Persuasión es el título de la última novela que escribió Jane Austen, en ella narra la historia de una joven persuadida para alejarse del hombre que ama por distintas razones, y como el tiempo volverá a darles otra oportunidad.
A veces me preguntan por qué escribo tanto acerca de las relaciones, de las parejas o de las frustraciones emocionales. Y yo me contesto a mí misma, ¿hay algo más importante? En una ocasión alguien me dijo que no hay problemas más importantes que los del corazón, que todo lo demás puede arreglarse, pero el desconsuelo que siente un corazón roto es un dolor difícil de entender y de superar. El tiempo, siempre decimos lo mismo; el tiempo y la distancia harán que te recuperes. Es fácil decirlo, cuando no se es la persona que vigila ansiosa las manecillas de un reloj que parece haberse detenido.
Paso tiempo con mis amigas, con ellas comparto una forma de vida y eternas conversaciones que nos hacen dar vueltas a las mismas dudas una y otra vez hasta marear nuestros cerebros y confundir a nuestros corazones. Cuando cae en mis manos una novela o un relato escrito hace años, muchas veces pienso en lo mismo, las mismas historias se suceden a lo largo de los años, es otra época, diferentes prioridades, pero al final todo se resume en lo mismo: amor.
Si algo me apena es descubrir todo lo que hemos dejado en el camino, la inocencia que cada vez se pierde antes, la rápida rendición de los que aman, la falta de lealtad en uno mismo… las mujeres nos hemos empeñado en correr, hemos intentado ganar una carrera en la que no deberíamos haber participado, y muchos hombres olvidaron que el respeto a las mujeres es lo que los convierte en seres únicos.
Y siempre llego a la misma conclusión: no hay un culpable, no hay una razón por la que el final deba de ser escrito, pero lo cierto es que el final es una posibilidad que existe desde el momento en el que algo empieza.
No me gusta castigar al hombre con mis palabras, si bien es cierto que en ocasiones intento actuar como abogado del diablo, escuchando lo que muchas veces las mujeres inventamos sólo por mantener viva una ilusión que es irreal. Hablo de relaciones como tal, pues así es como se presentan en el sofá de mi casa, mientras disfrutan de mi vino y de una conversación que pocas veces nos lleva a una respuesta concreta. Las respuestas suelen ser infinitas, y elegimos aquélla que nos permita seguir creyendo en nosotros sin abandonar cualquier sueño, por imposible que parezca. El amor es amor, y es igual de irracional cuando los implicados son mujeres que aman a hombres, hombres que anhelan a su mujer, mujeres que sienten por mujeres lo que otros hombres sienten por su príncipe imposible. No importa el sexo, ni a quién elijamos para caminar a nuestra vera. Lo único importante es el amor, esa putada que a veces nos pasa y que nos hace perder la razón simplemente para hacer que nos sintamos más vivos.
A veces, al hablar, intentamos convencernos de que no todo está perdido, intentamos entender por qué a veces las personas se rinden, por qué abandonan sus valores de repente, por qué ya pocos son los que se presentan con valentía ante alguien y agotan todas las posibilidades de mantener vivo algo antes de abandonar. Puede que muchos tengan razón, cuando hablan de mí como un alma romántica, ya me encargo yo de aclarar que soy yo la que a veces siente que de haber podido elegir, habría elegido un tiempo pasado… que seguro también habría sido un tiempo de anhelos, y nostalgias, un universo de relaciones imposibles y de amores no correspondidos. Pero por alguna razón mi imaginación a veces vuela hasta aquéllos días en los que un hombre no dudaba cuando quería a una mujer, cuando no se permitía que el amor se esfumara con la misma rapidez con la que había aparecido, cuando no eran juegos ni mentiras lo que quitaban el sueño a las almas enamoradas… preguntaron a alguien el otro día acerca del secreto de llevar 65 años juntos, y contesto ella muy segura: crecimos en un tiempo en el que cuando algo no funcionaba se arreglaba, no se tiraba a la basura. Esta creo que es la mejor definición.
Siguen pasando los días, y con ellos siguen pasando las historias que me sorprenden más o menos, siguen compartiendo un vino conmigo las personas que se empeñan en no abandonar ilusiones, sigue amaneciendo cada mañana, y cada día que pasa es una oportunidad nueva. Un volver a creer…
No importa la incapacidad de aquéllos que nunca supieron amar, ni la decepción que nos regalan los que tiempo atrás defendían unos valores que dejaron de respetar repentinamente, no importa si el amor vuelve a presentarse ante nosotros para abofetearnos la cara, o si decidimos sentarnos a esperar eternamente a ése amor que se fue…
Importamos nosotros, y es en nosotros en quien debemos seguir creyendo, aunque la vida y la época en la que nos haya tocado crecer se empeñe en hacernos abandonar los valores y los principios con los que creció nuestra inocencia.
Hoy me desperté nostálgica, mañana volverá la ironía. Hay un momento y un instante para todo.