiendo ni yo, tampoco espero que el resto del mundo me comprenda. Hagamos más el amor y menos la guerra, y dejémonos de giliopolleces, que la vida es un suspiro ¡leches! (lo dicho, me he venido arriba).

viernes, 2 de diciembre de 2011

Los Follamigos

Antes de empezar me tengo que disculpar, el título de este escrito es algo soez, lo sé, pero lo de llamar a las cosas por su nombre a veces nos hace ser demasiado claros. He buscado cualquier otra palabra moderna que pudiera definir este término no menos moderno, incluso me he lanzado a por el diccionario de inglés, pues a veces las cosas dichas en otro idioma parecen más elegantes. No es éste el caso: fuckbuddy y fuckfriend son las respuestas que he encontrado. Así que seré valiente, alternaré una mejilla y la otra para recibir mi castigo y me pongo al tema, que es para lo que estamos aquí, ¿no?


La semana empezó bien (dependiendo de algunos factores mis semanas empiezan en un día u otro), en la primera noche de esta nueva semana de mi vida, volví a ver “Cuando Harry encontró a Sally” (sí la del orgasmo fingido de Meg Ryan en medio de un restaurante), la noche siguiente me tocó compartir amigos y refrescos (¿intento suavizar el tema con los “refrescos”?) y conversaciones de todo tipo, léase mujeres, hombres, amantes, y amigos… la tercera noche formé parte de una fiesta en la que perdí mis conversaciones entre conocidos, desconocidos e ignorados… la cuarta noche me metí en la cama y me escondí debajo del edredón.

Mi despertar en este quinto día ha sido de café, y necesidad de escribir acerca de los follamigos, ¿qué he soñado hoy?, a veces las respuestas están en el subconsciente. En momentos como este odio no recordar mis sueños, la explicación sería mucho más fácil…

Charlé en una de esas primeras noches de esta semana acerca de las relaciones, un joven de nombre desconocido me hablaba acerca de su mujer y de lo feliz que era, pero cuando la noche se alargó y las copas se sumaron en su cerebro, volvió a mi lado para confesarme el por qué de su follamiga (tenemos que hablar acerca de la relación entre el alcohol y el suero de la verdad), yo lo miré bastante flipada, seguía disfrutando de mi copa de vino, y como la claridad forma parte de mi jerga habitual, le aclaré que lo que él tenía era una amante, no una follamiga. Entiendo que suene más moderno, y más cool, pero llamemos a las cosas por su nombre, por favor.

No soy nadie para juzgar o criticar, cada uno hace con su vida lo que le da la gana, ¡¿quién soy yo para hablar?!, pero si hay algo que no puedo soportar es que me cuenten milongas… y me fastidia que la gente haga de las palabras un uso inapropiado…

Tener un follamigo a veces puede ser como tener un tesoro (o eso dicen, ejem, ejem), puede que sorprenda que hable de esto, cuando mis escritos hablan de romanticismo, ruptura, emociones y sueños eternos… pero vivo en este mundo real, y me debo a mis lectores (¿a mis lectores?, ¡estoy crecida!), así que debo escribir acerca de las verdades y mentiras de este mundo de locos por el que nos paseamos. Los follamigos están, existen y sobreviven. Puede que necesitemos de un nombre nuevo para referirnos a ellos, pues es demasiado obvio (¿o será eso lo bueno?), así que pensemos… bueno pensad vosotros, mientras yo explico el por qué de esta figura de reciente nombramiento (existir existió siempre, pero ahora nos atrevemos a llamarla por su nombre, ¡valientes!).

Un follamigo siempre está al otro lado del teléfono (o del whatsapp), ambos asumen la relación de la misma manera, ambos se alejan de los compromisos por la razón que sea (desengaños, pereza, egoísmo, independencia…), ambos necesitan a una persona con la que contar en determinados momentos, una persona de confianza a la que contarle sus miedos, sus preocupaciones, sus ilusiones… y después de la conversación se puede acabar en beso, abrazo o simple despedida. Es cosa de dos, no se puede exigir, ni pedir, no hay compromiso ni promesas que cumplir… los follamigos se respetan, y mantienen un vínculo que sólo la amistad puede respetar. No se piden explicaciones, y tampoco las buscan… son las personas que aparecen cuando la soledad (sexual o emocional) se presenta en nuestras vidas. Acuden a la llamada sin preguntar, y se marchan sin planear nada para mañana…

Personalmente, y esto que quede entre nosotros, diré que lo que siempre me pareció una frívola invención de estos tiempos, hoy en día no me parece tan degradante. Esta mujercita que escribe creció soñando con el amor, maduró creyendo en el amor, lloró por creer en el amor… y cuando la vida te da un tortazo no es para hacerte daño, sino para que la fuerza del sopapo te gire la cara y te obligue a mirar en otra dirección (dolorosa descripción, pero lo que es, es), y si algo he aprendido es a mirar las cosas desde diferente perspectiva, pues los resultados suelen ser diferentes… y ¿para qué engañarnos?, cuando al final todo el mundo es malo, puede que nosotros tengamos algo que ver en ello, ¿no? (creo que estoy madurando… ¡cachis!).

Así que sin ánimo de ofender a nadie, y con la única intención de abrir el abanico de posibilidades de vuestro presente o futuro más inmediato, os animo a que dejéis que en vuestras vidas no todo sea como “se supone” que debe de ser. Si una relación se basa en el respeto y en el cariño, todo funciona, y si las dos personas caminan en la misma dirección entonces todo es “casi perfecto”… hasta que llegue esa persona que sea capaz de robaros la razón y quitaros el aliento con un simple beso, no dejéis de disfrutar de la vida… que esto es un ratito, y aquí no hemos venido a sufrir. Digo yo.

Diría que no me veo muy capaz de formar parte de una relación como esta (¿oigo risas de fondo?), pero os animo a que lo hagáis, y por favor, si es posible, y bajo el rostro anónimo con el que siempre me escribís, os pido que me contéis como va todo… de vosotros aprendo y con vosotros escribo. Somos el equipo perfecto.

Nunca me ha gustado hablar o juzgar las relaciones ajenas, cada pareja es un mundo, y sólo ellos saben lo que comparten. No debemos criticar porque la vida da muchas vueltas, y puede que mañana estemos allí donde nunca creímos estar…

Y antes de atreveros a incluir este nuevo vocablo en vuestros diccionarios personales, quisiera adelantaros un par de cosas: cuidado con los amigos de verdad, el sexo puede ser la vía más rápida de acabar con la amistad (por esto nombré la película del principio), y tened claro que un follamigo no engaña a nadie, porque a nadie quiere comprometerse.

No digo más. Que parece que estoy muy puesta en el tema…

martes, 15 de noviembre de 2011

Mensaje en una botella

Recuerdo una tarde hace años, recuerdo, recuerdo, recuerdo… Una botella de vino, una linda playa y un atardecer inolvidable. La botella se acabó y su destino no fue otro que acabar en lo más profundo del mar, del océano… en el infinito. En ella metí un mensaje escrito en una servilleta de papel, puede que la tinta fuera lápiz de ojos, no lo recuerdo. La lancé todo lo lejos que pude, y me quedé esperando hasta que desapareció en el horizonte. Me despedí en silencio y me marché imaginando, imaginando, imaginando...

A veces pienso en aquel momento, y reconozco que no podría escribir hoy lo que escribí entonces, pero recordarlo me hace sonreír… a veces, nadando en el agua salada, me pregunto dónde estará. ¿Llegaría a algún lugar?, ¿seguirá navegando a la deriva?... ¡Qué lindo es imaginar cuando es imposible conocer la verdad!

Hoy casualmente he visto esa playa, desde mi casa, lejos de aquella tarde; hoy, el inocente televisor me la ha traído de vuelta. He vuelto al ayer sin moverme del sofá, he vuelto a recordar y he vuelto a aquél momento en el que por un instante sentí que sí, que podría ser; que no me haría daño creer… Es importante hacer todo lo que esté en nuestra mano, porque la suerte está ahí, y nos empeñamos en llamarla mala suerte o buena suerte según nos convenga. Pero nos engañamos, somos nosotros los que elegimos caminos, los que tomamos decisiones y los que tenemos que hacer locuras de vez en cuando para permitir que algo sorprendente e inolvidable nos ocurra. Nadie dijo que esto fuera fácil, por eso ante la adversidad lo mejor es confiar en nosotros, en la magia, en el destino y esforzarnos para hacer que un sueño se haga realidad. Puede que la mayoría de las veces fracasemos, pero el secreto está en levantarse y en darle otra oportunidad a nuestra imaginación… Sentarse a esperar es perder el tiempo. Y perder el tiempo es arrepentirse mañana por lo que podríamos haber hecho. Cada día cuenta, y de nosotros depende hacer que cada segundo cuente…

Aquella tarde no fue sólo un instante único, aquella tarde hace que sienta que no debo dejar de creer en la magia de la vida, aunque el resto del mundo conspire para hacerme creer lo contrario.

Lancé una botella al mar con un mensaje dentro de ella. Otra cosa tachada de mi lista… ya queda menos para llegar al final. Ahora sigamos, que aún queda mucho por hacer y la vida, al final no es tan eterna...





sábado, 5 de noviembre de 2011

De hombres, mujeres y facilitadoras

Las mujeres somos un Mundo aparte. No sólo nos definimos o nos definen como altas, bajas, guapas, simpáticas… hay muchas maneras de clasificarnos, según nuestras actitudes y en ocasiones, también de nuestras aptitudes.


A veces me agotan las conversaciones que mantenemos entre nosotras, al final todo gira en torno a lo mismo: nuestras inquietudes acerca de nuestras vidas y de las relaciones que inventamos, que elegimos o que nos eligen. Damos tantas vueltas al mismo tema, que después de largas horas de conversación acabamos en el punto de partida. Y otra vez volver a empezar.

Yo aprendo mucho, muchísimo, hablando y escuchando. Y parte de lo que soy se lo debo a las palabras y reflexiones que mis amigas (o intrusas recién conocidas) me regalan. Pero hay días en los que me sorprendo manteniendo la misma conversación que mantuvimos ayer. Somos así. Hablando de lo mismo una y otra vez creemos que encontraremos las respuestas a las preguntas que a veces inventamos sólo para darle un poco más al coco.

No me gustan las comparaciones con los hombres. Me parecen bastante absurdas, y lo digo desde el respeto. Pero intentar entender el por qué de su forma de ver la vida, es adentrarse en un universo complejo que sólo nos puede llevar a un lugar: la desesperación. Ellos son así, nosotras somos así. No busquemos comparaciones ni explicaciones. No las hay. Intentemos respetarnos tal y como somos, y puede que así todo resulte más sencillo. Menos complejo.

Pero a pesar de la rutina de las conversaciones eternas, en ocasiones descubrimos algo nuevo, diferente o sorprendente. Ayer alguien me dijo: hay que asumirlo, somos facilitadoras. Y yo me quedé un instante navegando en mi limbo habitual. Después lo entendí. Y ahora lo entiendo aún más. Por eso lo comparto, con la intención de dar una respuesta alternativa a las mujeres que no encuentren respuestas. Chicas: podemos ser facilitadoras. Es una putada. Pero si lo somos, lo somos. No hay escapatoria. Podemos ser atrevidas, frívolas, sensuales, sexuales, tradicionales, distantes, herméticas, románticas, locas… y/o facilitadoras. Yo, por iniciativa propia, me he metido en el grupo. Me siento una de ellas, y os invito a acompañarme. Pues creo que asumir nuestra peculiaridad es asumirnos un poquito más, e incluso entendernos. Increíble, lo sé.

Creo que escribir la palabra es suficiente, hay poco más que añadir o explicar. Pero aclaro que ser facilitadora no es una virtud (¿o es defecto?) que todas poseamos. Hay que nacer así, forma parte de nosotras, crecemos actuando de una manera hasta que de repente, en un día cualquiera, descubrimos que somos nosotras las que escribimos una y otra vez la misma historia. Hacemos la vida fácil a los que nos rodean. No con la intención de hacerlo, no estudiamos el plan perfecto, simplemente lo hacemos. Intentamos que su vida sea más sencilla, les apartamos las complicaciones de sus caminos, les regalamos momentos mágicos con la única ilusión de hacerlos más felices (momentos que no suelen ser regalados de vuelta), nos implicamos tanto en sus inquietudes y problemas que nos olvidamos de los nuestros. Y de repente, un día se van y nos preguntamos: ¿por qué me siento tan vacía?... pues no hay que pensar mucho: te han vaciado, has dado todo, te has olvidado de ti… pero no te preocupes, la otra persona está encantada de haberte conocido, y serás lo más maravilloso que le ha pasado nunca… ¡caramba!, para no serlo, si sólo le ha faltado llevarse tu ropa interior… para arrebatarte la intimidad al completo, se entiende.

Pues bien, no os sintáis mal. Somos así. Puede haber varios grados, se puede ser facilitadora rasa (generosa de corazón) o facilitadora Cum Laude, si perteneces al último grupo estás bastante jodida, porque no hay remedio, sal a la calle y véndete, porque es lo único que te queda por hacer.

Es bonito estar para la gente que te necesita, es bonito escuchar, entender y cuidar a aquéllos que te lo piden… pero hay que aprender a mantenerse alejados. Hay que aprender a no ser un altruista emocional, hay que aprender a valorarse y a ponerse por encima de las peticiones de los que no saben caminar solos. Hacer de sus problemas los nuestros es encaminarse al fracaso sin posibilidad de salvación. Se puede compartir, pero compartir es cosa de dos, se da y se recibe… y las facilitadoras, no nos engañemos, recibimos más collejas que otra cosa. Eso sí… somos las mejores personas que jamás han conocido… ¡ahí queda eso!, ¡faltaría más!, sólo faltaba que además nos recriminaran algo…

Siempre digo que somos como somos, y que no debemos cambiar. Pero personalmente, después de unas cuantas noches reunida con expertas en el tema (léase mis amigas), he llegado a la conclusión de que nunca es tarde para cambiar lo que aún estemos a tiempo de cambiar. Así que por mi parte, voy a poner todo mi empeño en destruir a la facilitadora que hay en mí. Sé que será difícil y complicado, pero he entendido que lo más importante del mundo soy yo, y que si tengo que hacer feliz a alguien es a mí misma, y a la gente que quiero de verdad, aquéllos que nunca, pasara lo que pasase me han fallado. Me convertiré en su facilitadora personal, este tren ya ha pasado, y no creo que pare en otra estación desconocida. El que se quiera subir que haga un curso de “Como subir a un tren que circula a alta velocidad y que no puede parar”, porque no haré nada para facilitarle la subida a nadie.

No sé cómo acabar este estudio que he hecho. Así que acabaré con la frase perfecta: ¡Y punto!

domingo, 23 de octubre de 2011

El escritor


Hubo un tiempo en el que las letras no eran más que un jeroglífico para la gran mayoría de las personas. La lectura y la escritura se consideraban un don para aquéllos que podían disfrutar de ellas. Si bien es cierto que se podía aprender a hacerlo, también es cierto que pocos querían perder el tiempo delante de un folio lleno de garabatos que no les interesaba descifrar. Y aún así, todos querían saber su significado, y el encanto de averiguarlo se convertía en un momento mágico para la gran mayoría.


Descubrieron en los escritos la forma de decir lo que muchos eran incapaces de hablar. Y movidos por la curiosidad y la atracción a lo desconocido, me convirtieron en ésa persona a la que todos querían conocer. Acudían a mi estudio decenas de personas cada día, almas carentes de emociones, repletas de dudas, cubiertas de miedo… almas que ignoraban las palabras que expresaran sus sentimientos.

Mi tiempo se esfumaba entre folios vírgenes. Se sentaban frente a mí, me hablaban de lo que sentían, y me pedían que escribiera todo en una carta. Carta que luego entregarían a su destinatario. Destinatario que luego vendría a mí para que le leyera esas letras. Las letras que yo mismo había escrito. Y después debía escribirme mi propia respuesta. Una locura.

Pasé años siendo el guardián de los corazones que conocía, poniendo nombre a los sentimientos que me eran confesados, hablando de lo que el miedo no podía hablar. Podría haberme pasado la vida entera así, dejando que la mentira formara parte de sus vidas. Pues no eran ellos los que sentían las letras, sino yo, que me involucraba en las historias hasta formar parte de ellas.

Y fue así como descubrí mi suerte de poder cambiar las cosas que no me gustaban, simplemente porque no eran bellas. Por lo que una mañana decidí acabar con tantas emociones ajenas, los sentimientos habían gastado la tinta de mi celestina pluma, y me creí capaz de devolver la sonrisa a aquéllos que la habían perdido. Sí, tenía el poder para cambiar muchas cosas. Y me había propuesto hacerlo…

Me pedían letras de odio y yo escribía palabras de perdón, si era el miedo el que redactaba yo lo transformaba en valentía, si era pena yo le dibujaba una sonrisa, si era arrepentimiento yo relataba las razones que mi imaginación pudiera inventar. Se sorprendían después cuando llegaban a mí y escuchaban esas cartas que yo mismo había escrito, la sorpresa se dibujaba en sus rostros, y me pedían una respuesta de inmediato, hablaban sin parar, sin lógica en la mayoría de las ocasiones, y esperaban hasta que yo llenara decenas de folios con mi perfecta caligrafía. Nada de lo que me pedían estaba allí escrito. Quería acabar con todo lo que no fueran ilusiones ni felicidad. Tenía la suerte de controlar casi todo, y el poder para solucionar vidas ajenas. Y me había propuesto hacerlo. Muchos no sabían de su capacidad de amar, de su fuerza para perdonar, ni de sus emociones escondidas. Yo lo único que hice fue abrir sus corazones, y quitarles el miedo a volver a sentir…

Hubo un tiempo en el que fui un privilegiado. Era el escritor y el lector de sentimientos ajenos. Se me concedió la posibilidad de regalar sonrisas, y aproveché la ocasión sin dudarlo. Inventé la magia para vivir mi propia vida. Pero pocas emociones son eternas, y mi mundo mágico se puso en peligro en el momento en el que mis letras llegaron hasta lugares lejanos. Allí donde otros descubrieron la fortuna de mi trabajo, y buscaron sin dudarlo conseguir su propio beneficio a costa de la vida de los demás. Intentaron destruir todo lo que yo había creado. Pero no pudieron, a pesar de esforzarse y de desvelar el secreto de mis palabras, nadie los creyó.

La tranquilidad había llegado a sus días, y no estaban dispuestos a perderla, a pesar de haber llegado gracias a la mentira.

No importa qué historias nos cuenten, ni qué creer de las palabras ajenas, siempre hay una forma mejor para pasear por este Mundo, y debemos elegir aquello que nos haga felices, sobretodo si esa felicidad la encontramos en aquéllos a los que queremos. La honestidad y la lealtad no se escribe con letras regaladas, pero muchas veces está tan escondida en nuestro interior que necesitamos ser ayudados para darle la bienvenida a nuestras vidas.

Hubo un tiempo en el que las letras no eran más que un jeroglífico, un tiempo en el que nadie podía leer ni escribir, un tiempo en el que una carta podía ser el mejor de los regalos… hubo un tiempo en el que la felicidad no era utopía, sino realidad… y no importaba cómo hubiera llegado a nuestras vidas.


… cuenta la leyenda que sólo hubo una carta que fue incapaz de contestar, aquélla que recibió de la mujer a la que amó en secreto toda su vida…


viernes, 14 de octubre de 2011

No esperéis que Amaya Valdemoro se rinda, no lo hará.

"...Amaya Valdemoro se fractura las dos muñecas, estará al menos dos meses de baja: esta lesión no me retira, la superaré y seguiré jugando..."

Recuerdo aquél día. Era viernes. Empezaba a anochecer. Y llegó el último fichaje. Escoltada por la belleza de su madre y por el carisma de su padre se presentó ante nosotras. Saltó de la pista de atletismo a la cancha de baloncesto, no sin algo de pena, puede que por suerte del destino, puede que por la inequívoca intuición de Chete y Pablo. Entonces sus conocimientos de baloncesto sólo hablaban inglés, pues sin Michael, Magic O Larry no se habría sentido tan atraída por un deporte que se iba a convertir en su forma de vida... Recuerdo aquél viernes como si fuera ayer. Recuerdo su desparpajo, su simpatía y su increíble habilidad para hacer cualquier cosa que le apeteciera hacer dentro de una cancha. Por aquél entonces a mi me llamaban pájaro loco, y por todos es conocido el carácter de Amaya, es evidente que hicimos buenas migas en seguida. La vida es muy generosa con algunas personas, y el destino regala sus estrellas sólo a algunos elegidos, aquella tarde ella se convirtió en una de las elegidas. Aquella tarde muchos empezamos a admirarla.

Han pasado muchos años desde entonces. Tantos que prefiero no contarlos, pues sería más fácil poner fecha a las arrugas de nuestras miradas. Y desde aquel día, Amaya no ha dejado de subir peldaños. Nunca con prisa, uno detrás de otro, sin pensar en consecuencias, simplemente estando allí donde su pasión le llevara. Y no se equivocó, pues su corazón consiguió llevarla lejos. Muy lejos. Saltando de un continente a otro, como si el Mundo pareciera quedarse pequeño para ella. Voló a Estados Unidos, voló a Brasil, voló a Rusia… sé que de haber sido aclamada en otro planeta, habría volado hasta allí. Nada le da miedo. Nada, salvo el tener que colgar sus botas, y puede que la rendición haya llamado a su puerta en alguna ocasión, pero ella nunca ha estado preparada para darle la bienvenida. Aún no. Siempre quiere más, no exige nada que no se exija a ella misma, no pide nada que no pueda dar, no claudica, no se rinde, no humilla, no se cansa. Ella nunca se cansa.

Puede que sus gemelos hayan notado los años vividos dentro de una cancha. Puede que su espalda también. Y sus abductores… pero no ella. No su cabeza. No su temple, ni su terquedad, ni su orgullo. Ella quiere más, sigue queriendo más. Pues aún su imaginación no puede perderse en un Mundo lejos de una canasta. Aún no.

Vanagloriamos a los grandes deportistas. Aplaudimos y jaleamos cuando nos muestran sus victorias con orgullo. Pero el entusiasmo parece desvanecerse en un instante. Y de repente un día dejan de ser recordados. Escribo a Amaya desde este rincón mío para asegurarle que ella no está sola, ahora menos que nunca. Sus muñecas puede que hayan querido rendirse, pero los que la conocemos sabemos que ella no lo hará, puede que incluso ya haya colgado un calendario para empezar a tachar los días que pasan hasta la fecha de su regreso. Debemos estar junto a aquéllos que logran el éxito para felicitarlos por su triunfo, pero debemos de estar en todos los momentos. Hasta cuando la mala fortuna llega a sus vidas, deben saber que no están solos y que cuando sus fuerzas flaqueen nosotros los ayudaremos a levantarse.
Amaya nos ha regalado muchos instantes emocionantes, ha volado tan alto que apenas hemos podido verla, se ha convertido en una de las mejores jugadoras de baloncesto del Mundo. Y escribiría esto tantas veces como pudiera hacerlo. Lo demostrará en un par de meses, cuando vuelva a saltar a un campo de baloncesto, posiblemente luciendo dos muñequeras recién estrenadas, cargada de rabia y de emoción, para regalarnos otra tarde gloriosa, un espectáculo seguro. Sé que será aplaudida por seguidores y rivales, pues es su personalidad lo que ha hecho de Amaya una estrella querida.

Desde este rincón te escribo querida amiga, para decirte lo que ya sabes, aunque tu humildad nunca lo reconozca, para regalarte unas letras que bien merecen muchos más folios, para regalarte la energía y el ánimo que tantas veces tú nos has regalado.

La grandeza de tu éxito se esconde en tu corazón, nunca le des la espalda. Aprovecha este respiro que te da la vida, disfruta de todo lo que te rodea y vuelve pronto. Te echaremos de menos.

Hasta luego amiga.

lunes, 10 de octubre de 2011

La Manzana que inspiró a Steve Jobs


“Tu tiempo es limitado. No lo desperdicies viviendo la vida de otra persona.”

S. Jobs 1955-2011

No hay nada como encontrar la frase perfecta para llenar un incómodo silencio. En ocasiones alguien se presenta ante nosotros, buscando posibles respuestas a preguntas que ni ellos son conscientes de haber formulado. Y nosotros (la generalidad de los seres humanos), no siempre encontramos ésa frase que necesitan escuchar.

Pensar a veces es complejo, sobretodo cuando intentamos meternos en la cabeza de los demás, pues debemos razonar como ellos lo harían, y todo se complica mucho. No somos tan sabios (repito: la generalidad de los seres humanos). Por eso robamos palabras o frases, escritas o habladas, por otros. Razonamientos a los que no habríamos llegado solos, por no tener la inspiración que ellos tienen.

Steve Jobs murió la semana pasada. Llegó dispuesto a comerse el Mundo, y escogió la fruta prohibida para darle su primer bocado. Y sólo un bocado fue suficiente para crear su paraíso soñado. En estos días de luto contagiado, cada vez que abro un periódico me encuentro con él, con su rostro sonriente de mirada entristecida, y junto a su foto siempre hay una lista de sus “mejores frases”. Nos regaló la ansiada Manzana, y nos regaló el Nuevo Mundo que descubrió con ilusión para todos nosotros. Será recordado por ello. Pero algo me dice que será recordado por algo más, por mucho más, y que su nombre aparecerá bajo millones de frases entrecomilladas escritas en cualquier rincón de internet, en cualquier pared, en la carpeta de cualquier estudiante, en algún futuro calendario de mesa… sus frases inspiran. Porque él era inspiración en sí mismo. Se convirtió en lo que soñó. Afortunado él. Leo sus frases, muchas las entiendo, otras me da miedo entenderlas, pues están cercanas a la despedida que muchos no queremos imaginar…

Hay palabras escritas que nos hacen reflexionar acerca de la importancia de la vida, acerca de la importancia del paso del tiempo; palabras que dan ánimo cuando incluso el ánimo nos ha abandonado. Repaso los escritos de algunas personas, y descubro sin asombrarme mucho, que la gran mayoría encontró la inspiración en ése día, en ésa tarde, en su penúltima noche. Cuando el tiempo estaba a punto de consumirse para ellos. El miedo agudiza nuestros sentidos, la pasión parece desbordarse cuando apenas nos queda tiempo para disfrutarla…

Steve Jobs fue un gran hombre. Sacó brillo a su Manzana adorada hasta el último día, e inventó palabras con la única ilusión de guiar nuestros pasos en vida. Letras como las suyas se multiplican en los libros, revistas y folios virtuales… nos empeñamos en parafrasear a otros, y logramos satisfacer así nuestras necesidades, al menos durante el tiempo que dura la frase. Ese tiempo efímero que desaparece tan pronto lo hacen las palabras robadas.

No esperemos a estar cerca de esa última puerta para vivir todo lo que soñamos. Lo que dejemos en el camino no nos será devuelto nunca… la vida es corta, y ninguno sabemos cuán corta será. Y los afortunados lograrán hacer de su ilusión su vida, sea la que sea. No importa, siempre que sea algo en lo que creemos…

Gracias a todos los que con sus letras de sabiduría e ilusión, nos ayudan a encontrar un camino que en ocasiones parece no existir.

Ojalá algún día yo encuentre una frase que inspire al que la pueda necesitar. Seguiré mirando al miedo de frente, a mi ilusión con ternura y a mis sueños con esperanza. Sólo así aparecerán estas letras imaginadas…

Todo pasa en la Vida, Todo, y mientras tanto nos hacemos personas… (normalita, lo sé, pero mi cabeza no da para mucho más…)

jueves, 22 de septiembre de 2011

La Cena

Las cenas en casa de Marta son divertidas, porque nunca se sabe con quien te puedes encontrar allí. La realidad es que casi todos vamos ya cenados, porque Marta es una gran anfitriona, pero nunca calcula para todos, y al final la cena se queda en un picoteo rápido empapado en vino. No le preocupa llenar nuestro buche más de lo que le importa nuestra compañía. Pero el vino nunca falta, y después de tres copas ya nadie escucha el sonido de los estómagos hambrientos repartidos por cada rincón de su salón.


Tiene una bodega que es el deleite de todos los que la visitamos. A veces incluso organiza catas para los amigos. Alguno de nosotros está interesado en aprender y en disfrutar con las catas. Pero la mayoría sólo vamos a beber, a emborrachar nuestra melancolía y a verla a ella. Taninos, cosechas, roble… ¡qué importa!, si lo que queremos es escuchar las historias con las que nos entretiene, mientras enjuagamos nuestro paladar con diferentes aromas más o menos conocidos. Son tardes que ella llama mágicas, porque consigue reunir alrededor de una mesa a la gente que quiere, saborear lo que más le gusta saborear, y además puede hablar en alto acerca de lo que su imaginación sólo habla en la intimidad. Casi nadie sabe que es Mariana Ribera. La famosa escritora. Ella no quiere que nadie lo sepa. Sólo quiere regalar cuentos a los que han perdido la confianza en la magia, dice siempre. Y lo consigue, consigue hechizarnos a todos con sus palabras. Quizá sea un instante, quizá sea una actitud. Quizá sólo sea que ella tiene la capacidad de transportarnos a otro lugar endulzando nuestros ratitos compartidos. Yo siempre he creído que al margen de su imaginación despierta, Marta tiene una capacidad única para mirar a los ojos a una persona y con sólo un par de palabras deduce qué es lo que le falta. Qué es lo que añora y qué es lo que sueña. Ha podido con todos nosotros, ha podido con todos los que se han sentado delante de ella fingiendo una seguridad que en seguida desaparece. Algunos la llamamos Hada y a ella no le gusta, pues sólo se preocupa por dar a la gente lo que necesita, y lo consigue.
Siempre lo consigue.

A veces pienso si Marta apareció en mi vida por casualidad, e imagino que después de tantos años vividos a su lado ya soy una creyente incondicional del destino y de sus largos dedos con los que escribe nuestro mañana. Nos conocimos porque tuvimos que conocernos. Puede que por aquél entonces yo necesitara un sitio nuevo en el que pasar las noches rodeada de amigos y conversaciones, lejos de una realidad que en ocasiones era demasiado destructiva, puede simplemente que necesitara a alguien que me ayudara a girar la cabeza para ayudarme a mirar hacia otro lado, hacia el camino difícil. Allí por donde el miedo me impedía caminar tranquila. Y lo hice. Elegí aquél camino. Y ella me ayudó.

Hoy es un día especial, Marta cumple años. Nadie sabe cuántos, así que hemos decidido traer botellas de vino de las cosechas de los años en los que creemos que Marta vio la luz por primera vez. Le ha encantado la idea, este es sin duda el mejor regalo, si bien algunos se han excedido sobremanera. No importa lo mayor que me haga este vino, pues este fue sin duda un gran año para ser bebido. Y eso hemos hecho, probar todas y cada una de las botellas que hemos traído. Hasta acabar sentados alrededor de nuestra Hada, que hoy nos ha regalado un relato maravilloso; un cuento que muchos han creído fantasía pura. Pero he creído descubrir que había mucho de ella misma en sus palabras, y puede que haya decidido regalarnos un poquito más de su ayer en un día tan especial como hoy, escondiendo su verdad detrás de las voces que parecía inventar su imaginación. No creo que muchos se hayan dado cuenta, pero si ha sido así ninguno hemos hablado de ello, todos queremos ser guardianes de este secreto descubierto. Puede que algunos nos hayamos dedicado sonrisas cómplices bajo la atenta mirada de una Marta orgullosa de haber podido hablarnos de ella sin derrumbarse. Hoy el cuento lo hemos inventado nosotros.

Ha empezado a amanecer mientras conducíamos de vuelta a casa. El recuerdo de las conversaciones y de los cuentos regalados llenaba el silencio ebrio que viajaba con nosotros en el coche. Marta es una mujer fuerte pero debe de haber sufrido mucho, ¿verdad?, ha dicho Mateo sin desviar su mirada somnolienta de la carretera. Y yo me he quedado pensativa, sonriendo orgullosa. Mateo es un gran hombre querida, mucho más sensible de lo que aparenta y tiene una mirada que sabe escuchar, deja que te quiera, porque lo está deseando, me dijo Marta el día que lo conoció. Y tenía razón. Por eso fue el único al que quise llevar a las noches mágicas de Marta. Porque las disfrutaría tanto como yo.

Apenas hemos hablado, nos hemos mirado en silencio hasta quedarnos dormidos abrazados; deseosos de encontrarnos en el mismo sueño.

miércoles, 31 de agosto de 2011

No tengas miedo


No tengas miedo a la vida…

No tengas miedo al desamor, pues cuando llegue serás consciente de tu capacidad de amar.

No tengas miedo a los retos, pues gracias a ellos conocerás tu grandeza mientras intentas alcanzarlos.

No tengas miedo al engaño, pues sin él nunca conocerás realmente a la persona que tienes al lado.

No tengas miedo al fracaso, pues sin él no habrías elegido un nuevo camino.

No tengas miedo a la tristeza, pues sin ella no valorarías tanto las sonrisas que regalas.

No tengas miedo del sufrimiento, pues sólo te fortalece.

No tengas miedo al rechazo, pues nunca sabrías que habría pasado si no lo hubieras intentado.

No tengas miedo a soñar, pues sin los sueños las ilusiones dejarían de existir.

No tengas miedo a la derrota, asumirla es querer mejorar, y mejorar te llevará a la victoria.

No tengas miedo a la soledad, pues siempre será ella tu más fiel compañera.

No tengas miedo al paso del tiempo, pues mientras piensas en ello eres tú el que lo está dejando pasar.

No tengas miedo a la oscuridad, pues la vida te regaló los aromas, los sonidos, las caricias y los sabores para poder ver la luz a ciegas.

No temas a la muerte. Pues sólo entonces podrás entender por qué mereció la pena no haber tenido miedo en vida.

martes, 23 de agosto de 2011

La ruptura resignada del amor

Para aquéllos que son capaces de querer a los que amaron un día...

Llevo horas aquí sentada, hipnotizada por no haber apartado la mirada del reloj durante horas. Incluso he recuperado el vicio del tabaco, y me he fumado en esta noche todos los cigarrillos que dejé de fumarme durante meses. Estoy nerviosa, y estoy tranquila, tengo muy claro lo que va a ocurrir. Ya no tengo miedo.


Andrea duerme desde hace un rato. Le he tenido que leer el cuento del elefante azul tres veces, quería darte un beso de buenas noches. Me sorprende la generosidad de los niños. Esta tarde ha estado esperando emocionada tu llegada a la obra de teatro, buscaba impaciente tu aplauso y tu sonrisa, pero no te ha encontrado, y verme a mí ya no le emociona tanto. Siempre me tiene cerca. Le he prometido que te daría las buenas noches de su parte. Buenas noches.

Hoy me sentaré aquí a ser sincera, y a hablarte con franqueza.

Creo que es el momento de acabar con esta mentira que estamos viviendo. Ahora que nadie te espera en otro lugar, ahora que incluso tus entretenimientos se han aburrido de esperarte, ahora es el momento de decirnos adiós. Buscar culpables en esta despedida sería alargar la agonía. Ambos hemos llegado hasta la ruptura, y ahora hay que aceptar que nuestro fin llegó hace tiempo, intentemos poner un poco de cordura en esta locura de días tristes e infinitos.

Puede que yo dejara de preocuparme de ti, puede que sólo pensara en Andrea, en la casa, en mi trabajo y en mi poco tiempo libre. Puede que tú te cansaras de esperarme, que buscaras fuera los abrazos que ya no tenías en nuestra cama… he dado mil vueltas a todo, te lo aseguro. Es imposible. Ya no somos quienes fuimos hace años. Puede que la vida nos haya cambiado, puede que nuestro entorno haga que actuemos de forma distinta, puede que nos hayamos rendido. Ya nada importa. Ninguno es culpable, los dos somos culpables.

Hoy nos despedimos. Seré yo la primera que diga adiós, y espero que tú también lo hagas. Sería cínico pensar que a lo mejor podemos, que puede ser que si lo intentáramos, que los dos vamos a cambiar… sería cínico porque ninguno hemos puesto de nuestra parte en mucho tiempo, y creer que ahora lo haríamos sería por el temor a la soledad. Pero tenemos a Andrea, tenemos una preciosa niña a la que en cinco años hemos engañado con nuestra relación de mentira. Pero los días pasan para ella más rápido que para nosotros, y pronto será consciente de nuestra falta de cariño, de los besos invisibles y de la mutua falta de respeto. Ella se merece conocer la vida de otra manera, disfrutar como nosotros disfrutamos hace tiempo, cuando aún éramos personas felices… y no me resigno a no volver a serlo. No sé si amaré o no de nuevo, no quiero pensar en ello ahora, pero quiero recuperar la ilusión por la vida, la pasión por todo lo que hago, la emoción por las sorpresas. Quiero volver a este mundo con todos mis sentidos despiertos, y de corazón espero que tú también lo hagas.

Hoy nos despedimos, queda poco que decir, nos hemos dicho y gritado todo durante tanto tiempo que sobran palabras en nuestra conversación. Sólo espero que seamos cuerdos en esto, que no hablemos de un imposible, ambos sabemos que esto nuestro no tiene arreglo. Ya no somos lo que fuimos. Nuestro ayer ha muerto.

No quiero rabia, ni rencor, ni odio. No quiero pena. Todo lo malo que sintamos el uno por el otro nos hará más daño aún, y convertirá nuestra separación en el peor de los finales. Ya nos hemos hecho mucho daño. Intentemos ser felices ahora, intentemos empezar de nuevo, cada uno por su camino, y espero que llegue el día en el que tu felicidad me haga feliz, y confío en que mi felicidad te haga sonreír de nuevo.

Tenemos algo que nos mantendrá unidos eternamente, y por ella debemos de esforzarnos en hacer las cosas bien. No dejemos que descubra el desamor antes incluso de haber amado. No busquemos problemas, ambos sabemos quiénes somos, y ambos sabemos quiénes fuimos tiempo atrás. Simplemente digámonos adiós, yo ya no estoy triste, el desconsuelo se esfumó de mi corazón. He decidido empezar de nuevo, y espero que tú también lo hagas.

Me ha tocado a mí ponerle fecha a nuestra despedida, alguno de los dos tenía que hacerlo. No miremos atrás, ya hay poco que rescatar del pasado, aceptemos la realidad y sus consecuencias con valor. Ya formamos parte del ayer.

Hoy, después de tantos años, te sigo queriendo. Pero ya no te amo.

(Última frase robada: El amar es el pasado, el querer el presente, pocas palabras para decirlo todo. Gracias E.)

lunes, 13 de junio de 2011

Insomnio


Laura defina insomnio por favor, preguntó la señora mayor con semblante serio que permanecía de pie junto a mi cama. ¿Insomnio doña Paca?, contesté yo algo asustada escondida debajo del edredón, dejando al descubierto únicamente mis ojos asustados, pueeees…emmmm, el insomnio es… ¡¿una putada?! Y en un acto reflejo su mano se levantó y un anillo de enorme piedra azul amenazó con golpear lo poco que se veía de mi diminuta cabeza. Me desperté. Contuve la respiración y tardé unos segundos en situarme, y en localizar mi cuerpo en mi cama, en mi casa y en mis sueños. Y entonces me pregunté acerca del sentido de la historia que acababa de vivir, ¿por qué soñar con el insomnio cuando por fin había conseguido conciliar el sueño? Paradojas de la vida. Ahora, ya despierta y con el segundo té del día en la mano, me pregunto de dónde ha salido la mencionada profesora Paca, pues mis recuerdos de infancia no saben nada acerca de ella (¡sabia la memoria que se queda con los recuerdos buenos!), pero he querido referirme a ella con un doña porque mi imaginación inconsciente eligió ese trato. Yo no tengo nada que ver.

Es cierto que ser insomne es un coñazo. Y puede que mi respuesta a la profe ilusoria resultara más bien grosera o antipática, pero no mentí. Y no mentir debería ser al menos un aprobado en el inocente mundo de los niños (¿a qué edad un niño deja de ser niño?). Aquéllos que no sufren por esta adicción (yo le estoy cogiendo el gustillo, por eso creo que empiezo a ser adicta), entenderán de lo que hablo. Mirar al techo, cerrar los ojos, apretar los ojos, volver a abrirlos, girarte, posturas imposibles bajo las sábanas, respirar profundo, más profundo, vaso de leche (¡mamiiiii!), luz, menos luz, música relajante, bufido, vueltas en la cama, paseíto, desesperación, ovejitas, relajación… ¿y el fin de la historia?, puede variar según el día, pero generalmente todo se reduce a sentarse en el sofá, prepararse una infusión y elegir si libro o teclado.

Hace tiempo, una persona a la que yo considero más sabia que otra cosa, me dijo que si tenía insomnio era porque tenía la conciencia intranquila, y acto seguido le dio una calada a un porro de unos tres segundos de duración, por lo que entendí que él no tendría ese problema inhalando tremendas dosis de relajante chocolate (¿se sigue llamando chocolate?, ¿o hay algo más moderno?). Y yo, que siempre pienso en todo lo que me dicen, aunque a veces parezca que no lo hago, al llegar a casa pasé un ratito pensando en su conclusión. Es decir: en mi conciencia. Indagué por los rincones de mi corazón y de mi cabeza (interesante tema este, ¿la conciencia está siempre en el mismo sitio?, ¿o cambia según el estado de ánimo?). Y cuando por fin me topé con ella he de confesar que la encontré relajadita, muy tranquila y con pocas ganas de hablarme. Y fue entonces cuando entendí que las conciencias suelen despertar al llegar la noche. Será por la oscuridad, y por la inevitable soledad del alma que llega al caer el Sol. Algo leí acerca de esto, y de hecho algo empecé a escribir, si lo encuentro lo corrijo y lo paseo por aquí (¿lo corrijo?, ¡pero bueno!, ¡qué profesional soy!).

Después de mucho indagar he descubierto que yo, personalmente, tengo la conciencia tranquila. Y mi único problema es que mi cabeza piensa mucho. Y no es que me quiera hacer la interesante ni que quiera ir de intelectual a estas alturas, ni mucho menos. Mi cabeza simplemente trabaja sin parar, generalmente piensa en la mayor estupidez que nadie se pueda imaginar, pero pensar piensa y parar no para ni un segundo. Y por algún fenómeno absurdo, que imagino que tendrá algo que ver con el silencio de la soledad de la noche, cuando llega la hora de estar a gustito en cama, con sabanitas limpias, y sueño en la mirada… ¡zas!, el contador se pone a cero, y la cabeza empieza un nuevo día. Hola insomnio. Bienvenido de nuevo.

He probado casi todo. Pastillita, infusión, lectura, respiraciones relajantes… incluso hubo una época en la que me dio por ir al gimnasio a las diez de la noche, pero no a hacer deporte, sino a tomar una sauna para salir de allí con la tensión por los suelos; y lo cierto es que llegó a resultar. Pero ahora con el veranito casi empezado, me parece una tremenda chorrada el coger el coche para irme hasta la sauna. No sé, estar pirada es una cosa, pero actuar como tal… pues no, no tiene mucho sentido.

Y después de esta breve reflexión, tras la que he conseguido quedarme igual sin encontrar una solución a mi grave problema (¿grave?); mi optimismo incansable ha decidido que soy una afortunada, pues los días para mí son más largos, y dormir al fin y al cabo es una pérdida de tiempo. Cuando mueras descansarás eternamente me grita doña Paca desde un rincón de mi memoria, pero de verdad, ¿quién ha dejado entrar a esta señora en mi cabeza?, ¿de dónde ha salido? Y gracias a mi terquedad yo sigo a lo mío, buscando truquitos para conseguir darle esquinazo al insomnio esta noche. Recuerdo ahora que un amigo me sugirió no hace mucho, que probara contando ovejitas, pensé que estaba de coña, pero sin decirle nada al llegar la noche, intentando no robarle el protagonismo a la inmortal Heidi, me dispuse a rodearme de un lindo rebaño… una ovejita, dos ovejitas, tres ovejitas… ¡coño!, el lobo…

Pues eso: sofá, infusión y libro… ¿o teclado?

miércoles, 18 de mayo de 2011

Para presumir... ¿hay que sufrir?


No sé si en estos últimos meses habré mejorado mucho físicamente. Lo que está claro es que mi inglés (importante el acento), es mucho más fluido. Mi diccionario personal ha aprendido palabras que antes ni siquiera figuraban en nuestros diccionarios del cole; spinning, streching, body pump, body combat… ¡cuánto body! Y sí, además de pronunciarlo bien, también me motivo a la hora de hablar de ello; hoy voy a body pump a las diez. Y me entrego tanto en la pronunciación, vestida con mi conjunto de colores, y con mi ipod actualizado, que voy de lo más fashion (por seguir con el idioma). Y no, nadie me mira… ¿y? No soy de las que liga en el gym, por dos razones, una: no sé ligar, y dos: no puedo hablar mientras hago deporte. Mi única ilusión: conseguir el tipito soñado, ¿tiempo necesario?: una eternidad. El verano está a la vuelta de la esquina, y el bikini espera ansioso a reencontrarse conmigo, y de repente descubro sin querer que ya son treinta y tantos y no veinte y tantos… y el café pasa a un plano desconocido, ya no existe. Ahora el té toma protagonismo, cualquier color vale; rojo, verde, blanco... Y la fruta y la verdura llenan mi nevera. Y me compro ese vestidito tan mono porque de aquí a que llegue el verano me cabrá… ¡y quiero gritar!, ¿me gusta ser mujer?, ¿seguro?... ¿a qué huelen las nubes?...



Me relajo. Respiro. Y sigo: días después de sentir todo lo arriba descrito, me relajo, quedo a cenar con mis amigas, le doy al vino sin miedo, al gin tónic con tónica (frase oída hace mucho e inevitable recordarla once in a while…¡¿qué me pasa?!, ¿pero cuánto inglés sé de repente?), y me olvido de la presión que siento cada vez que abro la maldita nevera y veo el horario del gimnasio pegado en la puerta de ese lugar a veces tan prohibido, en el que ya no hay nada rico. Todo es naranja, rojo, o verdecito… ¿dónde está la comida de verdad?, ¿adónde fue?



Inevitablemente recuerdo los días en los que Carrie me inspiró para hablar de su ciudad, y me doy cuenta de algo tremendamente sorprendente; no recuerdo a ninguna de las chicas haciendo deporte. Sí, sí, mucha ensaladita, y sushi pero… bueno, sí, una carrerita de vez en cuando por Central Park, pero claro si yo viviera al lado de Central Park… en fin, que no sé de qué hablo. He vuelto chicos. Empiezo hablando de body pump y acabo hablando de hot dogs en Central Park… bien, bien Laurita, tú a lo tuyo…



Es temprano. El despertador sonó para ir a mi clase matutina antes de ir al trabajo. Me quedé un instante tumbada en la cama preguntándome por qué me estaba haciendo esto. Llevo toda la vida haciendo deporte y nunca me había sentido tan presionada por la mujercita que me mira desde el espejo. Las mujeres tenemos muchos mundos dentro de nosotras, y depende de la edad elegimos vivir en uno o en otro. A mí este mundo que me ha tocado ahora no es que me encante. Pero saco lo positivo de ello. Aprendo inglés gratis, pienso poco (sí, sí, que el deporte es bueno para no pensar, ¿no es fantástico?), y me adapto al mundo de las nuevas tendencias. Sin hacer de ellas una forma de vida. Al menos lo intento.



De un tiempo a esta parte, he escuchado miles de conversaciones haciendo referencia a esto que cuento. Así que decido que no quiero aprender más inglés, que ya tengo muchos conjuntos para el gym, y que no me apetece estar hablando de esto cada segundo. Así que hoy me salto la clase. Me voy a poner ese pantalón que tan mal me queda y me voy a comer un pan con tomate, y jamón, y queso, y vino, y postre, y… ¡qué empacho!... ¿Carrie o Bridget?, ¿quién me inspira ahora?

Además, seamos realistas, con el añito lluvioso que llevamos, eso de que el verano está a la vuelta de la esquina es una forma de hablar, una ilusión, una utopía… pues como esto siga así, el bikini temido no ve la luz este año ni de coña…



Bueno que me despido, nada de jogging ni running, hoy una carrerita antes de la comida y punto... ¡Dios mío!, ¡¡cómo entiendo a Forrest Gump!!... ¡¡¡corre Laura, corre!!!